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Director general de Pesca Marítima

La cofradía, el patrón y la rula de Avilés

El absurdo de considerar a la congregación "Virgen de las Mareas" como la más importante de Asturias

10.03.2016 | 02:21
La cofradía, el patrón y la rula de Avilés

Los que consideren el título una innecesaria reiteración, entenderán -si llegan al final del escrito- que su objetivo es el de desmontar una idea que se ha colado de rondón en la opinión pública, que es utilizada en automático por muchos periodistas y manipulada por algún diputado, al que únicamente puede servirle como atenuante la ignorancia.

Es hora de diferenciar entre la lonja y la cofradía, y su patrón mayor, cuando le colgamos la coletilla de "más importante de Asturias". Con datos, es fácil.

¿Cómo medir la importancia de la cofradía de pescadores "Virgen de las Mareas" de Avilés? Una primera aproximación sería, sin duda, el del colectivo que la compone, es decir, sus socios; y una radiografía precisa de este colectivo lo constituye el censo electoral, compuesto por 53 miembros (22 armadores y 31 trabajadores). Nada para llamar la atención, y muy lejos de los 141 socios (47 armadores y 94 trabajadores) de Cudillero, los 111 (27 armadores y 84 trabajadores) de Luarca, o los 54 (16 armadores y 38 trabajadores) de Puerto de Vega.

¿Y si hablamos del número de barcos con puerto base? En este caso, los 29 de Avilés vuelven a quedar por detrás de los 52 de Cudillero, empatados con Luarca y no demasiado por delante de Luanco, con 23. Por cierto, siempre ha sido así.

¿Y las propuestas constructivas, las ideas innovadoras, la labor de arrastre y la animación del conjunto del sector pesquero? ¿Puede compararse la propuesta extemporánea de una "mesa sectorial de la pesca", sin definir su composición ni sus funciones -y algún día hablaremos de su reunión de constitución y de las falsedades de su primer comunicado de prensa- con la marca de calidad que ampara a las cofradías de Bustio, Llanes y Ribadesella, o la certificación MSC de la pesquería de pulpo del occidente asturiano, propuesta y conseguida por la cofradías de Puerto de Vega, Ortiguera, Viavélez y Tapia de Casariego? ¿Puede compararse su nula participación en la gestión de los recursos con la implicación de cualquiera de las cofradías que mantienen en marcha planes de explotación del percebe, del pulpo, del marisqueo o de la angula?

Nos quedan la ventas, para lo cual no hace falta recurrir a las cifras de ninguna otra lonja: las ventas gestionadas por la cofradía de pescadores "Virgen de las Mareas" de Avilés son de 0 kilogramos (léase cero) y 0 euros, desde el momento en que han decidido abandonar el Consejo de Administración de la sociedad Nueva Rula de Avilés.

Sólo con estos datos (insisto: datos) ya podemos valorar la importancia relativa de la Cofradía de Avilés, que no es menos que la de ninguna otra pero que está muy lejos de convertirla en "la cofradía más importante del Principado de Asturias", estupidez que no tiene en cuenta que todas son importantes -cada una en su puerto y para su colectivo- y que se convierte en una auténtica majadería cuando, como ha hecho el Diputado del PP, Sr. Venta, en sede parlamentaria, se le añade "que ha vendido 17.000 toneladas y 37 millones de euros" en 2015. Y el patrón mayor sin saberlo, pidiendo que le dejen gestionar la primera venta.

¿Quién los ha vendido entonces? La respuesta nos lleva al segundo término del título: la sociedad Nueva Rula de Avilés. Ésta, a la que una "gestión politizada" lleva camino de la bancarrota, ha pasado de vender en 2010 -primer año de facturación completo- 13.400 toneladas (por valor de 28.6 millones de euros) a las 16.667 (37 millones de euros) de 2015.

Igualmente, ha pasado de recibir 280 embarcaciones diferentes a lo largo de 2010, a las 364 de 2015. Y de 11.922 actos de venta, por parte de esas embarcaciones, en 2010, a 13.785 en 2015. Es decir, que hay más barcos y son más fieles (venden en más ocasiones).

Por no hablar de las iniciativas de visitas a la lonja, la cooperación permanente con Turismo de Avilés o la puesta en marcha de un proyecto innovador de valoración de la calidad de la merluza, en colaboración con la Federación Nacional de Asociaciones Provinciales de Empresarios Detallistas de Pescados y Productos Congelados (Fedepesca) y el centro tecnológico AZTI.

