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Concejo de Bildeo
Crónicas del municipio imposible 

El culebrón

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El culebrón
El culebrón 

De nuestro corresponsal,
Falcatrúas

Frente al pueblo de Bildeo se encuentra La Mueta, un paraje en la ladera del monte donde la pendiente del camino descansa en un terreno más favorable; por allí abunda el brezo, de cuya raíz se obtiene el carbón vegetal para la fragua. Pepe el Ferreiro y su yerno Braulio trabajaban en ello cuando se dejó caer por allí Julio el Carcamal, de casa del Carcamal, de Bildeo de toda la vida.
-¡Vaya trabajo fino de oficina que tenéis!
-Hombre, Julio, cómo tú por aquí.
-Ando detrás de las vacas; daivos cuenta de lo desgraciao que soy, cuánto mejor andaría detrás de una mujer o por lo menos detrás de Francisco el Taberneiro, pa cortejalo y conseguir un buen trago de vino.
-Ahí tienes la bota, mira a ver si te dice algo.
En la maniobra de llegar hasta la bota del vino, colgada de un piorno, y volver, Julio empezó a contarles una película:
-El otro día, en Las Pontes, cerca del río, llevé el mayor susto de mi vida: había una culuebra enroscada encima de una llábana a la orilla del camín; al acercame a ella empezó a desenroscase y a estirase hasta que se hizo casi tan larga como esta cayada, y gorda como la madre que la parió.
-Daríate un buen susto.
-Sí, coño, respigueme todo, a mí las culuebras siempre me dieron mucho repelús. Ya sabéis que venía una todos los días a mamar de una vaca de casa.
-Eso soñástelo, Julio.
-Yo nunca lo vi, pero tiénmelo contao mio padre, que las culuebras maman tan suave que las vacas no se enteran y, si avezan, acaban haciendo el nido en una pared de la cuadra. Pues aquella vaca de nueso, la «Marinera», prefería dar de mamar a la culuebra que al xatín que acababa de parir, porque los xatinos mancan a las madres al dar esos focicazos en la ubre pa que baje la leche.
Viéndolo agarrar la bota y exprimirla, Pepe pensó que también Julio tenía un mamar suave pero efectivo; el recién llegado sacudió un trago laaaaargo a la bota, chasqueó la lengua, limpiose los morros con el dorso de la mano y alabó el caldo.
-¡Coño, qué buen vino hace esta bota!
-Sí -confirmó Pepe-, metes en ella vino corriente de León y sale un gran reserva de La Rioja; mira que se lo digo siempre aquí al mi yerno y no me cree. Es un hombre de poca fe.
Braulio seguía a lo suyo, trabajando; Julio no tenía prisa y Pepe aguantaba las ganas que tenía de arrancar cepa, así que pasaron un buen rato hablando de esto y lo otro. De vez en cuando el visitante echaba mano de la bota, hacía un solo de clarinete y continuaba hablando.
-Volviendo al asunto de la culuebra, cuando empezó a movese por el camín pa escapar, dime cuenta de lo grande que era, bastante más larga que esta cayada.
Braulio, mientras descargaba la peta con fuerza en la tierra para arrancar raíces, tomaba nota mentalmente de las dimensiones de la dichosa culebra, que aumentaba de calibre a medida que Julio dejaba seca la bota.
-Y todavía no os conté lo mejor: cuando quiso escapar, acerté a darle con la cayada en medio del cuerpo, teníalo hinchao de haber comido algo y le abrí un boquete. ¿A que no sabéis lo que le salió de la barriga?
-Yo qué sé -dijo Pepe-, un ratón, un topo…
-¡Una trucha de campeonato, de un cuarto kilo por lo menos! ¡Selo bien yo, que tengo pescao alguna así!
-Julio, ésa ye muy gorda.
-¡Como os lo cuento! ¡Júrolo por lo más sagrao!
-No jures tanto, que eres pescador, y los pescadores y cazadores no profesáis una. Todavía me acuerdo de aquella milonga que me contaste: que estabas pescando una trucha en el Lago del Valle, en Somiedo, y te picó una trucha grande como una zapatilla; cuando estabas sacándola para la orilla, viste venir otra detrás mucho mayor, como un carro del país, con la boca abierta, que acabó por merendarse la que llevabas enganchada, así que acabaste por pescar dos truchas con la misma picada.
-¡Todavía te acuerdas de aquella historia!
-¡Cómo se me va a olvidar, si fue la trola más grande que oí en toda mi vida!
-¡Pues fue verdad!
-¡Anda ya, hombre!
-Pesó cerca de seis kilos la trucha en cuestión.
Un buen rato más tarde, la bota dio su última gota y quedó exhausta, mientras Julio seguía dando detalles de la culebra, que a la hora de dejar a los carboneros rebasaba ampliamente los dos metros, en pleno ascenso a boa anaconda.
Seguiremos informando.

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