20 de junio de 2017
20.06.2017
OBITUARIO

Nuestra estrella

En recuerdo de Estrella Negreiro Lojo, de 69 años, voluntaria de Cruz Roja fallecida el sábado en una excursión en la Ruta del Alba

20.06.2017 | 08:11
Voluntarios de Cruz Roja forman un pasillo a la llegada del féretro a la iglesia de Riaño.

Estrella: Astro o cuerpo celeste que brilla en el firmamento con luz propia

Dicen que algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Y va a ser cierto, porque desde el sábado, noto que me falta el aire y tengo aquí, justo en centro del alma, un vacío intenso que no sé cómo llenar. También cuentan que solo se marchan los buenos, la gente como tú, tan necesaria para hacer bellas las cosas feas de este mundo que nos ha tocado vivir. Y por desgracia, también esa máxima se cumple.

Te nos fuiste de repente cuando disfrutábamos de un día espléndido en la Ruta del Alba, en Sobrescobio, el pasado sábado, con nuestra gente de Cruz Roja de Langreo, de la que eras una pieza esencial. Muchos voluntarios de la entidad formaron ayer por la tarde un pasillo lleno de cariño y respeto, cuando entrabas en la iglesia de Riaño, donde se celebró el funeral. Fueron muchísimas las personas que se acercaron a despedirte estos días, porque eras una persona muy querida. Todos te echarán de menos.

Quiero acertar a poner por escrito tantas cosas, tantos momentos vividos, tantos recuerdos y risas compartidas desde aquel año 1998 en que llegaste a nuestras vidas para quedarte. Éramos voluntarios de Cruz Roja Langreo, apenas adolescentes y tú eras muy joven también, pero enseguida te convertiste en la madre de todos (como si tuviese poco con tus seis hijos). Te bautizamos como Mamá Estrella y Mamá Estrella fuiste durante treinta años, porque todos teníamos cabida en tu corazón infinito.

Generosa, solidaria, optimista, trabajadora, luchadora infatigable, compañera única e irrepetible. Buena en el más amplio sentido de la palabra. Es imposible contabilizar las horas que dedicaste a los demás sin esperar nada a cambio, porque así eras tú, capaz de vivir con muy poco y de regalar todo lo que tenías, porque todo te sobraba cuando se trataba de echar una mano a quien lo necesitase.

Hoy miro a tus hijos, tu mayor orgullo y tu razón de ser, y te veo reflejada en la mirada noble de Manuel, en la fortaleza de Carlos, en el ímpetu de Rosa, en la serenidad de David, en la determinación de Silvia y en la entereza de Adrián. También ellos son nuestros y forman parte de esta historia que tantas veces repasamos llenas de orgullo y nostalgia.

Después llegaron otros, otras gentes y otras vidas y en todos dejaste la misma huella imborrable, el mismo recuerdo de tu risa cantarina y tu modo de entender la vida.

Hoy te despedimos con el corazón roto. Porque no esperábamos que fueses a marcharte tan pronto, porque te necesitábamos aquí y porque será imposible sustituirte y llenar el vacío profundo que has dejado. Pero también nos sentimos felices porque te fuiste haciendo lo que más te gustaba, rodeada de quienes tanto te queríamos, exultante después de una jornada que prometía ser estupenda y que se tornó gris y aciaga como una pesadilla horrible que por desgracia no lo es.

Estoy segura de que a estas horas ya ocupas un lugar de honor en ese Cielo en el que tanto creías y puede que hasta andes riñendo a cualquier ángel despistado o al mismísimo San Pedro que, informal a más no poder, te hizo la faena de no respetar el pacto que habíais firmado hace apenas unas pocas noches. Y brillarás cada noche, para recordarnos que fuimos muy afortunados al conocerte y disfrutar de tu luz y tu presencia.

Duerme y descansa, por fin. Nuestra querida y buena Estrella?

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