26 de junio de 2013
26.06.2013

«Encontramos el cuerpo de mi padre en una bocamina del Pinar de Lada y tenía la cabeza separada del tronco»

«Tenía 4 o 5 años y estaba sentado en un prado de Luanco cuando, de repente, vi una cosa enorme en el cielo: el dirigible "Graf Zeppelin"»

26.06.2013 | 00:00
Fernando Álvarez-Gendín, durante la conversación con LA NUEVA ESPAÑA en el hotel de la Reconquista.

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l De Xendín a Gendín. «El apellido Gendín viene de Llanera, de un lugar con este nombre que está en la parroquia de Arlós. Puede que no venga en todos los mapas, pero al menos sí sale en los planos del Ejército. De allí eran mis antepasados, concretamente de la Torre de Gendín, que anteriormente se llamó la Torre de Xendín, al lado del palacio de Villanueva, construido por un señor que estaba casado con una Xendín, María Xendín. El lugar de Xendín pasó después a ser Jendín, y luego a Gendín. Durante la Guerra Civil la casona solariega de la familia y su capilla fueron destruidas, pero en la familia hemos mantenido las sepulturas en la antigua iglesia de Santiago de Arlós. La familia de mi padre dejó de vivir en Arlós hace unos doscientos años y se establecieron en Avilés, de modo que hay un bisabuelo o tatarabuelo mío que fue alcalde de Avilés. Curiosamente, el apellido Gendín, desde el 1700 hasta prácticamente mis padres, iba quedándose sin hombres y se iba perdiendo, pero como se trataba de un mayorazgo automáticamente las mujeres de la familia Gendín se lo añadían al primer apellido del hombre con el que se casaban. Por ejemplo, mi abuela paterna se casó con un indiano apellidado Blanco Bernardo y pasó a apellidarse Blanco-Gendín. Y mi padre, al que le correspondía el mayorazgo, era Mauro Álvarez-Gendín Blanco. Nací en Oviedo, en la calle Gil de Jaz, el 17 de marzo de 1925; tengo 88 años en la actualidad. Mi padre fue farmacéutico y su farmacia, en la calle Uría número 16, esquina con Milicias Nacionales, ya existía desde finales del siglo XIX. Pertenecía al doctor Galván y mi padre, después de estudiar Farmacia en Madrid, compró el traspaso en 1904. La farmacia Gendín como tal existió hasta los años noventa del pasado siglo, cuando mi hermano Mauro, también farmacéutico y fallecido hace dos años, se jubiló y la traspasó a Pilar Cavia».


l Fuego cruzado. «Mi padre se casó con Adelina Cuervo, de Oviedo, aunque procedente de Cornellana. El apellido Cuervo es de la zona de Pravia y de Cornellana y mi abuela Adelaida, que se había casado con un indiano, tenía la casa en los que se llamaban las casas del Puente, sobre el río Pigüeña, afluente del Narcea. Esta abuela tuvo mucho trato con unos vecinos de Doriga, don Leopoldo y don Indalecio Corugedo, y una hija de Indalecio se casó más tarde con el catedrático de Economía Valentín Andrés Álvarez, muy amigo de mi familia y profesor de la Universidad de Oviedo, como mi tío Sabino Álvarez-Gendín. En familia de mi padre eran tres hermanos y cuatro hermanas, siete en total, y el más pequeño de los chicos era Sabino. Durante mi infancia estudié en la Academia Covadonga, de las hermanas Guisasola, que estaba en la calle Gil de Jaz, al lado de Duarte, el fotógrafo más famoso que había en Oviedo en aquella época. La Academia Covadonga era un colegio privado y mixto. De la calle Gil de Jaz pasamos a vivir a la calle Uría, número 64, en el edificio del doctor Julián Clavería, en la esquina con Fray Ceferino. Allí pasamos la Revolución de Octubre de 1934, entre dos fuegos, porque en la Estación del Norte estaban los revolucionarios y en la Casa Blanca las fuerzas militares de Oviedo, entre cuyos soldados se hallaban Lángara y Emilín, ambos jugadores del Oviedo. Nosotros estábamos en medio del fuego cruzado y durante el día pasábamos casi todo el tiempo ocultos en los sótanos de la casa, en una especie de almacén. Allí nos juntábamos con las familias del doctor Clavería y de Rafael Zamora, marqués de Valero de Urría».


