22 de agosto de 2017
22.08.2017

La "generación Cobi", entre la abundancia y los recortes

Los asturianos del 92 creen que les han tocado tiempos más duros Son viajeros y algo individualistas y descartan que España pueda repetir cita olímpica

22.08.2017 | 05:45

Duros tiempos en los que les ha tocado formarse a los integrantes de la generación del 92 en el Principado. Como si el año olímpico en el que nacieron les hubiera contagiado su carácter, los jóvenes de 25 años de hoy aceptan que van a tener que pelear por hacerse un hueco en el mercado laboral pero no renuncian a ninguno de sus objetivos ya sea en disciplinas artísticas, técnicas o en el deporte. LA NUEVA ESPAÑA ha hablado con los asturianos que este año cumplen 25, para saber cómo piensa, siente y vive una generación que afronta sus dificultades con lucidez y empuje, sin perder el norte. Esforzados, individualistas, viajeros -por imposición-, tecnológicos, con conciencia de ser una generación puente, éste es su relato de quiénes son y a qué aspiran.

Adrián Prado Cobrero nació en Oviedo pero reside en Piedras Blancas (Castrillón). Vino al mundo el 15 de junio de 1992, un mes y diez días antes de que el arquero Antonio Rebollo disparase la flecha que encendió la llama olímpica en el pebetero de Montjuic iluminando el cielo de la Ciudad Condal y dando inicio a los Juegos Olímpicos de Barcelona. Este joven ya terminó los estudios de Diseño de Producto y ahora se encuentra desarrollando su propia página web. Aunque él todavía ni balbuceaba cuando media España irradiaba felicidad con la celebración del evento, sus padres sí le impregnaron ese espíritu olímpico. Adrián Prado tiene una vaga idea de lo que supusieron los Juegos para los españoles. "Parece que hubo bastante adelanto cultural; antes las ciudades punteras solo eran Barcelona y Madrid. Está claro que supusieron un antes y un después", explica. A esta "generación de Cobi" le ha tocado la parte más dura de la crisis y Prado cree que eso deja huella: "Mi generación tiene una visión muy diferente a las anteriores. Vemos el trabajo de una manera más liberal; no entendemos esa idea del trabajo para toda la vida". De lo que se lamenta este veinteañero es de la falta de oportunidades que hay en España para encontrar un empleo.

Álvaro Fernández "casi" no llega a pertenecer a la generación olímpica: este joven castrillonense nació el 18 de diciembre de 1992. Estudió el grado de Química en la Universidad de Oviedo y ahora sigue su formación con un máster de especialización en su rama. Todo lo que conoce Álvaro de los Juegos Olímpicos de Barcelona lo vio por internet y la televisión. "Hace poco repitieron bastante en televisión algunas competiciones de los Juegos", afirma este aficionado al baloncesto a quien le impactó sobremanera el "Dream Team". Asegura que no conoce muy bien el entramado de los espectáculos deportivos pero ve "muy complicado" que se volvieran a repetir los Juegos en nuestro país. "Estaba lleno de banderas de España y toda la gente parecía que tenía un sentimiento bastante exaltado, algo que ahora en Barcelona quizás sería más difícil de conseguir", opina Fernández. Varias cosas tienen en común los jóvenes de su generación, según su punto de vista. "Nos llaman a casi todos los olímpicos y también vemos la vida de manera similar. Nos falta trabajo y somos una generación muy golpeada por la crisis", comenta. A él no le queda más remedio que salir de España en próximas fechas para encontrar algo mejor. Lo tiene asumido.

El avilesino Nacho Álvarez Menéndez nació el 7 de julio de 1992, es decir 18 días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Como jugador de baloncesto en las filas de la Atlética Avilesina, este joven se queda de aquellos juegos con el "Dream Team" americano, el mejor equipo -dicen- que pisó jamás una cancha. "Tengo a Michael Jordan de póster en mi habitación y tuvo que ser una pasada verlo en directo al lado de Magic Johnson, Larry Bird, Charles Barkley..."

