«Nuestros alumnos son cada vez más brillantes y con más ganas de aprender»

«Cuando se trata de música al final hablamos siempre de belleza, porque todo el mundo tiene sensibilidad aunque en algunos esté algo dormida»

30.07.2013 | 02:18
Santiago Ruiz de la Peña, en la Corrada del Obispo, donde está el Conservatorio que dirige.
Santiago Ruiz de la Peña, en la Corrada del Obispo, donde está el Conservatorio que dirige.

Nuevo director del Conservatorio Profesional de Oviedo

Javier NEIRA


El catedrático de violonchelo Santiago Ruiz de la Peña es el nuevo director del Conservatorio Profesional de Oviedo donde, como indica, los alumnos son cada vez más autoexigentes. Concibe el centro como un servicio público. Todo está en función de los estudiantes. Tratan de formar artistas y buenos ciudadanos. La música, subraya, mejora a las personas en todos los sentidos.


-¿Cuáles son las cifras del Conservatorio profesional de Oviedo?


-Tenemos 350 alumnos en seis cursos. Están entre los 12 y los 18 años fundamentalmente. Son estudios que coinciden con la Secundaria y con el Bachillerato. Somos 53 profesores. Contamos con 21 especialidades instrumentales y a parte estudios de acordeón, canto, gaita...


-¿Cómo logran los alumnos simultanear los estudios de música con la ESO y el Bachillerato?


-Los chicos están muy motivados y lo mismo sus familias. Llegan aquí después de cuatro años en la escuela de música. Saben el esfuerzo, económico y de tiempo, que supone. Están en el instituto hasta las dos y media, van a comer y a veces una hora después, aquí, en clase.


-¿Qué expectativas tienen?


-Según una encuesta que realizamos el 58 por ciento de las familias ve a sus hijos haciendo dos carreras: los estudios superiores de música y otra. Normalmente piensan en Musicología o Magisterio musical que son bastante complementarias. Un 12 por ciento piensa hacer solo estudios superiores de música que tal y como están las cosas es un porcentaje alto. El profesional, lo termina un 75 por ciento. No está mal.


-Esfuerzo ¿y qué más?


-Tenemos alumnos excepcionales. Los que siguen, compatibilizan. No se cómo se arreglan. Tienen la cabeza muy estructurada. Ayudan las familias. Alumnos nuestros logran premios de literatura o matemáticas. Un alumna que tuve el año pasado tenía de las mejores calificaciones de Bachillerato en el instituto Calderón de la Barca de Gijón.


-Encima, viajando.


-Podía con todo.


-¿Los estudiantes aportan novedades sucesivamente?


-Nuestros alumnos son cada vez más brillantes y con más ganas de aprender. Tienen asimismo muchas ganas de aprovechar el tiempo, de sacarte todo lo que tienes dentro.


-¿Más chicas que chicos?


-Sí, más chicas que chicos.


-¿Son mejores?


-Bueno, a esas edades ellas van por delante pero después los chavales recuperan pronto el terreno.


-Usted es violonchelista.


-Mi padre dudaba entre el violonchelo y el piano para mi. Quizá influyó mi tío Luis Miguel para inclinarme por la cuerda. Era viola. Mi padre Juan Ignacio era catedrático de solfeo y armonía en el Conservatorio y periodista en Radio Nacional. Mi tío abuelo Luis era músico. Pero en la generación siguiente los músicos fueron sus sobrinos aunque Juan Luis, el teólogo, era también un gran pianista.


-Volviendo a la conciliación...


-Cada vez tenemos más alumnos en el Conservatorio que están al mismo tiempo estudiando en el instituto Aramo porque es el único centro de Oviedo donde se imparte el Bachillerato artístico. Solo dan las materias comunes. No cursan las optativas. En el Conservatorio hacen el grado profesional de música y como resultante de ambos les dan el Bachillerato artístico.


-Una solución excelente.


-Es para gente que lo tenga muy claro porque puede cerrar otros caminos. En todo caso permite hacer las prueba de la PAU si bien quizá no tienen todos los conocimientos específicos. Es para gente excelente, con mucho talento. Los ves. Cuando tienen doce o trece años ya ves cómo van. Qué sonido, qué afinación, qué madurez. Ves la seriedad con que trabajan. Enseñamos destrezas musicales y al tiempo valores como el esfuerzo. Cuenta mucho la rutina entendida como un trabajo diario que hay que hacer. Hay que tocar todos los días, sábados y domingos también. Más aún, la gente que llega al Conservatorio con verdadero talento casi hay que dejarlos a su aire, nuestra labor casi consiste en no molestar.


