Cómo conseguir la felicidad (III)

Tomar las riendas de nuestras vidas para alcanzar la plenitud

30.08.2015 | 03:41
Cómo conseguir la felicidad (III)

Todas las personas en este planeta buscamos la felicidad. Deseamos alcanzar ese bienestar que nos permite disfrutar de la vida con plenitud. Pocas personas lo consiguen. Y todo porque la mejor de las vidas está llena de derrotas, frustraciones y sufrimiento. Ninguna, por maravillosa que sea, se libra de dificultades y retos. Y hay que saber solventarlos, vivirlos con una actitud mental que nos permita forjar el carácter, tomar el aprendizaje que nos ha dado ese asunto negativo y, una vez resuelto, sentir la certeza de que lo hemos superado. Por eso, si queremos navegar con relativa tranquilidad por este inmenso océano que es la vida, no nos queda otra alternativa que permanecer alerta e impedir por todos los medios que la negatividad invada nuestras vidas. Debemos instalar en nuestra mente creencias y hábitos positivos. Podemos hacerlo, en nuestras manos está. Tenemos un inmenso poder interior que, si aprendemos a manejarlo en lugar de escaparnos mentalmente de las dificultades, en muy poco tiempo las afrontaremos de forma totalmente natural. Y nos volveremos fuertes, firmes, perseverantes y persistentes, lo que nos conducirá a una existencia armoniosa y positiva. No nos queda otra alternativa. Necesitamos salir de esta crisis económica, de valores? Pero, ¿qué significa la crisis? Pues, sencillamente, es la corrupción interna de las personas, la pérdida de su humanidad, de sus valores, del sentido de sacralidad en la vida. Por eso, la solución está en el cambio. De una vez por todas es necesario comprender las causas reales internas que producen el problema guiándonos por las emociones, por la forma en que nos sentimos. Esa tiene que ser nuestra guía. Necesitamos estimular el cerebro, llenarlo de energía y equilibrio emocional. Tenemos que visualizar los objetivos de otro modo, enfocarnos en ellos de forma diferente y construir la vida de una manera más auténtica. También trabajar con el cuerpo, para que no guarde las memorias somáticas y, desde luego, eliminar tensiones posturales y musculares. Entonces, cuando llegue la noche, te acostarás y te dormirás inmediatamente, porque estarás en paz, y por la mañana te levantarás cargado de energía para disfrutar plenamente de ese nuevo día, lleno de maravillosas sorpresas. Debemos tener en cuenta que no somos seres viviendo una vida. Somos la vida misma. Si cambiamos nuestra percepción de los que está sucediendo, de la realidad, todo cambiará. Tenemos, de una vez por todas, que dejar de sentirnos víctimas del destino.

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