Viengsay Valdés, novia y patrona

La bailarina cubana actuó el viernes en el Niemeyer, se casó el sábado en Oviedo y ayer fue distinguida por la Fundación Don Pelayo: "Es un honor poder ayudar desde el arte", afirma

26.11.2013 | 05:20
En el centro, Carlos Herrero y Viengsay Valdés, con los padres del novio y padrinos de la boda, Carmen Franco y Carlos Herrero. | miki lópez
En el centro, Carlos Herrero y Viengsay Valdés, con los padres del novio y padrinos de la boda, Carmen Franco y Carlos Herrero. | miki lópez

Viengsay Valdés es la primera bailarina del ballet de Cuba. Actuó el viernes en el Niemeyer y el sábado se casó en Oviedo, en la iglesia de San Juan, con el asturiano Carlos Herrero, ovetense que vive en La Habana y al que conoció en 2009. Valdés es una bailarina que está en el top mundial, valorada por los más prestigiosos periódicos entre las cuatro mejores de la danza contemporánea. No en vano de ella ha escrito el "New York Times": "pequeña, poderosa y capaz de hacer estremecer al auditorio con sus numerosas piruetas y prolongados balances en una punta conquistó al público".

Toda una artista que, sin embargo, se muestra cercana y comprometida. Ayer fue distinguida en el hotel Reconquista de Oviedo como patrona de honor de la Fundación don Pelayo. En el acto, la acompañaron el presidente de la organización, Tomás Casado, y la soprano Tina Gutiérrez. El periodista Carlos Rodríguez fue el maestro de ceremonias. Para Viengsay Valdés es un "honor" formar parte de la institución, pero también un reto: "Las artes tienen que estar en función de la humanidad, que sirvan de apoyo y disfrute de los seres humanos. Un honor participar en esta Fundación a través de la danza y aportar todo lo que yo pueda", dijo a LA NUEVA ESPAÑA esta bailarina cuyo nombre significa Victoria.

Como ella misma dice no hizo falta ninguna reflexión profunda ni nada parecido para aceptar formar parte de la Fundación don Pelayo: "Me llegó la propuesta a través de Tina Gutiérrez y su esposo, Armando, que es cubano. Y acepté. Fue algo inmediato, pienso que el ser humano necesita del arte. Y ahí estaré yo para brindar el mío", matiza la bailarina que, explica, se siente satisfecha de su actuación en el Niemeyer de Avilés, aunque no es una obra donde se "luce una bailarina. Me refiero a la cuestión técnica. Es más para el histrionismo del personaje que para la técnica. No es un ballet en el que se muestran todas las dotes; pero no hay que menospreciarlo. Son otros roles. He estado feliz en el escenario".

De sus tres acontecimientos estos días en Asturias hay uno muy íntimo, muy profundo que sobresalió pro encima de todos: su boda en Oviedo, con un ovetense, Carlos Herrero, en una iglesia célebre, San Juan el Real. Es decir, en pocos días la gran bailarina cubana ha sido esposa en su boda y patrona de honor de una fundación, una especie de madrina ilustre. Pero, claro, nada como algo tan suyo, tan de cada uno, como el matrimonio. "Conocí a un español de Oviedo en La Habana", cuenta la artista. "Llevábamos cuatro años de relación. He venido muchas veces aquí a Asturias; y me he ido acercando cada vez más", relata la bailarina, que añade que "este nombramiento me enraizará más aquí. Un deber hacia Asturias", argumenta Valdés.

Un objetivo más en un mundo, el suyo de la danza, en el que la exigencia es absoluta: "Empiezas en la escuela con una selección rigurosa", explica. Y a partir de ahí es una "carrera muy sacrificada. Toda esa etapa de aprender el repertorio en la compañía es muy exigente y no se permiten fallos técnicos".

Para llegar a la cima, cuenta la primera bailarina del ballet fundado por una leyenda, Alicia Alonso, hay que tener dedicación absoluta: "He entregado mucho porque es la única forma de alcanzar lo que quieres, la constancia y la disciplina son totales y eso es lo te da el estar entre las cuatro del mundo. Es una responsabilidad pero no te quita nada del disfrute. Yo disfruto mucho y termino mis actuaciones feliz". La pareja vive en Cuba, pero entre unas cosas y otras su pensamiento es el de estar en conexión con Asturias todo lo posible. Acaba la conversación con su más bello recuerdo de estos últimos días en el Principado: "La boda fue bellísima. Fue un momento muy especial en el pude traer a mi madre y algunos amigos de Canadá, Londres y Barcelona. Fue bellísima".

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