16 de octubre de 2016
16.10.2016
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Caminata de estreno hasta el Monsacro

Aplausos para las últimas excursionistas en llegar a la cima de Morcín en la jornada inaugural de la ruta: dos hermanas del país asiático de Omán

16.10.2016 | 09:16
Caminata de estreno hasta el Monsacro

Aplausos y más aplausos. Llegan a la cima del Monsacro los últimos excursionistas de los más de 300 que ayer participaron en la ruta de las Santas Reliquias: dos hermanas omanís, envueltas en un yihab. Ellas, atónitas con el recibimiento -que grabaron con sus móviles-, emplearon más de dos horas y media en subir desde Santa Eulalia hasta el monte sagrado de Morcín. "Sleep" (dormir), le decían durante el ascenso a su "compañero de fatigas", el pintor Manuel García Linares. "Lo máximo que caminamos en un día en Omán -un país del suroeste de Asia que limita con los Emiratos Árabes- fueron 5 kilómetros", afirmaron. Ayer hicieron 22, que traducido en pasos fueron 27.128. "Más que pasos, nosotros dimos traspiés", bromeó Linares junto a las jóvenes Shamsa y Fatma Al Hajri: "Es maravilloso el paisaje, el clima y, sobre todo, la gente".

El casero fue quien las animó a realizar esta senda, que recrea el traslado en el siglo IX de las Santas Reliquias desde la ermita de Santiago del Monsacro hasta la Cámara Santa de Oviedo por parte del rey Alfonso II el Casto. "Yo estudio desde hace tres semanas Ciencias Políticas en la Universidad de Oviedo y mi hermana está de visita. Queríamos salir a conocer pueblos", aclaró Fatma. Y vaya si lo hicieron. La asociación Amigos del Monsacro, integrada por medio centenar de colectivos regionales y los ayuntamientos de Oviedo, Ribera de Arriba y Morcín, se volcó en la organización de una actividad que no sólo sirvió para divulgar la belleza e historia del Monsacro, sino también para descubrir la riqueza de su entorno. Con salida a las ocho y media de la mañana de la Catedral de Oviedo, la ruta discurrió por La Manjoya, Bueño, Soto de Ribera, Santa Eulalia de Morcín, La Collaína y La Foz.

"Nuestro primer objetivo era éste: unir a los tres ayuntamientos y promocionar la ruta. El siguiente será señalizarla con la ayuda de la Federación de Montaña y las administraciones locales", comentó uno de los artífices de esta aventura, el colaborador de LA NUEVA ESPAÑA Fernando Delgado. Otra de las "almas" del proyecto es Natividad Torres, que escribió para la ocasión una pequeña obra teatral, basada en un documento del siglo XII que se conserva en el Monasterio de San Pelayo de Oviedo sobre la cesión al pueblo de unos terrenos del Monsacro por parte del rey Fernando II de León. La representación se hizo a 1.054 metros de altitud entre las ermitas de Santiago y de la Magdalena. Los componentes del grupo de teatro de Bueño y de la asociación de mujeres "So La Malena" se vistieron de época para meterse en el papel del rey Fernando, su hermana la reina Urraca y el fraile Rodericus Sebastianis.

"Esto no lo paga nadie. Que tenga el valor de subir toda esta gente hasta aquí, tocar y actuar... No tuvimos la oportunidad ni de ensayarlo en el monte, que es lo suyo, y aun así nos salió una obra muy decente", explicó Natividad Torres. "La idea es aportar algo de luz sobre la historia e impulsar la investigación en el Monsacro. Tenemos una necrópolis funeraria sin estudiar y de las dos ermitas queda mucho por saber", apuntó su compañera Ana Rúa, mientras el grupo "De palacio vengo" interpreta una pieza de música barroca. El escenario es inmejorable: el verde, las montañas, los caballos, un pequeño lago y las dos capillas. "Mire dónde está Oviedo y dónde está esto. Está al lado y nadie conoce esta joya. Su promoción es obligada", se quejaron los morciniegos Félix de Piñera y Óscar Trabanco en la cumbre del Monsacro, desde donde se ve la capital, envuelta en un espectacular paisaje natural.

Precisamente ellos fueron unos de los primeros en llegar a la cima, después de 16 kilómetros de caminata desde la Catedral. La parada en Bueño, con visita a algunos de sus 47 hórreos y paneras y tentempié a base de bollo preñao, dio un respiro a los excursionistas, que llegaron a Santa Eulalia sobre la una de la tarde. Con una manzana, un plátano y un mini pastel de chocolate en el estómago comenzaron después el ascenso al monte sagrado.

Para entonces el alcalde de Morcín, Jesús Álvarez Barbao, ya había hecho cuatro viajes en un todoterreno para llevar a los actores, el montaje, el vestuario y la comida. Tocaba ahora el quinto. Todo pendiente y por un camino empedrado. Botes y más botes. Pero al copiloto y cuidador de las ermitas de Santiago y La Magdalena, Miguel Ángel García, no parece importarle. No deja de hablar de los robos que se suceden en las capillas. García ya se plantea incluso en bajar la Virgen de la Magdalena a la ermita de San Esteban de Morcín. "La imagen ya lo robaron en los años 90 y la intentaron pasar a Francia. Pero la Guardia Civil paró a los ladrones en Llanes y éstos la quemaron. Por eso le faltan las manos y los pies", cuenta.

Ya en la cumbre, el paisaje y la paz deslumbran. "Aquí antes había una movida tremenda. Yo recuerdo de crío de ver hasta partidos de fútbol", rememora el cura José Antonio García Santa Clara, más conocido como "Santa". "Desde la cuna conviví con el Monsacro", apunta. Pero él y todos los vecinos de Morcín, que no se pierden por nada del mundo las fiestas los días 22 y 25 de julio. "Hacemos chorizo, tortilla... ¡Anda! Hasta frixuelos", dice Beatriz Campomanes, una de las excursionistas más veteranas de ayer. 76 años y "todo el tiempo en primera fila" junto a su amiga Maruja Nevado, de 57 años. "Estoy en forma, todos los días salgo a caminar", agregaba.

A la marcha se apuntaron también vecinos de otros concejos, como las avilesinas Aida Suárez, Ondina Menéndez y María Luz Díaz, tres grandes aficionadas a la montaña. Y de San Tirso del Eo vino el presidente de su asociación cultural, Ángel Prieto, para apoyar la iniciativa. "El Monsacro es patrimonio de todos los asturianos y tenemos que unirnos para promocionarlo", dijo. En la ruta de los veinte mil pasos también hubo representación perruna: la pequeña "Triska", del mierense Bartolomé Fernández, que seguramente dejase en el camino el doble de huellas.

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