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Jonatan Molina

Jonatan Molina es psicólogo por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), licenciado con mención honorífica "Alumno 5 estrellas". Se especializó en psicología clínica infantil y actualmente combina su labor en la clínica con proyectos de investigación y formación a padres y centros educativos.

Sobre este blog de Salud

El blog de psicología de Jonatan Molina Torres


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  • 22
    Marzo
    2016

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    Cómo ganarle el pulso al niño desobediente

    Cómo ganarle el pulso al niño desobediente

    ¿Por qué una persona hace lo que hace? Una pregunta muy complicada de responder y más todavía si se trata de los niños. La variabilidad de su comportamiento es muy grande y la línea que separa lo normal de lo excesivo en estas edades, muy fina. En medio de todo esto, aparecen los padres con una función de regulación del comportamiento, es decir, de conseguir que el niño haga lo que deseo.

    Pero lo cierto es que la desobediencia es una pauta de comportamiento frecuente en los niños, que se manifiesta como indocilidad, negativismo, rebeldía u oposición. En función de si esa desobediencia impacta negativamente y de forma significativa en otros, estaremos hablando de un grado mayor o menor o incluso de problemas psicológicos asentados como el trastorno disocial.

    LA INDISCIPLINA

    Cuando hablamos de que un niño es desobediente nos referimos a dos dimensiones. Por un lado, el cumplimiento propiamente dicho, que se refiere al grado en el que el niño colabora con lo que se le ordena. Por otra parte, la conflictividad, que son respuestas que el niño emite con la finalidad de poder escapar del cumplimiento, que normalmente tiene una carga negativa para él (ej: ponerse a hacer los deberes, recoger la habitación, llegar pronto a casa, etc.)

    La importancia de la conflictividad en la desobediencia es capital, pues explica en la mayoría de las ocasiones por qué el niño acaba saliéndose con la suya. La conflictividad genera una escalada de intercambios negativos que acaba, normalmente, en la cesión por parte de la figura de autoridad y, por tanto, en el incumplimiento. Este proceso es denominado en psicología como coacción.

    LA COACCIÓN

    Desde el nacimiento, los niños descubren que ciertas conductas desencadenan unos resultados relativamente estables. Si llora cuando es bebé, la madre le da de comer, por tanto se forma una asociación llanto-comida que le ayuda al correcto desarrollo durante los primeros meses de vida cuando todavía no tiene adquirido el lenguaje. Ahora bien, esta misma asociación puede realizarse para la consecución de otros fines, como por ejemplo no ordenar la habitación. Estas conductas que le permiten conseguir un resultado concreto son las coacciones. Patterson recoge todas estas ideas en la Teoría de la Coacción. Veamos un ejemplo:

    El padre le da una orden al niño, negativa para él ("Ya ha acabado el tiempo de parque. Es hora de volver a casa")

    2º El niño experimenta desagrado, y responde con una coacción de baja intensidad ("Vamos a quedarnos un rato más")

    3º Esta respuesta desagrada al padre, que vuelve a emitir una orden pero de una intensidad superior a la primera ("Hemos quedado que a las 18h nos íbamos, así que ven aquí inmediatamente")

    4º Al ser esta orden de una carga negativa superior, provoca una reacción emocional en el niño más negativa, lo que a su vez produce una coacción más potente ("Nunca me dejas hacer nada, que asco, estoy harto")

    Este proceso sigue en aumento, con la emisión del padre de órdenes más negativas y la coacción cada vez más intensa del niño, llegando a llorar, gritar, patalear, etc.

    6º Ante el aumento de la aversión, el padre retira la orden y permite que el niño siga más rato en el parque.

    Aunque no lo parezca, al final de este proceso ambas parte han ganado, aunque sea una ganancia a corto plazo. El padre evita el malestar causado por la situación (padres mirándolo en el parque, incapacidad de calmar al niño, agotamiento,...) y el niño consigue algo positivo, que en este caso es quedarse en el parque. Sin embargo las consecuencias a largo plazo son obvias: se ha producido un aprendizaje donde el niño asocia la disrupción (llorar, gritar, patalear) a conseguir lo que quiere, y por tanto lo generalizará a otras situaciones. Si el padre sigue cediendo ante las coacciones, se fortalecerá el aprendizaje hasta convertirse en un patrón estable de comportamiento que acompañará al niño hasta incluso la edad adulta. El esquema siguiente pretende ilustrar este proceso:

    Cómo ganarle el pulso al niño desobediente

    CÓMO VENCER A LA COACCIÓN

    Xavier Méndez, referenciando el programa de intervención para niños "Ayudando al niño desobediente" (Forchand y McMahon) sugiere los siguientes pasos:

    1. Las órdenes deben ser apropiadas, específicas y directas (órdenes alfa); se deben evitar las órdenes vagas, contradictorias e inconsistentes (órdenes beta)

    2. La respuesta de los niños a las órdenes alfa SIEMPRE deben tener una consecuencia; si la respuesta es la esperada, la consecuencia deberá ser positiva y si es la no esperada, negativa.

    3. Si tras la emisión de la orden el niño ejecuta la acción en menos de 5 segundos, debe ser reforzado socialmente por el cumplimiento. Puede servir un abrazo, un elogio o una sonrisa.

    4. Si tras 5 segundos no ha obedecido, se le debe dar un aviso advirtiéndole de las consecuencias negativas del incumplimiento ("si no vienes aquí, esta noche no verás la televisión"). Puede pasar que el niño enseguida reaccione y actúe, respuesta que habrá que reforzar socialmente, o que el niño siga sin cumplir.

    5. El incumplimiento de esta segunda orden conlleva una consecuencia negativa, en este caso un castigo. La técnica más recomendada es el tiempo fuera, donde se saca al niño del ambiente en el que está y se le aísla durante un tiempo determinado (unos 3-4 minutos).

    6. Si permanece sentado en la silla todo el tiempo, los últimos 15 segundos se utilizan para repetirles de nuevo la primera orden y comenzar de nuevo el proceso. Si sigue sin obedecer, se añadirán procedimientos aversivos nuevos.

    CONCLUSIONES

    La coacción es un proceso que está presente en todo el recorrido de los niños hasta su paso a otras etapas de desarrollo. Aun sin conocerlo en profundidad, el niño aprende que ciertos comportamientos derivarán en ciertos resultados valiosos para él. Es tarea de los padres crear asociaciones más positivas basadas en las normas y en la disciplina, ya que esta tolerancia a la frustración y la aceptación de las obligaciones suponen un factor protector para el niño en el futuro. Conseguir todo lo que quiero mediante la agresividad, no saber soportar una orden negativa para mí, etc. son patrones de conducta que se perpetuarán hasta la edad adulta y provocarán un comportamiento desadaptado. Así que, ¡ojito con ceder a las coacciones!

    Cómo ganarle el pulso al niño desobediente

     

     

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