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Blog A mi ritmo - Miguel Angel Martin

Miguel Angel Martin

Describirme me cuesta tanto como estornudar con los ojos abiertos. Trabajo en una editorial de libros de inglés. Actor frustrado, me consuelo con obras de aficionado y con mi familia.

Sobre este blog de Cultura

Escucho música para entender el mundo. Como no sé tocar ningún instrumento, cuento lo que escuchar música es para mi, nada más y nada menos. Digamos que son recuerdos y opiniones con banda sonora.


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  • 29
    Mayo
    2017

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    Cultura Oviedo grunge Chris Cornell Cobain Pearl Jam Sub pop

    La basura que brilló

    Patrocinio va a cumplir 83 años en noviembre. Me lo contó desde su cama de hospital convencido de que, a pesar de todos sus achaques y enfermedades, que le obligan a pasar una semana al mes en el hospital, va a llegar ese día y que lo celebrará en la casita que tiene en un pueblo de Cuenca, con los cuatro hijos que dijo tuvo que criar “con mucha dificultad” y de los que hablaba llenándose la boca. En su vida ha sufrido lo que no puedo imaginar y aún así, antes de que me llevasen a hacerme un arreglo sin mayor importancia al quirófano, el hombre me extendió la mano y me dijo con la mirada fija y sincera: “suerte amigo, que todo le vaya muy bien”. Apenas le conocía hacía una hora.

    La vida pasa y sé que es un topicazo, pero no eres consciente de ello hasta que algo te toca el hombro, despierta esa voz interior y te pregunta punzante ¿Y tú que has hecho? Dejé a Patrocinio al día siguiente en la habitación que compartimos, sabiendo que no le vería más. Pero no estaba solo. Se quedaba con sus 82 años de logros y recuerdos y con el deseo firme de celebrar sus 83 con los suyos.

    Otros tienen la suerte de que hay muchos interesados en sus logros, pero no pueden contar sus años. Se quedan con su gloria cumpliendo el absurdo rocanrolero que dicta que "vivas rápido, mueras joven y dejes un cadáver bonito". ¿Te das cuenta que uno de esos a los que admirábamos ha tirado la toalla? Chris Cornell ya puede decir que ha cumplido. Apareció ahorcado en una habitación de hotel de Detroit después de haber tocado con su banda de toda la vida Soundgarden. Decían las crónicas del día siguiente, que su agente y esposa aún no se lo explicaban. Parece ser que tomaba una medicación con fuertes efectos secundarios entre los que se cuentan las ganas de hacerte pupa. Tenía 52 años, una voz fabulosa y el talento para crear himnos, de eso que se acabó llamando grunge. Si eres lo suficientemente morboso no te costará encontrar videos de su último concierto. Yo prefiero recordar todo lo que aprendí y como mis gustos musicales cambiaron de medio a medio con su música y con la de tantos otros que se formaron en el estado de Washington a finales de los 80.

    Nada volvió a ser lo mismo en mi vida desde que mis padres hicieron el esfuerzo de costearme los estudios en Madrid. Ese regalo yo lo pagué desbocándome cual cabra sin correa que me atase. La actitud era todo y verme entre estudiantes de mi edad, de toda condición y procedencia, cargados de hormonas y con ganas de pasarlo bien, era pisar el cielo. Todo era nuevo y descontrolado, pero a pesar de estar perdido, no me porté tan mal, ni hice la mitad de locuras que muchos de los que hablo aquí.

    Estudié lo justo para obtener el título, pero aprendí lo que no estaba en los escritos. Entre todo aquello, un mundo musical que cambiaba de habitación en habitación del Colegio Mayor en el que estuve los años de universidad. Lo mismo te encontrabas con locos por Perales, que metaleros vestidos de Ralph Lauren y mocasines. Las orejas me ardían. Escuchaba y grababa de todo. Y en el medio de todo aquello, volví por algún puente de vacaciones a casa de mis padres. Me quedaba por las noches dormitando en el sofá con la MTV puesta. Esta cadena musical lo era todo entonces, emitía por las noches un loop de canciones que se repetía cada hora. Recuerdo despertarme varias veces una noche del 91 y ver a un señor mayor sacudiendo una fregona con un ruido distorsionado de guitarras fortísimo y una multitud melenuda, pero no heavies, bailando, más bien golpeándose unos contra otros, envueltos en una luz amarillenta, mortecina y polvorienta, mientras un rubio con melena tipo Juana de Arco gritaba hasta batirse las amígdalas a punto de nieve.

