Venezuela como síntoma

La controversia en torno a la visita de Leopoldo López Gil a Siero certifica el abismo entre el PSOE y las otras fuerzas de izquierda

31.05.2016 | 03:35
Ángel García, a la izquierda, y Pintado, a la derecha, durante una actividad ciclista para escolares en Lugones.

Ángel García es un hombre inquieto. No hablamos de que tenga una curiosidad desorbitada o de que sea especialmente impaciente, sino de que, literalmente, no para. Siempre está dándole vueltas a nuevos proyectos, madurando ideas. Y cuando logra avanzar en una de ellas, tiene un punto entusiasta. Unas semanas atrás, toda esa vehemencia estaba centrada en Venezuela. Más concretamente, en uno de sus habitantes: el político Leopoldo López Mendoza, encarcelado desde 2014 por manifestarse contra el gobierno de Nicolás Maduro.

El regidor sierense quería homenajear a la figura de López. Contactó con su familia y logró el compromiso de que el padre del político venezolano, Leopoldo López Gil, visitaría Siero. A decir de García, el objetivo de la visita era fortalecer la imagen de Siero como referente en la defensa de los derechos humanos, una idea que, meses atrás, ya le llevó a contactar con la Fundación Princesa de Asturias para ofrecer los equipamientos del concejo para alguna actividad relacionada con los premios, principalmente con el de Cooperación Internacional.

Mas, cuando se anunció la visita de López Gil, entre lo que José Antonio Coppen identifica como "la Pola política" comenzó a tomar forma otra interpretación: García quería aprovechar el tirón mediático de los López para proyectar su imagen y la del concejo, sí, pero también para hacer daño a Somos Siero.

Aunque los resultados de las elecciones locales de 2015 avalarían un tripartito progresista a la manera del que gobierna en Oviedo -ya que entre PSOE, Somos e IU sumarían 14 de los 25 ediles del Pleno-, en los días inmediatamente posteriores a los comicios ya se vio que los ediles del PSOE y los de Somos no hacían buenas migas. Las diferencias se percibieron ya en campaña, pero fue en las negociaciones para formar gobierno cuando se enturbiaron definitivamente: Somos llegó a reunirse con Foro e IU, por separado, para debatir sobre la posibilidad de formar un gobierno alternativo al del PSOE, aunque la opción no cristalizó.

Curiosamente, sería con Foro con quien, unos meses después, sellaría García una inesperada alianza, en contra del criterio de su propio partido, que le ha permitido dar estabilidad a su gobierno. Una alianza que, además, libera al socialista de hacer ningún tipo de concesión o guiño a las otras fuerzas de izquierdas o al PP, pues no precisa de su apoyo para gobernar.

En este contexto entra en escena Leopoldo López Gil. El momento no puede ser más sugerente: en plena precampaña, los supuestos lazos entre Venezuela y Podemos ocupan el centro del debate político nacional. Cuando López Gil llega a Pola de Siero, el 13 de mayo, es recibido con una ruidosa manifestación. Los participantes dedican al padre del preso político palabras muy gruesas, mientras éste responde, desde el balcón, con un expresivo gesto, tocándose la cara.

En los días siguientes, varios grupos acusan a Somos Siero de organizar el acto. Su portavoz, Javier Pintado, califica la salida de López Gil al balcón de la casa consistorial como "uno de los actos más vergonzosos de la historia de Siero", pero desvincula a su formación de la organización de la protesta.

La controversia tarda unos días en superar las fronteras asturianas, pero cuando lo hace es demoledor. Siero vuelve a aparecer en los medios por cuestiones poco edificantes, y los partidos se aprestan a buscar culpables. Todos miran hacia Somos. PSOE, Foro, PP, Ciudadanos y los partidos localistas critican la protesta y reprueban a Pintado por sus declaraciones.

Aprovechando el rebufo, el PSOE impulsa un cambio de regulación con un objetivo doble: proponer a López Mendoza para el premio "Derechos Humanos", y expulsar del Consejo Local de Solidaridad a dos activistas de izquierdas que participaron en la protesta: Javier Arjona y Juan Luis Vallina (representante de IU). Unos días después, Somos denuncia que García posee una nave que no figuraba en su declaración de bienes. Los socialistas lo consideran una represalia.

Más allá de estas cuitas, la controversia venezolana es un síntoma de la distancia abismal que, a día de hoy, separa a los socialistas de sus teóricos aliados naturales. Una falta de sintonía a la que, a medio plazo, no se aprecia solución, y que podría ser crucial cara al futuro de la gobernabilidad en Siero si, tras las elecciones, se formaliza una continuidad orgánica a las coaliciones electorales Foro-PP y Podemos-IU. Un escenario que no sería nada halagüeño para el gobierno socialista.

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