Punto agridulce

El Marino fue mejor y mereció un botín más cuantioso pero cedió un empate ante el Fuenlabrada en un partido en el que el intenso viento fue protagonista

 
Alberto Suárez trata de avanzar perseguido por dos jugadores del Fuenlabrada.
Alberto Suárez trata de avanzar perseguido por dos jugadores del Fuenlabrada. área 11

SEGUNDA B Fuenlabrada (Madrid), Miguel L. SERRANO


La mezcla de fútbol y viento pocas veces es buena. El resultado deja una escena algo así como surrealista. El aire, en una escala intensa y continua estropea el espectáculo, que se vuelve menos vistoso; fastidia a los entrenadores, obligados a exigir a su garganta para hacer llegar su mensaje; exaspera a los jugadores, hartos de que sus envíos tomen un rumbo equivocado e irrita, sobre todo, al personal, más pendiente de resguardarse y de colocarse la melena que del balón. Éste fue el panorama de ayer en Fuenlabrada (Madrid), donde más de uno pensó que aquella pelota llegaba y luego se quedaba corta, o viceversa. La tromba de aire que apareció por el desangelado campo La Aldehuela rompió cualquier planteamiento y se convirtió en protagonista. Sometió a los dos equipos, ofreció una parte a cada uno y, por lo menos, repartió equitativamente el botín.


Lo que el viento se llevó fueron los dos puntos que pudo y no supo coger el Marino. Los azulones, ayer de rojo, merecieron más pero cedieron un empate insípido (1-1), corto y, si acaso, agridulce, porque tuvieron ocasiones y fueron mejores. Pudieron volar y se contentaron con reptar en su esperanzador cabalgar hacia su meta: la permanencia. Cogieron el aire suficiente para afianzar su posición fuera de la plaza de promoción de descenso que sigue ocupando el Santa Brígida canario con los mismos puntos. Lástima para los asturianos que no se hincharan lo justo ahora que viene el tramo final de la Liga y en los últimos cuatro partidos tienen unos rivales teóricamente muy complicados. Pero eso les queda, no hay otra. Sumar y pelear para no ahogarse. El Depor B, es el siguiente. Con él restan cuatro finales para bajar el telón.


La de ayer era una. El Fuenlabrada, que dirige el ex oviedista José Aurelio Gay, es un grupo rendido y extenuado que ya ha empezado a asimilar su descenso. Juega más por que lo tiene que hacer que porque todavía crea en la salvación. Por eso el Marino se dejó de chiquilladas y salió a intimidar. Lo hizo porque se adueñó del balón y mandó como quiso y cuando quiso, y porque a su favor soplaba el aire. Movió el cuero con brillantez y dejó que su rival se desgastase más aún de lo que está. A la primera que tuvo, Pascual lanzó una falta y su disparo salió rozando la escuadra. Después Rubén Suárez falló ante Sierra. Luego Alberto Suárez remató alto tras una buena contra. Todas ocasiones susceptibles de inaugurar el marcador pero ninguna lo hacía. Ahí es, quizás, donde radique el problema principal de este equipo. En su falta de puntería. Un acierto, éste involuntario -qué paradoja- que sí tuvo Rubén Suárez al filo del intermedio. Un rechace de un córner lo atrapó Samuel Barrio. Le llegó manso, disparó de zurda y en su trayectoria se encontró con la pierna de Rubén Suárez, que desvió la pelota hacia la red. Ventaja escasa pero justa.


Pero llegó la reanudación. Cambio de campos. Y claro, los que estaban arrinconados pasaron a comandar el encuentro. Y a hacer lo propio con su rival. ¿Por qué? Porque el viento era tal que cualquier patadón cambiaba la dirección a poca altura que cogiera. Así empezaron a sufrir los luanquinos. Guillermo sacó un mano a mano a Diego Piñeiro. Tal era el asedio que -nueva paradoja- el gol del empate llegó en un fallo garrafal de la zaga visitante. Un centro de Vechio en un córner lo cabeceó, completamente solo, Carlos Pérez.


Parecía que la reacción local iba a ser continuada, pero nada más lejos de la realidad. El Marino se repuso y tiró de orgullo para hacerse de nuevo con el mando, y cometer los viejos fallos, los que le privaron de la victoria. Ni el remate al palo de Pablo Lago, ni el disparo de Nacho García, ni las internadas solitarias de Pablo DíazÉ Llegadas francas que no tuvieron recompensa y que dispersaron entre la borrasca los puntos. Las ilusiones, sin embargo, sí volaron hacia Asturias.
Fuenlabrada: Sierra (1); Diego Piñeiro (1), Jorge González (1), Fede Bahón (1), Carlos Pérez (2); Vechio (2), Campillo (1) (Aguilar, 1, min 69), Agustín (1), Arrollo (2); Piquero (1) (Borja, 1, min 69) y Kikín (1).

Marino: Guillermo (1); Nacho Canterla (1), Pantiga (1), Samuel Barrio (2), Álex (1); Pablo Díaz (1) (Ñoño, s.c, min 89), Serrano (2), Pascual (1) (Vicky, 1, min 70), Pablo Lago (2); Rubén Suárez (2) y Alberto Suárez /1) (Nacho García, 2, min 70).

Goles: 0-1, min 40: Rubén Suárez desvía a la red un disparo de Samuel. 1-1, min. 51: Carlos Pérez cabecea solo un córner botado por Vechio.

Árbitro: Sebastián Ripoll Solano, del comité balear. Expulsó al local Agustín (min 90) por doble tarjeta amarilla y enseñó cartulina del mismo color a los locales Diego Piñeiro, Aguilar, Carlos Pérez y Arrollo. Del Marino fueron amonestados Pascual, Serrano y Rubén Suárez.

Incidencias: Partido de la 34.ª jornada de Liga del grupo primero de Segunda B disputado en el campo de La Aldehuela de Fuenlabrada (Madrid) ante unos 200 aficionados. Tarde fresca con mucho viento. Terreno de juego en buen estado. Asistió al encuentro Antonio Rivas, ex entrenador del Real Oviedo y actual técnico del primer equipo juvenil del Atlético de Madrid. La tarjeta amarilla a Serrano le impedirá jugar el domingo ante el Depor B.

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