La Nueva España

La perfecta combinación entre naturaleza, tradición y etnografía

El suroccidente asturiano cuenta con un rico patrimonio natural, cultural e histórico

09.06.2016 | 03:43

El suroccidente de Asturias es muy rico. Rico en cultura, en historia, en gastronomía, en patrimonio rural o en arquitectura, así como en espacios naturales. Ocupa un amplio territorio compuesto por los concejos de Salas, Allande, Tineo, Degaña, Ibias, Valdés y Cangas del Narcea, siendo éste último el más extenso del Principado. Algunos de ellos integran la denominada "Comarca Vaqueira", fiel representación de la variedad y riqueza asturiana, con una personalidad singular. Una comarca de impronta medieval, ganadera, trashumante, indiana, minera, castreña o romana, repleta de gentes hospitalarias, naturaleza pródiga y de paisajes sin fin.

La comarca suroccidental asturiana representa un espacio de indudable personalidad minera, que se identifica en lo esencial con la cuenca antracitera del Narcea. Pese a ello, no deja de presentar unas estructuras territoriales y unos paisajes eminentemente rurales y agrarios de corte tradicional, por más que el laboreo carbonero haya sido y siga siendo aún una realidad, inmersa, eso sí, en una profunda crisis. Una zona bella y rica que enfrenta el futuro de la mano de la renovación urbana, de la mejora de las comunicaciones y en la puesta en valor del rico patrimonio territorial (natural y cultural) con el que cuenta.

Entre los grandes atractivos del suroccidente del Principado se encuentra el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, que alberga rincones tan emblemáticos y exclusivos como la reserva de Muniellos, el mayor robledal de Europa y uno de los pulmones verdes de la región. La perfecta combinación entre los tradicionales usos humanos y la conservación del medio natural ha permitido la convivencia con fauna salvaje tan emblemática como el oso pardo cantábrico, del que pueden observarse algunos ejemplares en ciertas épocas del año.

Famosa es también esta zona por los vestigios y recuerdos de antiguos pobladores, quienes dejaron en la comarca una rica muestra de patrimonio rural, como los túmulos, dólmenes y castros neolíticos, como el de Seroiro y Pradías, en Ibias; antiguos señoríos de la Edad Media cuya impronta se refleja en palacios y casonas rurales, algunas de ellas presentes en el casco histórico de Cangas del Narcea o en la fundación del monasterio de Corias, cuyas instalaciones pueden disfrutarse como parador nacional.

No debe olvidarse que esta zona de la región es, asimismo, el paraíso de los viñedos de montaña, cuyo cultivo se remonta a la Edad Media. Su vino, peculiar y único, es elaborado de manera tradicional incorporando procesos innovadores que aseguran un producto de calidad reconocido en la actualidad con la denominación Vino de Calidad de Cangas, un vino que atesora los colores, aromas y sabores de la tierra que los ve nacer.

Digno de visitar también es Tineo, tierra donde los romanos hallaron una fuente inagotable de recursos, entre los que destaca el oro, cuyo bateo se ha convertido en una tradición en la parroquia de Navelgas, y que puede presumir de una gastronomía única, como el chosco. Una gran despensa ecológica, pasado minero, prehistoria como la que aflora en el dolmen de Merillés y naturaleza en un mismo espacio. Allande, por su parte, exhibe cultura castreña en San Chuis, el mejor románico occidental en Santa María de Celón o arquitectura y tradición indiana en Pola, que también tiene ejemplos de palacios medievales como el de Cienfuegos. Un concejo que se dispersa en caserías y ganado, en paisajes amables y gentes afables, lo mismo que Salas, con una capital medieval que crece en torno al castillo de Valdés Salas. Tierra rica en salmones que muestra su condición de ruta jacobea, de pueblos indianos como Malleza y Mallecina, y de senda peatonal a la vera del Narcea.

El suroccidente asturiano. Un escenario de montañas, bosques de ensueño, ríos, arroyos y fuentes, un espacio de oficios casi para el recuerdo, de gentes comunicativas y amables, de perfecta comunión entre naturaleza y civilización, donde merece la pena perderse. Una única visita enamora.

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