19 de noviembre de 2016

Safya y su gran corazón

Desiré Artidiello lucha para comprar un desfibrilador portátil y para que todos los colegios también tengan una máquina que puede salvar la vida a su hija de 5 años

19.11.2016 | 06:25
Desiré Artidiello arropa a sus hijas Safya y Yasmín Quih en el atrio del colegio San Nicolás.

Safya Quih Artidiello se murió por primera vez en la mesa de operaciones. Tenía sólo dos meses. Ahora tiene cinco años y una sonrisa tan gigante como su propio corazón, aunque necesita la seguridad vital que podría darle un desfibrilador. "Los cardiólogos me han dicho que ahora empiezan los cambios en su cuerpo", subraya su madre Desiré Artidiello. "El peligro está al despertar, al hacer algunos deportes. No puede nadar, está absolutamente contraindicado. Los estímulos auditivos también le pueden afectar. Y los cambios emocionales. Cuando tiene una perreta tiemblo", comenta Artidiello. Todo esto se soluciona con el desfibrilador.

"No hay subvenciones, no hay nada... Y cuesta muy caro. Entre 1.600 o 1.800 euros. Y la niña necesita dos: el de casa y el del colegio. Las campanas del recreo, los niños corriendo...", explica Artidiello mientras observa cómo Safya y su hermana Yasmín corretean por el bar en el que atiende a este periódico.

Lo que tiene Safya Quih es una enfermedad rara: síndrome de QT Largo. "Lo que le pasa es que su corazón no trabaja como tiene que hacerlo. Se la diagnosticaron a los dos meses. Rechazaba cualquier alimento. Le hicieron una biopsia y en la mesa tuvo dos episodios de muerte súbita", recuerda la madre con un nudo en la garganta. Entonces vivía en Holanda. "Las dos niñas nacieron en Oviedo, pero al poco regresamos a Holanda. Allí es donde pasó lo primero", cuenta Artidiello. Safya, entonces, le pide que le abra la bolsita de la galleta del café. Que tiene hambre. "En un rato merendamos", le dice la madre.

La enfermedad de Safya es hereditaria. "La tengo yo, pero a mí me instalaron un desfibrilador automático cuando tenía 18 años. Ella es muy niña y hasta que no tenga 14 o 15 no pueden instalárselo", cuenta Desiré Artidiello. Yasmín, la hermana de Safya, no tiene la enfermedad. "Ella es la que está malita", le explica al fotógrafo.

Ha fundado la Asociación Española de Desfibriladores Ydai. "Todos los colegios deberían tenerlo. Los profesores del San Nicolás ya hicieron el curso de reanimación y me están ayudando mucho", cuenta. Ha empezado a recoger dinero en huchas y venderá pulseras solidarias en establecimientos de Avilés. La cuenta bancaria para colaborar con su causa es ES44 20480005593404005251.

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