El trasluz

Tumbado en el sofá

05.07.2009 | 02:00
Tumbado en el sofá
Tumbado en el sofá

El vídeo en el que se ve a Obama matar a una mosca es duro, muy duro, hiere la sensibilidad de cualquiera (excepto quizá la de los niños), pues no acaba con el animal de cualquier modo, sino que lo aplasta, literalmente, contra su mano (qué asco también, por otra parte). Después indica al cámara dónde ha caído para que lo vea todo el planeta. Y vemos a la pobre mosca sobre la alfombra, con las alas desorganizadas, rotas, en una postura imposible, quizá muerta, quizá agonizante todavía, quizá con su abdomen repleto de huevos fecundados que no prosperarán.


Ya lo sé, es una mosca, las hay a millones y son gratis, pero eso no disminuye la brutalidad de la escena. Si me impresiona, lo confieso, es porque yo soy esa mosca. Hay miles, millones de personas como yo, gente absolutamente prescindible y gratis. Si alguien nos liquidara de un manotazo, el mundo no sufriría ninguna alteración.


De hecho, cada día mueren de un modo semejante cientos de miles de personas, así que yo he tenido suerte por ahora. Cruzo los dedos. Es lo que pienso tirado en el sofá, combatiendo el calor con una inmovilidad zen. Si me estoy quieto, pienso, no sudaré. Pero es mentira, hay pensamientos que producen sofocos, que dan miedo. Desde que asistí a la proyección del vídeo de Obama y la mosca, la escena no deja de reproducirse en mi cabeza. En sesión continua. Cierro los ojos y aquí está otra vez. ¿Por qué no me identifico con los zorros, con las ballenas o con las focas, como los ecologistas normales? ¿Por qué esta maldita inclinación hacia los insectos? ¿Por qué no hay ninguna ONG que defienda a las moscas que son, como he dicho en tantas ocasiones, las hadas de los pobres?


Nunca entenderé la realidad ni me entenderé a mí mismo. Nunca seré normal, aunque juro que he luchado por ello hasta la extenuación. Y no es que no haya matado una mosca en mi vida, las he matado a miles, por procedimientos mecánicos y químicos. En ese sentido, también soy Obama, con la diferencia de que yo no me siento orgulloso. Qué raro esto de ser, de forma simultánea, la mosca muerta y el presidente de los EE UU, además de yo mismo, este tipo al que los pensamientos hacen sudar en el sofá.

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