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Blog A mi ritmo - Miguel Martin

Miguel Martin

Describirme me cuesta tanto como estornudar con los ojos abiertos. Trabajo en una editorial de libros de inglés. Actor frustrado, me consuelo con obras de aficionado y queriendo a mi familia.

Sobre este blog de Cultura

Escucho música para entender el mundo. Como no sé tocar ningún instrumento, cuento lo que escuchar música es para mi, nada más y nada menos. Digamos que son recuerdos y opiniones con banda sonora.


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  • 13
    Mayo
    2017

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    Cultura Oviedo premios Princesa de Asturias Les Luthiers

    Risa vs vida: interacción y propuesta.

    Mira tú por dónde, tengo la suerte de haberme casado con alguien que entre sus virtudes, está la de enterarse de todo y además sabe cómo compartir lo que encuentra, ya sean recetas de longevidad, cómo hacer que un ficus prospere o por qué el Moisés de Miguel Ángel mira donde mira en la capilla que está a las afueras de Roma. Aunque parezca caótico, es ese caos es el que lo convierte en realmente enriquecedor. Gracias a esos artículos que aparecen por arte de magia en mi mesilla de noche, tengo pautas para qué hacer en caso de insomnio, o decálogos para entender porqué un hijo se comporta en la adolescencia cómo se comporta. Aunque en ese tema, ya puede haber literatura, que sigo sin cogerle el truco. Nadie es perfecto.

    Así es, nadie es perfecto. Pero aaaaaaaamigo, sí que hay momentos perfectos que aparecen entre esas noticias y enlaces que me manda mi santa. Les Luthiers  volvían a darme una alegría. Estos Ilustres Señores, título otorgado a los componentes cuando se les concedió la Orden de Isabel la Católica, han ganado premios y menciones de todo tipo, merecidísimos y me atrevo a decir que me parecen pocos. Si no tienen calle, deberían tenerla, si no tienen plaza, deberían tenerla. Ahora el mejor grupo cómico musical que jamás ha existido en este lado del universo conocido, tiene que hacer más hueco en la estantería para poner el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Olé, olé y olé.

    Los conocí, como tantas otras cosas, cuando estudié la carrera en Madrid. En el Colegio Mayor donde me hospedaba se montó una logística de padre y muy señor mio para organizar la cola y conseguir entradas. Estrenaban espectáculo en un teatro de la zona de Goya. Un grupo de compañeros esperó imsonme la noche anterior a la apertura de la taquilla. No había Internet que valiese para comprarlas por adelantado, ni teléfono donde hacer reservas. Te comías la cola, o no veías a aquellos dioses del humor que yo desconocía. Los intentos por colarse se pagaban con el linchamiento verbal y menciones a tus siete padres. Sólo mi insultante juventud me permitió resistir los apretones cuando se abrió la ventanita y empezaron a despachar. Diez entradas por persona. Me tocó unirme dar relevo en la cola a las 8:30 de la mañana y por fin conseguí mis 10 entradas. Me sentí triunfante. Iba a ver a aquellos tipos de smoking de los que todo el mundo hablaba maravillas y de quien no sabía nada, pero nada de nada.

    Hay días que te regalan una tarta y te pones contento. Hay otros que te guiña un ojo la muchacha que te hacen tilín y te pones contento y hay otros, en los que estás al borde de la tormenta endocrina del gusto que sientes al experimentar algo nuevo. Fuera de las obviedades y placeres que te proporciona el bajo vientre, eso fue lo que me pasó cuando llegué al teatro con mi entrada peleada en aquella cola meses antes y salieron Les Luthiers. Si te digo que el primer número lo vi tapándome la boca para que no se me desencajase la mandíbula de la risa sería poco. Del resto del espectáculo no me acuerdo. Estuve doblado riéndome como no recuerdo haberlo hecho jamás. ¿Qué era aquello?

    Tenía en aquel escenario auténticos malabaristas del lenguaje con una capacidad mímica extraordinaria. Sobre todos ellos, al menos para mi gusto Daniel Rabinovich (descanse en paz, porque riéndose seguro que ya lo está haciendo), dando el contrapunto perfecto, de tipo inocente e ignorante a Marcos Mundstock, el hombre que tiene no una voz, sino la voz. Con ella llena todo cuando presenta cualquiera de sus números, en los que se interpretan supuestas obras de Johann Sebastian Mastropiero, el peor compositor de la historia según ellos. Ese músico imaginario, tuvo una existencia que ya la quisiera de argumento una película de indios y vaqueros en Zanzibar, ahora es conocida mundialmente desde que estos locos maravillosos lo utilizaron como hilo conductor en sus espectáculos.

    Volviendo a la voz de Marcos Mundstock, te contaré como anécdota, que llegué a atreverme a hacer este monólogo celebérrimo en el que Oblongo Mghe tuvo que huir de su aldea por culpa de la escasez de rinocerontes. Menos mal que fue frente a una audiencia cautiva, en un Colegio Mayor donde todos éramos conocidos. Digo menos mal, porque como suele pasar con los genios, imitar es un intento, mejorar imposible.

