El valle de los 2,2 millones enterrados

Turón, tras la clausura de minas y el fracaso del proceso de reindustrialización, no logra ahora amortizar inversiones públicas convertidas en instalaciones cerradas

10.01.2016 | 04:19
La perrera de La Cabana, con cuantiosos desperfectos tras no entrar en servicio.

El valle de Turón, que llegó a tener activas 200 bocaminas, hace tiempo que ha dejado de ser el hervidero industrial en que lo convirtió la minería. El cierre de pozos y el rotundo fracaso de los proyectos empresariales impulsados como alternativa económica, con Diasa y Construcciones Metálicas Urueña como ejemplos más significativos, ha cercenado las ilusiones de las nuevas generaciones, que ahora se ven abocadas al paro o al éxodo. En este gris contexto, Turón ha visto como la planificación de inversiones en el valle se ha traducido también en proyectos malogrados. En los últimos años se han invertido en la zona más de dos millones de euros en equipamientos que, hasta la fecha, no se han rentabilizado. De hecho, ni se han estrenado. Se trata de la nueva perrera de Polio, del edificio de servicios múltiples de la Ciudad del Tenis y de las reformas de los pozos San José y Santa Bárbara.

Turón se encuentra inmerso en lo que podría calificarse como la tercera fase de su desmantelamiento. Primero cayó la minería. El cierre de los pozos Santa Bárbara (1995) y San José (1993) fue la sentencia de muerte para el carbón en Turón, aunque la actividad extractiva se mantuvo activa hasta 2006, cuando el pozo Figaredo dejó de producir. El valle puso entonces sus esperanzas en los planes de reindustrialización impulsados por las administraciones públicas. Se apostó, esencialmente, por dos iniciativas. En el polígono de La Cuadriella desembarcó Diasa Pharma, aglutinando en torno a su proyecto industrial casi todo el suelo del polígono local. La farmacéutica está en proceso de liquidación desde 2011.

También ha quebrado el otro proyecto empresarial que en su momento eligió Turón como sede. La empresa Construcciones Metálicas Urueña ha dejado a 33 empleados en la calle. Tras estos dos duros golpes, Turón, que ha pasado de más 20.000 vecinos a 4.000, se encuentra ahora con que el dinero público inyectado en los últimos años en diferentes iniciativas no deja rentabilidad. Hasta 2,2 millones se han enterrado entre las viejas minas, sin contrapartidas de amortización.

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