Por los caminos de Asturias

"Falstaff"

Controversias en torno a la ópera representada en el Campoamor, un aperitivo de los homenajes a Shakespeare que se avecinan

29.08.2015 | 04:47
Escena de la reciente representación de "Falstaff" en el teatro Campoamor.

El estreno de "Falstaff" de Verdi, en el teatro Campoamor de Oviedo, ha suscitado "división de opiniones" como los nuevos espectáculos taurinos. Lo más curioso del caso es que, de todos los personajes entrevistados con este motivo, nadie se ocupó de la ópera de Verdi: lo mismo podía haber sido "Rigoletto" o "Tosca", óperas sobradamente conocidas en nuestra ciudad, lo que no es el caso de "Falstaff".

Pero hubo quienes elogiaron que Muti haya dirigido la orquesta, como Ramón Sobrino, que afirmó que "ha sido un lujo artístico", y quienes deploraron el gasto, como el alcalde Wenceslao López, quien afirmó que "fue un lujo excesivo para las arcas municipales". Entre tantas voces elogiosas y discrepantes, el inevitable Antonio Masip aprovechó para hacer autobiografía: "Nací con la ópera, mi padre era un melómano y yo la apoyé en su día": esto es, que la apoyó cuando era alcalde de Oviedo.

Lo de que "nació con la ópera" resulta un poco exagerado: Antonio nació cuando la ópera ya llevaba varios siglos funcionando incluso en Oviedo. Sin duda lo que quiso decir es que nació en un hogar de gente aficionada a la ópera, como correspondía a la alta burguesía de su época, y al final hizo una pirueta propia de un político experimentado y poco menos que genial: de una parte, el espectáculo del "Falstaff" montado en el teatro Campoamor le pareció "fabuloso", mas añadió que "confía plenamente en el alcalde", a quien, como hemos visto, no le gustó tanto el espectáculo, o, por lo menos, no le gustó el gasto.

Pero sin gasto no hay espectáculo, hemos de resignarnos a contemplar las cosas así, y como Jaime Alvarez-Buylla recuerda con mucha oportunidad, los espectáculos de ópera están subvencionados hasta en el Covent Garden. Nadie como yo más contrario a las subvenciones. Pero no queda otro remedio que reconocer que, sobre todo en países con una "industria" cultural tan mediocre, o si se prefiere tan mezquina, como la de España, o hay subvención o no hay cultura pública.

El empresario teatral, el editor, el productor cinematográfico, no están dispuestos a arriesgar una peseta de su bolsillo, por lo que, o actúan cubiertos o no hay actuación. Añadamos que muchos empresarios están acostumbrados a colaborar con artistas que trabajan gratis o por cuatro perras, porque, si no, saben lo que les queda. Mas cuando se contrata a una figura de primera magnitud, hay que pagarla, y ya va siendo hora de que el público en general, y principalmente los políticos, se den cuenta de que no sólo cobran los futbolistas y que Muti no es menos que Messi.

El "Falstaff" del Campoamor fue un riesgo importante y una demostración de que Jaime Martínez no sólo es un aficionado entendido, sino valeroso. Su misión es ofrecer al público ovetense lo mejor que haya en este momento en el mercado operístico. Otra cuestión es la monetaria, de la que atinadamente dijo Masip: "Yo no entro en cuentas, que deben controlar los gestores". Una cosa es el gasto y otra el espectáculo, y está claro que al espectáculo no se le pueden hacer objeciones, salvo el gasto.

Una voz disconforme, por lo demás esperada, es la de Carlos Abeledo, para quien "la ópera no fue ninguna maravilla", aunque reconoce que "Oviedo sonó en toda España y en toda Europa con la ópera de Muti". La fama de Muti llega tan alto que una ópera dirigida por él deja de ser de Verdi.