Esta evolución, claramente al alza, se ha conseguido sin la colaboración de la cofradía de pescadores -más bien con lo contrario, con su obstaculización permanente- al tiempo que se saneaba la gestión de las ventas, desde la heredada -que da lugar a un expediente por parte de la Agencia Estatal Tributaria- hasta la actual, de absoluta transparencia. Y antes de hacer un apunte más al respecto, hacer constar lo evidente: estas cifras se han alcanzado gracias a la gestión de Ramón Álvarez, anterior gerente, a quien todos debemos reconocimiento. Vaya aquí el mío.

Y el apunte, que tiene que ver con los ejercicios inspeccionados: 2009 a 2012 del impuesto sobre sociedades y 2010 (junio) a 2012 (diciembre) del impuesto sobre el Valor Añadido, lo que desmonta todas las elucubraciones sobre los altos cargos del Principado de Asturias que han dimitido -y que entran en el Consejo de Administración en 2013- y convierte la pretensión de nuestro diputado favorito, el Sr. Venta, de pedir cuentas a este Gobierno, en un auténtico sarcasmo. Bienvenidas, en cualquier caso, las comparecencias en sede parlamentaria, que permiten que estos datos, en lugar de quedar en la prensa, permanezcan para siempre, al lado de su ignorancia, en el Diario de Sesiones de la Junta General del Principado de Asturias.

Y vamos llegando al final. ¿Qué lleva a una cofradía -y a su patrón mayor, el patrón mayor de Avilés- a la controversia permanente con la Autoridad Portuaria, con la Dirección General de Pesca Marítima y, ahora, con la Federación de Cofradías de Pescadores? Sobre esto, hay pocas explicaciones. Quizás, sencillamente la deslealtad, la misma que lleva a este patrón mayor a negar al Principado los datos sobre las condiciones de cuotas que le han ofrecido con un barco adquirido en el País Vasco y que mantiene allí su base, condiciones que podríamos haber incluido en los recursos presentados hasta la fecha, beneficiando al conjunto de la flota pesquera asturiana.

Deslealtad que le lleva, a quien pretende gestionar las ventas en Avilés, a instar a otros barcos a llevar el pescado a Gijón en el momento en que un familiar suyo tiene un problema laboral en la rula de Avilés.

Deslealtad que le lleva a embarrar la imagen de las elecciones en la Federación de Cofradías de Pescadores del Principado de Asturias, sin haberse atrevido a presentar su propia candidatura y sin haber recurrido en tiempo y forma.

Deslealtad que le lleva a pasar de entrar en esta Dirección General a sentarse con el director siempre que ha querido, a escribir libelos absolutamente delirantes sobre complots contra su persona y la cofradía que preside. Como si alguien fuera responsable de que el tiempo pase y las concesiones venzan.

Tiene una disculpa, eso sí, este patrón mayor, el tercero en pocos años -de esas dimisiones sí que sería interesante hablar- incapaz de una entrevista en directo, que debe leer las intervenciones que le preparan y que siempre cuenta con un par de apuntadores al lado: la de que no es responsable de lo que dice, por cuanto repite lo que le dicta quien le maneja, en un permanente y patético espectáculo de títeres en el que hasta los más crédulos ven los hilos.

Termino, ahora sí, con una breve referencia a Dimas García, presidente de la Federación de Cofradías de Pescadores del Principado de Asturias, aún a sabiendas de que aquéllos a los que va dirigida -porque a él ya he tenido oportunidad de decírselo en público y en privado en numerosas ocasiones- no van a entenderla porque requiere cerebro y limpieza de corazón. Somos amigos, claro que somos amigos; tanto, que nunca nos hemos pedido nada indebido. Tanto, que nunca nos hemos puesto, el uno al otro, en un compromiso, más allá de los personales. Tanto, que nunca nos hemos permitido amenazarnos o chantajearnos, ni con las subvenciones ni con las inspecciones. Tanto, que nos respetamos incluso cuando no estamos de acuerdo; o más aún que cuando lo estamos. Tanto, que respeto su decisión y la de la Federación de oponerse al cultivo de mejillón, sin retirarnos, ni por un segundo, el saludo como él respeta que yo tenga mi propio criterio técnico.

Eso es lealtad. Y la mía me pide ahora instar al sector pesquero asturiano a apoyar a quien siempre se ha caracterizado por su talante conciliador, por su generosidad y su dedicación, y a aislar a quienes no dudan en utilizar los argumentos más sucios, para intentar ganar una batalla que no se han atrevido a librar, y cuyas consecuencias pueden ser el desprestigio del sector y la desaparición de la Federación de Cofradías cuando más falta nos hace.

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