05 de diciembre de 2012
05.12.2012
 

La rubia que era una máquina jugando al ajedrez

David Fogel, premiado por el centro de Soft Computing de Mieres, desarrolló un programa capaz de aprender por sí solo las innovaciones del juego

05.12.2012 | 13:31
David Fogel, el viernes pasado en el Campus de Mieres.| silveira

Una rubia experta en ajedrez y damas. El investigador norteamericano David Fogel decidió llamar así, blondie (rubia en inglés) al primer programa capaz de jugar al ajedrez sin intervención humana. Fogel recibió en el campus de Mieres el premio internacional Cajastur «Mamdani», que concede por la Fundación para el Progreso del Soft Computing.

Todo ocurrió hace unos doce años, cuando el investigador decidió probar su programa enfrentándolo en partidas con humanos, aunque sin que estos últimos supieran quién era en realidad su rival. Fogel utilizó una red de juegos de internet llama «Ozone» y empezó a jugar con el apodo de «David1101». «Pero nadie quería jugar con nosotros, así que cambiamos el apodo a "Obiwanthejedi", en referencia a la saga "Star Wars", y entonces la situación cambió de forma radical y el número de rivales nos desbordaba», explica el investigador. Sin embargo, y a medida que iban venciendo a quienes se enfrentaban con el programa, se percataron de que estos últimos les insultaban a través del chat habilitado en el juego, así que decidieron cambiar de estrategia. «Primero pensamos en quién podría estar detrás de esos ordenadores, no eran mujeres, tampoco hombres mayores. Tenían que ser hombres jóvenes, y una mujer es lo que más influye a un hombre, así que cambiamos el apodo a "Blondie24"». Para completar ese cambio de sexos digital los investigadores perfilaron una personalidad. La joven tenía 24 años y, además de rubia, era estudiante universitaria y muy buena jugadora. «Los insultos se transformaron en peticiones de citas, aunque Blondie nunca las aceptó», señala Fogel entre risas. La anécdota le valió para poder el nombre definitivo a su programa.

Estas son algunas de las curiosidades que rodean al software diseñado por Fogel, un programa que consigue jugar al ajedrez aprendiendo de sí mismo, gracias a la utilización de algoritmos coevolutivos y redes neuronales espaciales. Un laborioso trabajo que arrancó en 1997, cuando el investigador se dedicado a algo muy distinto, relacionado con la detección del cáncer de mama. Su puesta en marcha está ligada al desarrollo por la firma IBM de la computadora «Deep Blue», creada únicamente para jugar al ajedrez. Su segunda versión, «Deeper Blue», consiguió ese año derrotar al maestro ajedrecista Gari Kasparov, y eso le valió como inspiración. Sin embargo, Fogel quería ir más allá, «Deeper Blue» era manejada por humanos y él pretendía que la única intervención del hombre en su máquina fuera ponerla en funcionamiento. La inteligencia artificial hizo el resto, consiguió un software capaz de evolucionar por sí solo. Para ello, tuvo al programa jugando contra sí mismo durante dos años , y aprendiendo de cada jugada, hasta que alcanzó casi la perfección.

La prueba se realizó en la citada red de juegos de internet, donde mantuvo 165 batallas sobre el tablero. «El programa acabó entre los 500 primeros, habían participado en el torneo 120.000 personas», rememoraba en Mieres . Éste éxito le valió a Fogel para continuar con su investigación, enfocada a otros aspectos, aunque con el mismo principio de acción. «Todo lo que hace el software se puede aplicar para resolver distintos problemas, ya sea otros juegos de mesa, o cuestiones más serias, en ámbitos como la ingeniería o la medicina», explica el investigador en la sede del Centro Europeo de Soft Computing en el campus de Mieres . El galardón es para Fogel «uno de los más prestigiosos en el ámbito de la inteligencia computacional, por lo que me siento muy orgulloso de recibirlo, sobre todo después de llevar treinta años como científico en estas labores».

En la actualidad, David Fogel es presidente y cofundador de la empresa Natural Selection, una firma que junto a sus diversas filiales, lleva veinte años desarrollando multitud de aplicaciones en ámbitos bien distintos, como la seguridad nacional, biotecnología, medicina, sector financiero o logística. A sus espaldas lleva más de una docena de patentes como coautor y es un reconocido miembro de la comunidad científica internacional, vinculado a múltiples iniciativas y congresos. Además de todo ello, el investigador también es pianista y un experimentado piloto.
El premio Cajastur «Mamdani», que cumplía su sexta edición, es uno de los galardones en inteligencia computacional de mayor prestigio a nivel internacional. La distinción cuenta con el respaldo de la entidad de ahorro asturiana, de ahí que su denominación se incluya en el premio, como una de las apuestas de Cajastur por la investigación y la innovación, y que, a pesar de la crisis, sigue respaldando.

El Centro Europeo de Soft Computing, entidad respaldada por la Fundación para el Progreso de Soft Computing, fue creado hace ocho años y, desde entonces, ha estado vinculado al campus universitario de Mieres. La entidad, dedicada a todo lo relacionado con la inteligencia computacional y sus aplicaciones, se ha convertido en un centro de vanguardia y de prestigio internacional.

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