    Y resultó que el chillón zurdo de aquel gimnasio lo cambió todo. Kurt Cobain tuvo que vivir de prestado en casa de su colega Krist Novoselic que acabó siendo el bajista de Nirvana. Los padres de Cobain se separaron y quien que de cuando en cuando se pudo encargar de él fue su abuelo. Pasó de vivir tirado sin tener dónde caerse muerto, a punto de aceptar un trabajo como limpiador de labavos públicos, a revolucionar el punk y el hardcore, con sus canciones melancólicas y escapisas que no eran más que el resultado de su infancia y de una adolescencia para olvidar.

    Kurt se juntaba para ver tocar a otros colegas en bares. Lo que se llamó la escena de Seattle no eran más que grupos de músicos que se iban a ver unos a otros y que formaban bandas nuevas al final de cada concierto. Se conocían todos y en un lugar donde lo más interesante que puedes hacer es resguardarte de la lluvia, bebiendo y fumando, parece que la música más cañera encontró un nido acolchado para criar polluelos enchufados a una guitarra distorsionada.

    Sus influencias, entre otros: Black Sabath, Sonic Youth, Black Flag, Stooges, PixiesLed Zeppelin, es decir el rock proto heavy, punk y rock alternativo de los 70 y primeros 80. Pero hay dos bandas locales que todos parecen nombrar como germen de todo esto, The Melvins (aún en activo) y Green River que acabó siendo el crisol de otras tres bandas, sin las que todo lo que pasó en el siguiente lustro costaría entenderlo.

    Green River junto a Melvins, Malfunkshun, Soundgarden, U-Men y Skin Yard grabaron un recopilatorio en el 86 que se llamó Deep Six” Una mezcla de hardcore, punk y heavy que escuchada hoy, parece ingenua, pero si tenemos en cuenta que la media de edad de los que tocaba era de 18-20 años, ojito lo que se sacaron de la manga este grupo de amigotes, que venían en muchos casos de familias desestructuradas, como era el caso de Chris Cornell, lo que le llevó en su caso al alcohol y las drogas desde los 13 años.

    De estos grupos y volviendo a lo endogámico del asunto nos centramos en Green River. Formado por gente que ya tenía conexiones con Malfunkshun acabó dando músicos a Mudhoney y a una banda que parecían escapados de las bambalinas de un grupo de Glam Rock, Mother Love Bone.

    Otra historia de aupa la de estos "jeviorros" vieja escuela, cuando sabes que su cantante Andy Wood murió por sobredosis en el 90. Un tipo muy conocido en los clubs de Seattle por su pose de rockero superstar setentero. Presumía de ponerse la ropa interior de su madre y no tenía reparo en contarlo cuando todavía iba al colegio (y no se llevaba collejas en el patio).

    Si te has quedado con la cara de alguno de ellos, verás que el guitarra y el bajo, muerto el cantante, no dedican mucho tiempo a llorar su pérdida. Oyeron hablar de un surfero de San Diego que escribía canciones y le pidieron que se fuera a pasar frio con ellos. El muchacho era Eddie Vedder y la banda que formaron Pearl Jam. Una de mis grandes sin duda alguna. Pero es que también Eddie fue vecino de Chris y formaron otra banda paralela que se llamaba Temple of the Dog, demostrando que ver llover y tomarse una cervezas, puede hacer que compongas cosas tan bonitas como esta.

    Todas estas historias cruzadas y el sonido de docenas de grupos, se aglutinó gracias a un sello que marcó un antes y después, como pudo hacerlo en su día otros en su género como la Motown o la Hit Factory. El sello SUB POP lo fundó un músico frustrado Jonathan Poneman y un "vendemotos" Bruce Pavitt, que además de cabrear a mucha gente, tuvieron el mérito de haber visto el talento de Jack Endino como productor. A Jack le acabaron llamando el padrino del grunge y curiosamente, tocó con Skin Yard en el recopilatorio Deep Six del que te hablaba antes y fue él mismo quien produjo el álbum "Bleach" de Nirvana que grabaron en cosa de una horas, gracias a que era amigo del cantante de los Melvins. Endrino decía de Cobain que llegaría lejos porque “ese chico sabe gritar”. Damos fé.