l Tres hermanas francesas. «Pero el recuerdo más fuerte que tengo de mi infancia es de Luanco, adonde íbamos a veranear. Mi padre seguía atendiendo la farmacia durante el verano e iba y venía a vernos a la vivienda que alquilábamos, en una casa de Luanco de tres pisos independientes, en lo que ahora sería la segunda línea de playa, pero sin edificaciones alrededor, porque hasta la playa todo eran prados. La casa tenía también su prado y a mí, que debía de tener 4 o 5 años, quizás menos, me sacaban a tomar el aire y el sol por las mañanas. Un día de aquellos estaba yo sentado y cuál sería mi asombro cuando de repente veo aparecer en el horizonte una cosa aérea tremenda, grandísima: era ni más ni menos que el dirigible "Graf Zeppelin" que en aquella ocasión pasó por toda la costa del Cantábrico en uno de sus cruceros trasatlánticos. No recuerdo si era el año 1928 o 1929, pero sí que pasó muy pegado a la costa y se le pudo ver perfectamente porque era inmenso. Fue un espectáculo y aquella imagen del "Graf Zeppelin" y yo allí sentado (en realidad estaba en una bacinilla), me quedó grabada para siempre». En mi familia tuvimos una institutriz francesa que estuvo con nosotros tres o cuatro años. Era ella y sus dos hermanas, porque las tres habían venido a trabajar a Oviedo con tres familias. Las otras dos eran la del doctor César Miranda, director del antiguo Sanatorio Antituberculoso del Naranco, que había costeado doña Concha Heres, y donde ahora está el Centro Asturiano. César Miranda era muy amigo de mi padre, ambos pertenecían a la misma peña de cazadores y el paraba mucho por la farmacia. Lo mataron en la Guerra Civil cuando se empeñó en seguir subiendo al sanatorio. Quiso subir el domingo o el lunes siguiente al comienzo de la guerra a ver a sus enfermos, y aunque le dijeron que no lo hiciera, subió y lo liquidaron sobre la marcha. Y la tercera familia era la de los Masaveu Alonso del Campo. Entre sus hijos estaban la madre de Alicia Castro Masaveu o Elías Masaveu. Entonces, las tres hermanas institutrices salían a llevar a los niños de paseo por las mañanas y se reunían en el Campo San Francisco, de modo que aquello chiquillos siempre estábamos juntos. Los Miranda del Campo eran tres, dos hermanos y una hermana, además su madre, que se apellidaba Alonso del Campo era hermana de la madre de los Masaveu».


l El coche bajo la vara de hierba. «A mi padre lo mataron en la Guerra Civil. Recuerdo que como nos íbamos de veraneo en agosto de 1936, unos días antes fuimos a Cornellana, a la casa de mi abuela materna, que antes he mencionado. Ella vivía en Oviedo, pero pasaba allí los veranos. Era viuda de un indiano que había construido aquella casa, que era fabulosa e incluso después funcionó como hotel con veinte camas. El sábado 18 de julio fuimos a Cornellana y ese mismo día se produjo el levantamiento. El domingo permanecimos allí, a ver qué pasaba, y el lunes aquello ya quedó cercado y hubo impedimentos para salir. Tanto es así que el coche lo habíamos guardado debajo de una vara de hierba, pero a los tres días ya habían sacado el coche. Siempre hay esas cosas de que alguien comenta que ha visto algo y a los tres o cuatro días también vinieron a coger a mi padre. Lo llevaron a Sograndio, donde había una especie de comisaría o algo así. Estuvo allí unos días, diez o quince, y después lo llevaron a Langreo. Estuvo preso y a finales de octubre lo mataron y lo tiraron por una bocamina. Era un farmacéutico que nunca se había metido en política y lo único que podían decir de él es que era un profesional, o que era un burgués, y que su hermano Sabino, que entonces todavía no era rector, había sido secretario del Ayuntamiento de Oviedo, ya que además de ser catedrático de Derecho Administrativo pertenecía al cuerpo de secretarios municipales. Y Sabino también era jefe provincial de los católicos de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNdP), del periódico "El Debate" y vinculados a la CEDA. Pero mi tío no era diputado ni un político que anduviera dando mítines. Y mi padre no estaba vinculado a los propagandistas, pero cayó sobre él su apellido Gendín».