Los americanos ganaron la final a la Croacia de otro de sus ídolos, el fallecido Drazen Petrovich, y no se olvida del bronce español con los Epi, Romay, Jiménez, Villacampa y compañía. "En vídeos los tengo a todos. A Jordan lo vi un poco con 8 años, pero fue demasiado poco para lo que me hubiese gustado", señala. Este avilesino destaca que en estos 25 años el deporte español mejoró, "sobre todo en los deportes de equipo", y valora positivamente el plan ADO, aunque sostiene que "siempre se puede innovar" pensando, sobre todo, "que los deportistas son personas y no sólo una opción de medalla". Es optimista respecto al futuro del deporte siempre que haya dinero porque "para competir en la elite hay que ser profesional", pero su optimismo baja a la hora de hablar del futuro de los jóvenes. Él estudió los nuevos módulos de Ingeniería Mecánica y trabaja de becario en una empresa de Mieres. "Los sueldos son bajos y veo poca inversión en las empresas que den trabajo a los jóvenes, pero supongo que la gente se tendrá que jubilar y podremos entrar nosotros", comenta. Respecto a la posibilidad de que España organice otros Juegos Olímpicos, tiene dudas. "Viendo el fracaso de Madrid y el dinero que se invirtió no sé si compensaría el gasto", dice.

El ovetense Pablo de la Peña no había nacido cuando se encendió la llama olímpica de Barcelona. Aun así no pierde la oportunidad de reflexión sobre la evolución del país en este último cuarto de siglo. "Yo que trabajo con niños prefiero mi infancia que la que viven ahora. Antes éramos mas libres, ahora están sometidos a la tecnología", sostiene. "En mi caso, donde yo vivía, en La Corredoria, había una cancha de futbol al lado de casa, íbamos con la bici a todos los lados, había control parental pero había una sensación de menos peligro. Todos teníamos un balón. Ahora ya no ves a tantos críos jugando en el parque,", añade. A su generación, dice, nunca les absorbió la tecnología tanto como ahora: "A los que eran un par de años más mayores les pilló la aparición de la Game Boy, era la moda". En lo económico, indica , el país vivía una situación más boyante: "Ahora la gente sigue teniendo cosas, pero de aquella había menos variedad. Era todo más caro, ahora las cosas las hay de mil precios".

Cuando Pablo de la Peña acabó el Bachillerato decidió que iba a hacer dirección artística, hice el bachiller de artes, siempre me gusto, estuve metido en cosas de música. "Al final lo quitaron de Gijón, y tire de la opción B que era el deporte. Ya estaba entrenando al baloncesto, fui a tafac, y mientras termino los estudios sigo entrenando. El futuro no lo tengo muy encaminado, esto no da para vivir muy bien el día de mañana. Lo hago más bien cómo hobby", indica. La suya fue una generación con más ilusiones, "ahora los críos solo quieren ser funcionarios o estudiar 20 años para ganar diez mil euros al mes, nosotros queríamos ser felices haciendo lo que nos gustara",. Mientras tanto planea seguir metido en el deporte: "Intentaré vivir de ello, pero sino me planteo preparar una oposición al ayuntamiento, policía y guardia civil. De momento he elegido esto y es lo que hago", concluye.

Ricardo Blanco Aguilera se ve, sin querer, fuera de España. "Antes de entrar a la universidad das por hecho que vas a estudiar una carrera buena y que encontraras un trabajo con facilidad, pero según vas estudiando ves que va a ser complicado por la situación económica del país. Admitimos las condiciones que nos dan, aceptamos que hay que hacer recortes y que no se nos puede dar un salario digno. Pero si miras el PIB las empresas están facturando lo mismo que antes de la crisis pero los salarios son mucho más bajos. Aunque haya más oportunidades de trabajo no las luchamos", reflexiona este asturiano de la "generación Cobi", formado como ingeniero de Caminos que trabaja en la Universidad de Cantabria. "En las universidades de España la situación laboral es bastante precaria, siendo un pilar fundamental en la economía de un país; no se les da la importancia ni los recursos que se merece. En otros países de Europa se exporta tecnología, y aquí la importamos", razona Blanco.

A la hora de hacer memoria de su infancia, aprecia diferencias significativas. "Ahora claramente están marcados por la tecnología. Antes estábamos en la calle, jugábamos al balón o a los típicos juegos de policías y ladrones", explica en comparación con los niños de ahora "que están con los móviles o las consolas. Diría que la infancia que teníamos antes era más natural. Hoy los niños son más dependientes y más aislados".

Tampoco existe una "cultura de protesta. Aceptamos todo como es, la única protesta que creemos hacer es compartir cosas por Facebook. Eso no contribuye a regenerar la sociedad ni tener una cultura más colectiva". Por ahora le gusta la vida en España, "pero si me saliera una oportunidad fuera no me importaría marcharme, aunque me gustaría volver algún día".

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