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Terminado, el libro empieza
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Blog Terminado, el libro empieza -  Barroso Crespo

Barroso Crespo

He vivido siempre entre palabras como periodista, documentalista, escritora ocasional y eterna aspirante a bibliotecaria.

Sobre este blog de Cultura

El escritor Carlos Fuentes da título a este blog porque esa frase es certera. Tras la labor del escritor, comienza la de cada lector que reinterpreta el libro y lo hace suyo. En este espacio quiero co


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  • Escritores (atrapados) en la red

    No es difícil imaginárselos en una red si la visualizamos con sus finos hilos entrelazados y creciendo sin parar; no es difícil pensar que algunos están atrapados y otros viven agazapados, esperando a su presa en forma de benévolo lector. Son escritores, maestros en lanzar palabras, pero a veces ni ellas les salvan. Sus dominios ahora van más allá de la mesa del ordenador o de la librería de la esquina; ahora su destino está marcado por su habilidad para manejarse entre los hilos que teje Internet y los que despliega la industria editorial. El negocio se impone y los lectores reclaman el contacto con sus escritores, bien sea en firmas de libros o a través de las redes sociales. Parece vetado el antiguo refugio del escritor que publicaba desde un discreto anonimato. Parece que todo lleva a fomentar el espectáculo literario, en aras de los beneficios, de tal suerte que los escritores, atrapados en él, se ven en la encrucijada de participar como concursantes en un reality. Hasta que alguno dice basta.

    El pasado domingo, el escritor de novela negra Andreu Martín, con una trayectoria de casi 50 años jalonada de premios y ventas, publicó una carta en El Periódico donde se bajaba del carro con contundencia: “Las leyes del mercado me han puesto en mi sitio.”

    Que no me esperen donde no me corresponde. No en los asientos reservados para 'best-sellers', no en 'diadas-realities' exclusivas de quien vende más, no en los premios que solo premian a premiables, no en páginas culturales demasiado exquisitas para mí (…) En el actual mundo del libro, los maestros son los que más venden, y no conviene que yo me crea que soy lo que no soy. No sé cómo será vuestro mundo cultural ideal, pero éste no tiene nada que ver con el mío.”

    La decisión de Andreu Martín ha provocado una profunda conmoción, porque encierra una dolorosa verdad, “un problema endémico de nuestras letras”, como señalaba el también escritor de novela negra, Claudio Cerdán:

    “Nos quedamos sin referentes. Y una cultura que no es capaz de cuidar de sus mejores artistas está destinada a la mediocridad. Andreu es solo uno de muchos, pero ha dado visibilidad a un problema endémico de nuestras letras.”

    El problema ya se ha cuantificado en cifras. Según El Confidencial, “un tuitero (el poeta Defreds) vende 13 veces más que Sánchez Dragó”. La calidad literaria parece haber quedado arrinconada en favor del tirón de escritores que se mueven en la red como peces en el agua. Twitter, Facebook y Youtube han creado nombres propios como el mismo @Defreds que publica poemas breves valorados por la crítica como aforismos románticos de carpeta de instituto.

    Otros escritores con fama y ventas a sus espaldas teclean en las redes con mayor o menor fortuna. Se mueven en la tela de araña según su carácter discreto o extrovertido. El gran capo, con su aguerrido carisma, es Arturo Pérez Reverte. Comenzó con fuerza desde su “bar de Lola” intentando bombardear la actualidad, pero la avalancha de reacciones fue tal que tuvo que cerrar el garito y ahora suelta un tuit de vez en cuando que resulta polémico siempre. Otros consagrados como Rosa Montero destacan por su cariñosa amabilidad o se limitan a depositar su publicidad como Máxim Huerta, Espido Freire, Dolores Redondo o Albert Espinosa. Otros han crecido en estas lides y se manejan con cintura y experiencia; tienen iniciativa y encanto hacia sus lectores que se lo agradecen como una legión de fans: Juan Gómez Jurado o César Pérez Gellida.

    Desde la distancia y de cuerpo presente viven autores consolidados como Antonio Muñoz Molina, Elvira Lindo, Carlos Ruiz-Zafón, Santiago Posteguillo, María Dueñas o Almudena Grandes. Mantienen cuentas abiertas en redes sociales, que la mayoría no gestiona personalmente, y se limitan a compartir sus convocatorias de firmas, presentaciones o artículos como en un tablón de anuncios. Otros son un espíritu al que los internautas invocan constantemente como Javier Marías, pero al que jamás tendrán el privilegio de tocar con sus manos tuiteras y mortales.

    Lo ideal (casi siempre) es el término medio. Y para mí, en ese punto está Lorenzo Silva. Premiado, con prestigio y éxito, participa en Twitter con honestidad, sin avasallar, conjugando sabiamente la difusión de sus libros con la oportunidad de interactuar con sus seguidores, cercano y atento, y sin dejar de ofrecer su punto de vista, con elegante educación, sobre cualquier tema.

    En ese mismo término medio debería estar el eterno y cíclico debate entre negocio y literatura. El equilibrio en el hilo: entretenimiento y calidad (nada es excluyente), nuevos autores y maestros de las letras, escritores con brillo pero sin presiones; una red que aporte y difunda talentos, que sostenga a todos, de la que nadie salte, y que nos dé infinitas posibilidades de leer a quienes son libres.

     

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