    SUB POP supo ver el nicho de mercado en grabar bandas locales que no tenía un chavo para pagarse un disco. Su fórmula de envío de singles a subscriptores funcionó y supieron exportar su marca, el buen rollo de la ciudad y el fenómeno en sí. Al final bajo el nombre grunge, que no deja de ser un nombre más que se le da a la basura, surgió un monstruo mediático bien alimentado por estos dos aguilillas, que muchos de estos chavales no supo asimilar. Kurt acabó con todo y con el grunge como se conocida, cuando apareció con un tiro en la cabeza en su casa de Aberdeen en el 94. Ahora hay toda una teoría que defiende que la investigación de su muerte fue desastrosa y que puede que no fuese un suicidio. Basándose, entre otras cosas, que la dosis de heroina que se metió incapacitaría para moverse a un elefante africano y que su carta de despedida está llena de inconsistencias caligráficas. Esas conclusiones y otras teorías apuntan y acusan a su viuda Courtney Love, que presentaba con su banda Hole nuevo disco "Live through this" sólo días después de la muerte de su marido. Premonitorio el títulito.

    Vivieron un sin sentido. Todo pasó de ser un grupo de colegas que se reunían a hacer y tocar canciones en garajes o en bares para 50 personas, a convertirse en una máquina de hacer pasta. Hasta las camisas de franela y las botas de caña alta que compraban por dos perras para evitar el frío llegaron a ser "superdemodaquetecagas" en Vogue. De golpe y porrazo, chavales con baja autoestima, que no sabían qué hacer con su vida, estaban de gira mundial, tocando frente a miles de fans en estadios repletos y acosados por la prensa. No hay duda de por qué algunos acabaron por sucumbir a la presión de la industria discográfica.

    Pearl Jam vio las fauces al bicho y decidieron que ellos eran músicos, no carnaza para las revistas. Se retiraron de los focos y se centraron en hacer música. Y vaya si lo han hecho.

    Pero también es cierto que cómo no vas a sentirse un semidios, cuando escribes algo, sales a cantarlo ante un auditorio entregado, que se abarrota allí donde anuncias un concierto y te calla para cantar tu canción.

    Si lo que querías era un resumen que te diera para hablar con tus colegas mientras tomas algo en un bar, no olvidemos al cuarto mosquetero. El que se llevaba todos los palos en las entregas de premios, que copaban los otros tres grandes. Mientras Nirvana lo era todo, Soundgarden y Pearl Jam eran brillantes contendientes a la corona del grunge, había una banda que siempre estaba presente, que también vendía millones, pero que se quedaba mirando cuando los otros tres recogían los premios en las galas MTV o Grammy. Alice in Chains. Estos tampoco eran mancos haciendo canciones memorables. Su cantante Layne Staley, otro niño con infancia complicada y un padre amigo de negocios turbios, tuvo que dejar la banda por su adicción a las drogas, años antes de que le encontrasen en su apartamento en el 2002 en estado de descomposición. Llevaba varios días muerto, efectivamente lo has adivinado, también por una sobredosis.

    Se fue Chris y nos dejó con las ganas de volver a disfrutar de Soundgarden. Grabó con ellos en el 87 su primer EP. Fue el primer grupo que firmó contrato con una gran compañía de discos. Se separaron en el 97 y eso lo aprovechó hasta para hacer canciones de películas de James Bond. Grabó en solitario y también formó otra superbanda, Audioslave, junto a los que quedaron tras la marcha del cantante de Rage Against the Machine. Volvió a juntarse son Soundgarden en el 2010 y planeaban grabar de nuevo, pero esta es otra historia, para otro día. Aunque me quedo con "Spoonman" que me parece un temazo incontestable, sé que querías el "Black Hole Sun". Te confieso que fue de esas canciones que acabé rechazando porque estaba en todas partes. Aún así sea. Descanse en paz.

    Así es la música, unas veces te acuna y otras te muestra la cara de la Parca.

    Otro día más música, … pero a mi ritmo.

     

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