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Gente de Oviedo

"Pinto desde hace dos años, pero jamás me atrevería a compararme a mi padre"

"En Londres me encantaba pasar junto al Big Ben, aunque no lo sentía cercano; cuando veo la catedral de Oviedo la percibo como algo mío"

27.02.2016 | 04:13
Willy Pola, en la calle del Naranco que lleva el nombre de su padre, el pintor César González-Pola.

Guillermo González-Pola, (Oviedo, 1948), para todos Willy Pola, cuarto de los once hijos del pintor ovetense César González-Pola, fallecido en 1989, es un ejemplo de vida cosmopolita e intensa. Su trayectoria incluye largas temporadas en otros países y lugares de España, aunque siempre pendiente de ese hilo de seda que le une a Oviedo. Willy Pola se crió en la calle San Bernabé, en una familia numerosa y bulliciosa en la que los hermanos tenían dos bandos bien definidos en función de las edades. Fue un niño feliz que disfrutaba viendo a su padre pintar. Tal vez por eso sigue siendo optimista y positivo. Vivió en Londres y estudió inglés, cuando lo máximo que se aprendía en España era un poco de francés; fundó negocios y regentó la cafetería Óliver, incrustada en la historia de la ciudad. Si algo no olvida es la cabalgata de Reyes del año 2006, cuando hizo de Baltasar, "una experiencia única, de las mejores de mi vida", según dice.

El Instituto Alfonso II y el temprano comienzo de la vida laboral. "Estudié hasta sexto de Bachiller en el Instituto Alfonso II. Los libros no me iban demasiado. Así que le dije a mi padre que me apetecía trabajar. A los 19 años entré como comercial en Rivaya e hijos, concesionaria de SEAT. Esa actividad la compaginé con las relaciones públicas en la discoteca Canary por la que pasaron todos los artistas importantes de aquel momento: desde Lola Flores a Serrat, sin olvidar a Antonio Gades, Los Canarios y Jaime de Mora y Aragón, el hermano de la reina Fabiola de Bélgica".

Viaje de ida y vuelta al Londres de Mary Quant. "Con 22 años fiché por Hierros del Cantábrico, como comercial de productos del sector. Un año después, en 1972, me marché a Londres a estudiar inglés y marketing. Viví allí durante un año y medio. Vendí el coche y con lo que me dieron y dos maletas cogí el avión. En aquellos años en España apenas se estudiaba inglés. Yo sentía gran curiosidad por aprender el idioma. Me lo tomé en serio, con clases en la Universidad que compaginaba con los trabajos que me surgían. Me sentí integrado en el país. Tengo un ahijado británico. Me preguntaban mucho por la situación de España. Me impresionó lo interesados y enterados que estaban de lo que pasaba en nuestro país, más que nosotros"

Parada en Tenerife y desembarco en Llanes. "Cuando terminé la estancia londinense trabajé dos años en una empresa distribuidora de cemento en Tenerife. De regreso a Oviedo y junto a dos socios ponemos en marcha en Piñeres (Llanes) otra discoteca, a la que decidieron llamar como a la de los inicios de Pola en la noche: Canary. Fue el boom del ocio del oriente de Asturias durante muchos años. Permanecí en aquella sociedad dos años. Junto con otro socio fundé en Oviedo la discoteca Papo en la que estuve otros dos años. Por desavenencias con el socio, vendí mi parte y regresé a Londres donde estuve otros seis meses perfeccionando el idioma. Cuando pasaba delante del Big Ben sentía que había cumplido un sueño, pero cuando veo la torre de la Catedral la siento como mía, eso nunca me pasó allí".

Y en estas apareció Oliver. "Regresé a Oviedo y un día, paseando por la Avenida de Galicia me encontré cerrada la cafetería Óliver. En una conversación con su propietario me propuso reabrirla. No me lo pensé dos veces. El local llegó a ser punto de encuentro de una variopinta clientela y sede de interesantes tertulias. Allí permanecí durante unos 14 años".

El encuentro con el golf. "Tras dejar Óliver comencé a trabajar como gerente del Club de Golf La Barganiza. Estuve cinco años. Puse en marcha una revista anuario que aún existe. Mi siguiente incursión fue en el mundo de la comunicación, de la mano de Blas Herrero, una de las personas más inteligentes que he conocido. Me nombró director de las cinco emisoras de su propiedad cuando se creó Radio Blanca. El proyecto duró seis meses. Herrero se reconcilió con Telefónica y fundó Kiss FM. Los últimos años laborales trabajé en el sector de la construcción como responsable de compra de suelo para una de las constructoras más conocidas de Asturias. La mayor parte de mi vida he sido relaciones públicas y empresario. Ahora ya estoy jubilado, con tiempo para jugar al golf y colaborar con una ONG, una de las cosas más gratificantes".

Incursión en la pintura. "Llevo dos años dando clases de pintura con Pantaleón. Es un hobby que me divierte mucho, aunque jamás me atrevería a compararme con mi padre. Algunos amigos me animan a exponer, con fines solidarios. La verdad es que cuando se ha tenido un padre como el mío esas cosas hay que pensárselas mucho. De todos sus cuadros mi favorito siempre ha sido 'La Ciega'. Lo tiene uno de mis hermanos. También grabo discos con un antiguo compañero de un grupo musical. Hacemos temas de los años sesenta, los que bailábamos entonces, claro. Una vez en Luanco, canté "Yesterday" delante del gran Manolo Díaz. Yo era amigo de un hermano suyo, también músico. Al final me felicitó. No me lo podía creer, viniendo de alguien de su talento".

Esas tertulias, incrustadas en el alma de la ciudad. "Formo parte de tertulias con un grupo de amigos. Me parece algo muy enriquecedor. El problema es que en Oviedo nos hemos ido quedando casi sin sedes para realizarlas, a medida que han ido cerrando locales. También mantengo una buena vinculación con el mundo de la gastronomía, que me apasiona. De hecho soy vocal de los premios "Porcófilo del Año". No tengo hijos, pero tengo un montón de sobrinos y sobrinos-nietos a los que adoro y con los que me encanta estar todo lo que puedo".

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