Suave es el tiempo

Los primeros contactos con la banda gallega

11.09.2015 | 08:32
Suave es el tiempo

A veces, los detalles más mínimos vienen cargados de significado. "Los Suaves", banda gallega de rock con legión de seguidores en Asturias, anunció hace meses el inicio de su gira La música termina que, como seguramente intuirá el lector, viene a decir que se acabó lo que se deba: "Los Suaves" se bajan de los escenarios.

También significa, para toda una generación de ovetenses que pensábamos ser siempre jóvenes, que el tiempo pasa también para nosotros. Que de aquellas noches en la plaza de toros, con entradas a 500 pesetas para ver a "Los Suaves" y a "Ilegales", de aquel primer olor a porro, de aquellas litronas infiltradas bajo la ropa, quedará ya para siempre un recuerdo que a veces tiene forma de sabor. No es de tristeza, es de alegría por lo bien que se pasa.

A unos cuantos ovetenses que íbamos para carbayones de manual, que pensábamos que Oviedo se acababa en la calle Uría, encontrarse con aquellos melenudos gallegos nos supuso una revelación, una especie de salvación cultural inesperada. Aquel libre albedrío escénico que podía (y aún puede) llevar a Yosi, líder de la banda, a hacer un concierto glorioso o una castaña que termine con sus huesos en el suelo de la pista. Aquellos primeros acordes de "No puedo dejar el rock", electrizantes y estimulantes, le transportan a uno directamente a la adolescencia.

Desconozco el lugar que les guardará la historia de la música, pero seguramente se quedarán para siempre en la memoria de esta ciudad, cuyas gentes tienen espacio en el disco duro mental para la ópera y para el rock. Porque el norte siempre ha sido megalómanamente clásico, pero también rockero. Y si no, que se lo digan a mi armario, que la única camiseta negra que ha albergado en su vida (más allá de las suplentes del mejor equipo del mundo) ha sido la del mítico gato negro de la banda de Orense. O a los rezos que algunos echamos en las verbenas de verano para que la orquesta de turno toque alguna que no sea "Dolores se llamaba Lola", y así salvar, musicalmente hablando, las almas de los carapijos contemporáneos que un día, parece que fue ayer, éramos nosotros.

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