Haber traído a Muti a Oviedo tiene todo el aspecto de una hazaña. No sé si quienes la programaron tuvieron también en cuenta su oportunidad literaria. El año que viene se cumple el cuatrocientos aniversario de la muerte de William Shakespeare. Estamos acostumbrados a oír y a leer que Shakespeare murió el mismo día que Cervantes, el 23 de abril de 1616. Es cierto, pero no es exacto. Por aquel tiempo, Inglaterra y España no se regían por el mismo calendario, por lo que Shakespeare murió unos días más tarde, precisamente el día de su cumpleaños (tan sólo 52 años, y son muchos los que se refieren a la vejez de Shakespeare, a Próspero que en "la tempestad" abandona su magia y arroja su libro al mar para vivir apaciblemente lo que le quedaba de vida).

Verdi tenía una especial devoción hacia Shakespeare, de quien toma los argumentos para sus obras de vejez (en este caso, auténtica vejez): "Otelo", escrita a los 73 años, y "Falstaff", representada por primera vez cuando ya había cumplido los 80. En sir John Falstaff, que nunca fue personaje protagonista de ninguna obra, pero que figura como personaje fundamental en "Enrique IV", "Enrique V" y "Las alegres comadres de Windsor", hay una reflexión muy amarga y muy desolada sobre la vejez. El viejo golfo, vividor y truhán, al final se queda solo. Tenía esperanza en que su gran amigo y compañero de francachelas, el príncipe Hal, le recibiera en la Corte cuando fuera rey: pero cuando Hal es Enrique V le rechaza, le da consejos (¡aquel aprendiz de golfo!) y le llama "anciano". Es un asunto muy adecuado para la reflexión de un anciano.

De todos modos, la ópera no fue idea suya, sino que Arrigo Boito le ofreció el libreto, que Verdi estuvo a punto de rechazar, alegando su avanzada edad. La ópera fue compuesta con lentitud, trabajando tan sólo dos horas al día; pero, en compensación, desechó todo tipo de proyectos, por lo que la obra fue terminada en 1892 y estrenada en la Scala de Milán el 9 de febrero de 1893, con éxito apoteósico.

La presentación de Falstaff sentado en un tonel no puede ser más típica. A Falstaff muchas veces sus amigos y sus enemigos le llaman "Tonel" (también bola de grasa" y cosas por el estilo que traen sin cuidado al despreocupado caballero). Su aspecto físico es imponente y llena la escena tanto en el teatro, como en el cine, como en la ópera. Sobre él se hicieron versiones espléndidas como "Campanada a medianoche", de Orson Welles, que presenta a Falstaff más como el personaje de las obras históricas, mientras que la versión de Verdi se atiene al escenario y al ambiente de "Las alegres comadres de Windsor". Orson Welles, que protagonizó y dirigió la película, solía decir que Falstaff es el único personaje que verdaderamente le interesaba interpretar como actor. La película de Welles está impregnada de la amargura y la melancolía que resultan de una reflexión histórica implacable. En la ópera de Verdi, el ambiente es de farsa, con los actos desarrollados en la hostería de "La Jarretera", en la que miss Quickly le llama "reverencia". Y no falta la misteriosa y mágica referencia a "Sueño de noche de verano", en la que Fenton se disfraza de Oberon. Existe una afinidad muy clara entre "La tempestad" y "Sueño de noche de verano", y un poco menos evidente entre ésta y "Las alegres comadres de Windsor" y "Cuento de invierno".

En estas cuatro obras shakesperianas hay elementos festivos que las acercan, aunque no se repara en ello. En lo que a sir John Falstaff se refiere, es uno de los personajes más completos de Shakespeare y el más querido por su autor... y por la Reina Isabel, que le pidió al dramaturgo que no lo desaprovechara y le diera una nueva oportunidad en "Las alegres comadres de Windsor". De propósito o por casualidad, la ópera de Oviedo, programando "Falstaff", se adelanta a los homenajes que sin duda se avecinan en honor del mayor poeta del mundo.

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