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Sobre este blog de Cultura

Crítica de arte


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  • 19
    Octubre
    2014

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    El paso del trapero. Vacas,focas y Eugenia

    Hay que reconocer que “Cow Parade” suena bien, pero en realidad se trata de una exhibición internacional pública de esculturas de vacas decoradas por artistas aficionados de las diferentes ciudades que recorre el evento. En Madrid tuvo lugar en 2009, pero previamente estuvo en Bilbao, Salamanca, Vigo y Barcelona. A los políticos les encantan estas propuestas, aunque no responden a la más mínima calidad estética y se engañe a quienes piensan que se encuentra ante obras de arte, cuando en realidad esconden una profunda desnudez cultural. En esta clase de acontecimientos públicos nunca se informa de los costes pero todos se muestran satisfechos de llevar el “arte” a la calle, como si los espacios públicos perteneciesen a los alcaldes y concejales de turno, pudiendo hacer y deshacer a su antojo.

    A Avilés nunca llegaron, por suerte, las vacas pero en el 2010 se llenaron las calles, plazas, parques y jardines de focas en recuerdo de aquella otra que se perdió en la ría avilesina el 5 de Diciembre de 1951, convirtiéndose en un acontecimiento y cuyo recuerdo pervive, en el Parque del Muelle, en forma de escultura, obra de Joaquín Muñiz Lorenzo, sin ningún valor artístico. Pero casi sesenta años después de aquel hecho que conmocionó a la abúlica sociedad de la época, una avalancha de focas, permitió que los artistas locales dieran rienda suelta a su creatividad. En todo caso, las focas parecían más “guais” que las vacas y poseían un aire infantiloide que invitaba a abrazarlas. Se calificó, a lo que se podría denominar “Seal Parade”, de proyecto artístico singular e, incluso, recorrió alguna feria de arte, antes de que la mayoría de las piezas terminaran dañadas, arrinconados u olvidadas en los patios de los colegios.

    Y, en esta misma línea, con motivo del cuarto centenario del nacimiento de Carreño Miranda se cuelga en las fachadas de edificios públicos, de verjas y paredes del centro de Avilés a Eugenia Martínez Vallejo, 'La Monstrua', que el pintor de la Corte retrató, hacia 1680, cuando la niña tenía seis años y pesaba unos cincuenta y seis kilos. Pero estas “Eugenias”, realizadas en fibra de vidrio, sin brazos ni piernas, con el torso intervenido pictóricamente, irreconocibles, como un objeto decorativo para que se fotografíen vecinos y turistas, pueden cautivar popular y políticamente pero se encuentran en una esfera muy alejada de lo artístico, desconectadas de los discursos contemporáneos.

     

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