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Siero, Noreña y Llanera

«La vimos por el resplandor de las llamas»

Los policías que salvaron a una mujer de morir en un incendio en Lugones restan importancia a su hazaña: «Lo hubiera hecho cualquier compañero»

 10:42  
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Los agentes de la Policía Nacional miran el edificio de Lugones en el que rescataron a la mujer.
Los agentes de la Policía Nacional miran el edificio de Lugones en el que rescataron a la mujer. manuel noval moro

Lugones,

Manuel NOVAL MORO

Son los nuevos héroes de la Policía Nacional de Lugones. Dos agentes que salvaron el pasado fin de semana a una mujer de morir quemada en su casa, que decidieron intervenir antes de que llegaran los bomberos porque se dieron cuenta de que, si no actuaban ellos, la mujer corría demasiado peligro. Esta es la historia.

El 091 recibía una llamada a las tres y media de la madrugada del sábado, alertando de un incendio a la Comisaría de Pola de Siero. El agente M. A. H., de 31 años y natural de La Cerezal (Sotrondio), y el agente G. G. F., de 35 años y natural de Cangas del Narcea, ambos llegados a Siero como refuerzo de la sede de Lugones, eran la patrulla esa noche. Se dirigieron al número tres de la calle Martínez Vigil de Lugones, un edificio de cuatro plantas. El incendio se producía en el segundo piso.

«Cuando llegamos, hablamos con el vecino que había llamado a la Policía, y al principio no pensábamos que iba a ser tan grave», relatan. Llegaba el olor del humo, pero no se veía asomar por ninguna parte. Ya en el segundo piso, oyeron a la mujer, de 61 años, que estaba impedida, y que les pedía ayuda. Cuando le preguntaron cómo estaba, les dijo que llamasen al cerrajero.

Poco después, sin embargo, todo fue a peor. «Tocamos la puerta, la movimos un poco y vimos que empezaba a salir humo, y la mujer empezaba a quejarse». Ya habían llamado a los bomberos, pero eran conscientes de que el tiempo apremiaba.

Sin pensárselo dos veces, bajaron al coche a por una palanqueta de uña y, no sin esfuerzo, lograron forzar la puerta. Antes habían comprobado que la puerta no estuviese demasiado caliente, lo que hubiera significado un grave peligro de sufrir un golpe de calor al abrirla.

«Cuando entramos en la casa no se veía nada. De la cintura para arriba era todo humo. Tuvimos que entrar a gatas y buscarla por la casa, preguntándole dónde estaba», relatan. En ese momento, la mujer ya apenas balbuceaba, estaba semiinconsciente. La única luz que les permitía ver algo era la que desprendía el propio fuego. Encontraron a la mujer en un salón. «La vimos por el resplandor de las llamas, de las rodillas para abajo. Las zapatillas estaban ya negras del calor». El sofá en el que estaba sentada ardía, y las llamas habían invadido también parte del pijama de la mujer.

Tal como llegaron tenían que salir, porque el humo no les permitía ponerse de pie. La agarraron uno por los hombros y otro por las piernas y salieron con ella casi arrastras, agachados por el pasillo de la vivienda hasta la puerta.

«No se sabe muy bien qué fue lo que originó el incendio. Nos contaron que había una toalla, o una manta, ardiendo, y de ahí se extendió por la habitación. Sí es cierto que vimos ropa quemada por el suelo», explican.

Los agentes dejaron a la mujer fuera de peligro y se dispusieron a completar la faena. Consiguieron un extintor y entraron a la vivienda a tratar de controlar el fuego. Los bomberos no tardaron en llegar, y estuvieron trabajando en la extinción hasta poco antes de las cinco de la mañana. También llegó con celeridad una ambulancia, que trasladó a la mujer al Hospital Universitario Central de Asturias. No había sufrido quemaduras. El mayor daño había sido la inhalación de humo. No obstante, un día después del accidente fue dada de alta.

Los agentes que rescataron a la mujer no ven su acción como algo excepcional. «Estábamos allí y lo hicimos nosotros, pero cualquiera de nuestros compañeros, si hubiera estado, habría hecho lo mismo», aseguran. Aun así, están «muy satisfechos» de haber contribuido a la supervivencia de una persona.

Aseguran que fue determinante el hecho de que la patrulla estuviera cerca de la vivienda. Si hubieran estado más lejos, quizá el final de la historia hubiese sido otro.

Los agentes llegaron a Siero hace dos años, como parte de la plantilla de refuerzo de la Comisaría. Uno de ellos proveniente de Madrid y otro, de Valencia, donde han estado varios años. En estos destinos han vivido de todo, no es difícil de imaginar en ciudades con tantos habitantes y tanto ajetreo. Sin embargo, hasta ahora nunca habían tenido ocasión de protagonizar una hazaña como la del pasado fin de semana. Han tenido que venir a trabajar más cerca de casa para tener la oportunidad de convertirse en héroes por un día.

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