02 de junio de 2012
02.06.2012

«La Comisión de la Fe me acusa sin la mínima seriedad teológica exigible»

«Aunque no puedo renunciar a la claridad, quiero escapar de todo asomo de amargura o agresividad»

02.04.2012 | 11:01
El teólogo gallego Andrés Torres Queiruga.

Teólogo

La Coruña, Isabel BUGALLAL


El teólogo gallego Andrés Torres Queiruga (Ribeira, La Coruña, 1940) afirma que la notificación en la que la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española -el antiguo Santo Oficio- le censura carece de rigor, y asegura que la decisión estaba tomada desde hace años. La Comisión considera que el pensamiento de Torres Queiruga no es conforme a la doctrina oficial de la Iglesia y siembra la confusión entre los fieles


-¿Cómo se siente tras la notificación?


-Si he de decir la verdad, personalmente tranquilo. Me da pena el desconcierto innecesario que se ha armado en tiempos en los que lo que más precisa la Iglesia es ser órgano de fraternidad y luz de libertad. Esta notificación no contribuye a hacer creíble en mensaje del que está encargada y al que se debe.


-¿Cómo juzga el procedimiento utilizado por los obispos?


-No son «los» obispos, esto hay que aclararlo, sino una comisión muy concreta y con una teología muy estrecha. Ha procedido sin verdadero espíritu de fraternidad eclesial y, aunque sea un poco duro decirlo, sin el mínimo de seriedad teológica exigible.


-La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, después de estudiar el conjunto de su obra, concluye que «no es siempre compatible con la interpretación auténtica que ha dado la Iglesia de la Palabra de Dios escrita y transmitida», ¿se siente descalificado?


-Lo primero que siento tener que decir es que no debería afirmarse que se ha estudiado el conjunto de mi obra. El documento muestra un desconocimiento profundo de lo que en ella se propone. Y no estoy diciendo que nadie tenga obligación de estudiarla. Pero si pretende juzgarla, sólo puede hacerse legítimamente desde un estudio suficiente y con una hermenéutica actualizada. En el documento se me atribuyen cosas o se duda de otras de un modo que resulta objetivamente descabellado, y reconozco que estas son palabras duras. Invitaría a quien esté interesado a que constate cómo varias veces no resulta difícil comprobar que incluso en un mismo párrafo el juicio que da no se corresponde con la cita literal que aduce. En esas circunstancias no puedo sentirme descalificado y, mucho menos, admitir que mis propuestas no sean compatibles con la fe; otra cosa es que no lo sean con una teología concreta, que en general no es precisamente la de un pensamiento verdaderamente actualizado.


-¿Se siente un nuevo hereje del catolicismo español?


-Eso, y perdónese la expresión, es un simple disparate que no merece comentario. Tampoco lo dice el documento, claro está.


-El órgano de la Iglesia heredero del Santo Oficio de la Inquisición asegura haber recibido «repetidas» consultas sobre la conformidad de sus escritos, ¿había sido advertido con anterioridad de esas denuncias?


-No conozco esas consultas, y no hay por qué negarlas. Nunca, que recuerde, se me ha avisado de ellas. Lo que sí puedo afirmar es la lluvia fecunda de testimonios que me han llegado y me llegan continuamente de personas que me dicen que mi teología las ha ayudado a mantenerse en la fe o incluso a volver a la que habían abandonado. Tal vez algún día publique una antología con testimonios a veces conmovedores.


-¿Tuvo ocasión de explicarse en alguna ocasión?


-Gracias a la insistencia del arzobispo de Santiago hubo una reunión, que por falta de tiempo y de preparación no pudo cumplir los mínimos requisitos de un diálogo teológico serio. Un diálogo al que siempre me he mostrado dispuesto y para el que pedía, y sigo pidiendo, un compromiso explícito y en conciencia de estudiar los temas en cuestión y estar decididos, empezando por mí, a buscar la verdad y sólo la verdad. En este caso, la decisión estaba tomada, y desde hace años, como he podido comprobar comparando el documento del año 2008-2009 y el presente.


-¿Cree que es una condena en toda regla o es sólo una advertencia de los obispos para acallarle?


-No es condena y así se aclara. Pero desgraciadamente, como condena acaba apareciendo ante la opinión. Por fortuna, nadie me ha mandado callar ni nadie tendría autoridad para hacerlo. Aunque sólo fuera por aquello tan originariamente cristiano de que «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». Y la teología es mi vocación irrenunciable.


-¿Quiénes considera que han sido promotores de la llamada notificación?


-Tengo mi hipótesis bien fundada, pero sin seguridad plena no quiero manifestarla. Los interesados sí deberían salir a la luz, en gracia a la verdad y al espíritu de diálogo fraternal y de limpieza eclesial.


-¿Ha recibido muestras de solidaridad? ¿Qué otros teólogos se identifican con usted o con su obra?


-Es una auténtica riada. Desde la tarde del viernes hasta este momento no he cesado de recibir adhesiones y palabras de ánimo. Una de las últimas, de monseñor Pedro Casaldáliga. Y siguen. La pena es que no puedo contestarlas como me gustaría, aunque hago lo que puedo?


-¿Va a mantenerse en su línea de pensamiento y seguirá escribiendo?


-No lo dudo. Es mi vocación, que vivo con dedicación plena y entusiasta. Me gustaría poder acabar pronto un libro que este triste episodio ha venido a interrumpir: «Alguien así es el Dios en quien yo creo». Me gustaría que fuese de algún modo una primera contestación tranquila y fraternal, pues, aunque no puedo renunciar a la claridad, quiero escapar de todo asomo de amargura o agresividad.

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