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Gurús del Tartiere

Este blog está redactado por Chema Ordóñez, Juan Antonio Ardura y José Luis Salinas, veteranos periodistas de LA NUEVA ESPAÑA.

Sobre este blog de Deportes

Tres aficionados del Real Oviedo comentan sus andanzas y desvelos tras los pasos del equipo en una temporada marcada por la exigencia de retornar al fútbol profesional. No esperen comentarios políticamente correctos ni peloteo.


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  • 05
    Octubre
    2014

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    La calidad de la intensidad

     El Guijuelo y el Real Oviedo eran dos equipos que el domingo a las cinco de la tarde, justo antes de que el arbitro empezara su espactáculo de despropositos y decisiones absurdas en el Tartiere, partían con una estrategia muy similar. Su principal baza era la de conseguir asfisiar a su rival a base de una tremenda presión evitando que la bola saliera jugada con habilidad. A la vista del abultado resultado al Oviedo la estrategia le salió bordada, mientras que los salamantinos fracasaron en su propósito de una manera estrepitosa. La principal diferencia entre ambos fue la intensidad. Los azules disfrazados del Barcelona de la época de Guardiola maniataron a su rival desde el área contraria, sin darle tiempo para pensar, sin que pudieran dar dos pases seguidos y recuperando balones a mansalva. Sin embargo, el Guijuelo más inspirado en el Atlético de Simeone, salvando enormemente las distancias, intentó frenar la intensidad inicial del Oviedo a base de faltas y parones en el juego, de barullo. No lo logró ni un segundo, desde el principio la manija del partido fue carbayona. 
    Esa presión del Oviedo fue la que provocó que Tartiere volviera a ver fútbol de verdad, algo que hacia muchos muchísimos años que no se llevaba por esos lares. El equipo de Egea dio el domingo un zas en toda la boca a aquellos que dicen en en segunda B no se puede jugar bien. Si se quiere se puede. El público de ese municipal empozado estaba aconstumbrado en épocas cercanas a acabar con tortículis de tanto ver el balón volar de una zona a otra del campo a base de patadones, y que muy pocos tuvieran criterio para jugar la pelota. Sin embargo en los noventa minutos que duró el partido contra el Guijuelo se vio fútbol, al fin. La tremenda calidad de la presión a la que se sometió a los jamoneros se tradujo en un derroche de pases interiores, cambios de juego, centros en profundidad y regates casi increíbles, y en que Esteban se volviera a su casa con la camiseta impoluta. 
    Una vez llegado a este punto lo más difícil parece mantenerse. Aunque viendo que ni con un cuatro cero en el marcador los jugadores dejaron de encimar a los defensas, de luchar por recuperar cada bola, parece que hay esperanzas de que el ritmo siga así.  
    El crecimiento del juego del equipo está viniendo acompañado también de la evolución como jugador de Sergio García, el interior estuvo el año pasado como el resto de jugadores apagado, perdido en el mar de mediocridad que muchos partidos envolvía al juego ovetense. Pero este año se siente superior y si tuviera más acierto de cara a gol sería un jugador brutal. García era uno de los que a principio de temporada estaba llamado a ser un reserva importante pero como dijo un antiguo entrenador ovetense y gran aficionado a ese juego aéreo al que hacía referencia hace unas líneas, Pacheta, es de los que ha tirado la puerta abajo.

     

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