    La mecánica de su humor es repetida y aún así sorprendente cada vez. Después de un texto con todo tipo de requiebros, en los que demuestran con una sencillez genial los brincos que se pueden dar con palabras y cómo se converten en hilarantes sin que te des cuenta, viene un número musical, igual de bueno o mejor que la introducción. Suelen ser equívocos perfectamente hilados que provocan situaciones disparatadas. Son un milagro de la continuidad escénica. Sus espectáculos no tienen valles. Puede que alguno de sus números te gusten más que otros, para gustos colores por supuesto, pero ser capaz de aguantar semejante nivel cómico durante dos horas de espectáculo ¿cómo se hace? Sus guiones vienen de muchas ideas que ha parido como buen redactor publicitario que es Mundstock. Según ellos mismos el resto siempre aporta en la parte musical, ya que Marcos es el único integrante que no es músico. Rabinovich tenía libertad para divagar hasta el histerismo. El resto no son secundaríos, puede que tengan una presencia más callada, pero fundamental en cualquier caso. Si falta uno, el número se caería sin remedio.

    Además de porque son casi 50 años de historia de humor perfecto, Les Luthiers son dignos de ver. Las emociones que vas a vivir son comparables a las de un concierto de tus artistas favoritos. La diferencia es que en este, vas a salir como si hubieses asistido a una sesión intensísima de risoterápia y musicoterapia dentro de una lavadora industrial y con dolor de barriga del despiporre que pasas. Risa y música. Música y risa, ¡Qué más se puede pedir!

    Aunque también te digo que es de los pocos shows escénicos que aguantan ser grabados con cámaras y no pierden chispa. Pero verles en vivo es casi un deber, más ahora que estás a tiempo de tener en escena a Carlos Nuñez Cortés antes de que se retire. Fue uno de los fundadores junto a otros miembro de I Musicisti, que al disgregarse formaron Les Luthiers a finales de los 60. Carlos Nuñez es químico, ahí es nada, y según cuenta el muchacho, ya era músico al nacer. Con 4 ó 5 cinco años, se plantó delante de un piano y se puso a tocar, así sin más. Cuando se retire en septiembre, será el fin de otra era del grupo que ha vivido varias formaciones y que ha sobrevivido a bajas por diferencias y a defunciones.

    Les Luthiers es el nombre que se le da a los que contruyen y arreglan instrumentos. De estos han hecho docenas, que han bautizado en conjunto como instrumentos informales. Puedes encontrar de todo. Una máquina de escribir que era del despacho del padre de Rabinovich a la que añadieron unos tubos y la llamaron "dactilófono". Una especie de tuba enorme hecha con tubos de cartón y ruedas, parecido a los que tocan los aborígenes australianos, pero que tiene un mecanismo como los trombones, la "Bass-pipe a vara". Chelos hechos con latas de pintura. Violines con latas de jamón cocido. Trompetas que son embudos de plástico que toman el aire de una cámara de rueda de camión. Hasta una bicicleta que hay que montar para que suene. Puro genio y parte fundamental de lo que los ha hecho lo que son. Imprescindibles. Imitados por muchos, superados por nadie.

    Y no me olvido de los otros dos miembros(hubo y hay más) de largo trayecto en el grupo Carlos López Puccio y Jorge Maronna. El primero es director de orquesta titulado, dirige un coro, toca todo tipo de instrumentos de cuerda y es profesor de universidad. Un cerebrito. Al igual que Maronna, que es multiinstrumentista, compositor y arreglista de muchas de las piezas que tocan.

    Genios todos. Hubiese querido que fuesen mis tios, o mis primos carnales, o mis supercolegas para tener la oportunidad de disfrutar de tanto ingenio cerca. Os admiro todo y más. Por eso voy a compartir contigo uno de esos whatsapp que te llegan y que curiosamente son 25 frases de Les Luthiers. Impagables. Pero antes veamos el sueño de muchos cómicos, poder compartir escenario con ellos. Suertudos los de El Tricicle.

    1. No te metas en el mundo de las drogas. Ya somos muchos y hay muy poca.

    2. Todo tiempo pasado fue anterior.

    3.Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria.

    4.El que nace pobre y feo tiene grandes posibilidades de que al crecerse le desarrollen ambas condiciones.

    5. Los honestos son inadaptados sociales.

    6. Pez que lucha contra la corriente muere electrocutado

    7. Lo importante no es ganar, sino hacer perder al otro.

    8. No soy un completo inútil. Por lo menos sirvo de mal ejemplo.

    9. Errar es humano, pero echarle la culpa a otro es más humano todavía.

    10. El dinero no hace la felicidad, la compra hecha.

    11. La pereza es la madre de todos los vicios, y como madre hay que respetarla.

    12. Lo importante es el dinero, la salud va y viene.

    13. Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas: tire y empuje.

    14. Lo malo de ser una esquimala es que pasas una noche con tu novio y al día siguiente te levantas embarazada de seis meses.

    15. Dime con quién andas y te diré si voy contigo.

    16. El instructor de la escuela de kamikazes les dijo a los alumnos: presten atención porque solo voy a hacerlo una vez.

    17. Todo es relativo. El tiempo que dura un minuto depende del lado de la puerta del baño que te encuentres.

    18. Evite accidentes. Hágalo a propósito.

    19. Toda cuestión tiene dos puntos de vista: el equivocado y el nuestro.

    20. La verdad no es lo que importa, sino tener razón.

    21. El que es capaz de sonreír cuando todo le está saliendo mal es porque ya tiene pensado a quién echarle la culpa.

    22. Si no puedes convencerlos, confúndelos.

    23. El ego es ese pequeño argentino que todos llevamos adentro.

    24. Si su hijo llora dele leche de tarro, y si sigue llorando dele con el tarro.

    25 ¿Qué es más feo que encontrar un gusano en una manzana? ¡Encontrar medio gusano!

    Así es la música, en este caso desternillante.

    Otro día más música, … pero a mi ritmo.

     

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