02 de abril de 2018
02.04.2018

Sin billetes para las habaneras

Más de un millar de personas participan en un encuentro melódico que reúne a 120 coralistas en la Casa de Cultura en su primera jornada

02.04.2018 | 03:35
Sobre estas líneas, el Orfeón de Torrevieja "Costa Blanca" interpretando una canción de Gonzalo Casielles. A la izquierda, parte de los espectadores del Encuentro de Habaneras y, debajo, Bras Rodrigo a pleno pulmón.

Lo que se siente en Avilés por las habaneras es pasión: más de un millar de personas agotó las localidades para un encuentro coral que va camino de convertirse en tan tradicional como las propias fiestas del Bollo. Y es que las cifras asustan: ayer, durante algo más de dos horas, 120 cantantes interpretaron sobre las tablas del auditorio de la Casa de Cultura 20 habaneras diferentes para 667 personas. Y fueron exactamente esas porque hacía tiempo que es imposible hacerse con una entrada para escuchar a lo mejor de lo mejor de un género masivo. Y todo esto se repetirá esta noche (20.00 horas): tampoco hay entradas. Las habaneras, superstar.

Los primeros en salir a la palestra fue la veintena de músicos que conforman el Orfeón de Torrevieja. Lo hizo cantando "Rosina", que es una pieza del compositor de habaneras más aplaudido de Avilés: Gonzalo Casielles. Los alicantinos se mostraron gentiles y el público correspondió sus atenciones. Tenía que haber abierto juego la Agrupación Piloñesa, pero la organización la ha dejado para esta tarde. Los alicantinos fueron introducidos por el periodista Nacho Poncela.

Las reglas del encuentro las presentó con claridad: cuatro coros, cinco piezas cada uno; todos con la vista puesta al otro lado del Atlántico, que las raíces cubanas de Avilés son más que profundas, que así lo demostraron los espectadores del encuentro: mayores de cincuenta con los oídos puestos en este lado del oceáno y también en el otro, que el telón de fondo del escenario fue una pancarta que recuerda palmeras tropicales y un velero accediendo a un puerto caribeño.

El más de un centenar de coralistas que participó ayer en la celebración se repartió entre Avilés y Perlora, lo explicó José Manuel San Emeterio, el director de la agrupación polifónica Centro Asturiano de Avilés, la entidad promotora del encuentro. "Comieron todos juntos en el Casino de Avilés", añadió César Coto, el organizador del festival, que una cosa como esta no se hace sola. Para esta tarde queda la segunda parte: la Agrupación Piloñesa, Amigos de Miranda, el Orfeón de Mieres y los anfitriones. Después habrá una cena y en ella será reconocido el trabajo llevado a cabo por el exconcejal de Cultura Román Antonio Álvarez por la difusión del encuentro musical de las dos orillas.

A la vez que en la Casa de Cultura sonaban los ritmos americanos de Mairu, Bohemios o el Laureado Coro Santiaguín, la plaza del Parche era una fiesta de tonada y monólogos, todos encabezados por Anabel Santiago, Alicia Villanueva y Celestino Rozada Tamés y acompañados por el gaitero Valentín Fuente y el monologuista Nel del Solo. O sea, música de raíz para abrir apetito para el concierto de presentación del tercer disco en solitario de Bras Rodrigo, el director de la Banda de Gaitas de Corvera, el hombre que llevó Asturias a las calles más importantes de Nueva York y se trajo de allí parte de su última publicación.

Lo explicó el propio gaitero minutos antes de salir a escena: "El disco sale de dos cosas: del recibimiento que nos dieron los irlandeses que organizan el desfile de San Patricio. Pensaban que de España iba a ir una banda sevillana y fliparon cuando nos encontraron a nosotros, que tenemos raíces tan celtas como las suyas", explicó. Aquello sucedió en 2005, desde entonces, Asturias suena tanto en la Gran Manzana como para que haya salido de ahí "A pause in New York", lo último de Rodrigo, que completó la explicación diciendo: "Ellos me contaron la historia de los indios a los que los holandeses aniquilaron después de comprar la isla por 24 dólares. Por eso hay voces indias en mi disco", explicó. Y sonaron muy bien en el comienzo de la noche, al final de la primera etapa de una fiestas locales enganchadas en las dos orillas atlánticas.

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