-¿Cuenta el oído?


-El oído, la afinación... tocar y escucharse uno mismo. La música la tienes dentro y no se mezcla con lo que está sonando. Hay que escuchar. Al tocar estás moldeando como un alfarero un jarrón. Y además hay que escuchar a los demás cuando se hace música de cámara o se forma parte de una orquesta.


-¿Y la sensibilidad?


-Como con la poesía. Como cuando se recita alto. O en el teatro, que hay que meterse en el personaje. Cuando se trata de música al final siempre hablamos de belleza ya que todo el mundo tiene sensibilidad, aunque en algunos esté algo dormida.


-¿Qué debe hacer un maestro?


-Despertar las capacidades del alumno o al menos no ahogarlas. El violonchelo, por ejemplo, tiene unas medidas estándar y tengo alumnos que lo tocan con 1,50 de estatura o con 1,80. El profesor tiene unas ideas de técnica que le enseñaron y también que le trasmite la experiencia. Y eso hay que aplicarlo a los alumnos que son muy distintos. Este alumno responde a tal estímulo y el otro, sin embargo, no. Estás siempre dándole vueltas a esas cosas.


-¿Cuándo se decide un chaval por el violín o por el piano?


-En la Escuela de Música. Es complicado. Optan por lo que conocen visualmente. Piano, violín o guitarra fundamentalmente. Violonchelo también bastante. Y la flauta. Otros como el trombón se eligen menos.


-Mejor para ellos.


-Menos competitividad después a la hora de encontrar trabajo.


-¿Qué ocurre con los que no completan todos los niveles?


-Un treinta por ciento de los que acaban el Conservatorio profesional lo deja ahí y no pasa al superior. En todo caso, serán unos muy buenos aficionados a la música clásica, llenarán los teatros, serán socios de la Filarmónica, irán a la ópera y a sus hijos les inculcarán la afición a la música. Gente con sensibilidad hacia la belleza.


-¿Qué le mueve y motiva?


-Si estamos aquí es por los alumnos. No voy a decir que son nuestros clientes pero casi. El Conservatorio es una institución pública. Gestionamos unos recursos. Tenemos un presupuesto. Y una finalidad: garantizar que los alumnos tengan una formación artística. El principio y el fin es el alumno. Una persona que se levantó a las siete de la mañana después de, quizá, acostarse tarde porque tenía exámenes en el instituto, llega a aquí después de comer y a tocar. Les gusta. Van a tener momentos de debilidad. Hay que apoyarlos. No se deben desanimar. Y de los 12 a los 18 un crío evoluciona mucho. Hay que tener paciencia. Las clases son individuales, existe una gran cercanía. Y al tiempo hay la distancia necesaria entre el maestro y el alumno. Y, claro, respeto mutuo. Así seis años viéndose constantemente.


-En su caso.


-Enrique Correa fe mi primer profesor. Estaba en la orquesta de la Televisión. Cuando llegaron «Los Virtuosos de Moscú» yo estaba en Madrid y venía a Oviedo a recibir clase de Alexander Fedorchenko.


-¿Qué le falta al Conservatorio?


-Un piano de cola vale 30.000 euros, así son los presupuestos.


-Ruiz de la Peña, ovetense, músico...


-Ovetense de la Piñera, en frente de la Fábrica de Armas. Me bauticé en la Corte. Estudié en la Gesta y en el Alfonso II. Empecé música con mi padre en la calle Rosal. Después con Enrique Correa en Madrid. Colaboré con orquestas. Trabajé en un Conservatorio allí y aquí. Entré en la Escuela de Música de Oviedo. Gané las oposiciones al Conservatorio. Hice muchas colaboraciones con la OSPA. Por cierto, ahora hay una ley de incompatibilidades que complica las cosas.


-La saga de los Ruiz de la Peña empezó con don Ignacio.


-Llegó a Oviedo como organista desde Laredo y antes la familia procedía de Villarcayo. Acabó aquí toda la familia. Vivía donde las Salesas.

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