l Farmacias en el cerco. «Al poco tiempo de entrar las tropas nacionales en Asturias, lo mismo que hubo gente que había hablado del coche de mi padre en Cornellana y de que Mauro Gendín estaba pasando allí unos día, hubo personas que nos dijeron que a mi padre lo habían fusilado en tal sitio y que su cuerpo lo habían tirado por una bocamina en el Pinar de Lada. Efectivamente allí estaba. No sé si le cortaron la cabeza antes o se desprendió al caer, pero estaba separada del tronco. En esa misma bocamina habían tirado los cuerpos de una hermana de Fernández Ladreda y de Roces, que creo recordar que era el jefe de Falange en Sama. Cuando las tropas nacionales habían entrado por Grado y Cornellana, nos trasladamos a Luarca y pasamos allí el resto de la guerra, hasta que se ocupó Asturias y ya volvimos o Oviedo mi madre, mi hermano Mauro y yo. En nuestro piso de la casa de Uría 64 se había producido el impacto de un obús. Era la tercera planta, porque en la primera vivía la familia de Clavería y en la segunda la de Valero de Urría. La casa estaba destrozada y tenía impactos de bala por todos los lados. No pudimos quedarnos en ella y nos alojamos una temporada en un hotel, hasta que mi madre cogió el piso que estaba encima de la farmacia Gendín, Por cierto, nuestra farmacia y otras dos (una era la de Estrada) fueron las únicas que estuvieron abiertas durante todo el cerco de Oviedo. En la nuestra había tres encargados, que entonces se llamaban mancebos de botica. Tras la guerra, mi madre regentó la farmacia Viuda de Gendín porque las viudas tenían entonces ese derecho».


l Fusiles de fogueo. «En Luarca yo había formado parte de los cadetes del Frente de Juventudes y cuando luego vinimos a Oviedo seguí en ello. Desfilábamos cuando había acontecimiento en la guerra, por ejemplo, con la caída de Teruel. Había manifestaciones y desfilaban las fuerzas militares que había por aquí; desfilaban las banderas de Falange y desfilábamos nosotros: la escuadra de gastadores del Frente de Juventudes. Éramos siete chavales de 12 o 13 años, y los más altos eran los hermanos Urdangaray. Uno de ellos fue después químico y el otro ingeniero de Ensidesa. Desfilábamos y hacíamos los cruces con unos fusiles que nos habían hecho en la Fábrica de Trubia, especiales para nosotros, y que eran de fogueo. En medio de los cruces fogueábamos con aquellos fusiles en la calle Uría, y también fuimos a desfiles en Gijón».


l Estancia en Bruselas. «A finales de 1938 me fui de Oviedo y estuve un año en Bruselas con una familia de franceses. El idioma francés lo tenía bastante conocido por la institutriz, pero mi madre me mandó a Bruselas a redondearlo. Y fui allí porque había un colegio de jesuitas y mi hermano había estudiado en Oviedo con ellos. A través de ese colegio, donde yo iba a estudiar, encontraron una familia con la que conviví durante ese año en Schaerbeek, un barrio de Bruselas. Eran nueve hermanos de una familia muy católica, a pesar de que la madre era valona y el padre flamenco. De esos nueve hijos, pasado el tiempo, dos fueron misioneros y una monja. Durante la Exposición de Bruselas, en 1957, fui a visitarlos; la madre ya había muerto y el padre era muy mayor, pero allí estaba la más pequeña, Lilí, que cuando yo la había conocido era una niña de 4 años que se había llevado muy bien conmigo porque le hacía más caso que sus nueve hermanos, que andaban a sus cosas. A mí me llamaba el "grand Fernandó", porque era más alto que sus hermanos, pero en 1957 Lilí era ya una mujer de 22 o 23 años que además medía 1,80. En Bruselas visité alguna vez al cónsul de España, que era uno de los hermanos García-Conde (otro fue alcalde de Oviedo)».


l Rector Gendín. «Al quedar huérfano de padre tuve una relación muy estrecha con mi tío Sabino y también con sus hijos. Durante un tiempo vivimos relativamente cerca en Oviedo y la relación era muy grande. Durante el cerco de la guerra estuvo en la defensa de Oviedo y al entrar las tropas gallegas en la ciudad él llevó a la familia a Anleo, en Navia. Después, el ministro de Instrucción Pública, Pedro Sainz Rodríguez, que había sido profesor de la Universidad de Oviedo antes de la guerra, le nombró rector. Sabino era un hombre muy nervioso, que hacía muchos gestos con la cara y, lo mismo que me pasó a mí toda la vida, no era un hombre de mal carácter, pero un pronto tremendo, que a los dos minutos se le había pasado sin rencor de ninguna especie. En su tiempo como rector se produjo la disputa de querer llevarse la Universidad de Oviedo a otro lugar, y no solamente a Santander, sino a La Coruña, pese a que esa ciudad tenía al lado Santiago de Compostela. Pero principalmente el intento fue de llevarla a Santander y en vista de que no pudieron recuperaron la Universidad de Verano Menéndez Pelayo. Mi tío iba todos los meses a Madrid para ver a Sainz Rodríguez y pelear que la Universidad permaneciera en Oviedo. También logró que continuara la restauración del edificio y de la biblioteca. Era un hombre muy trabajador, con buena salud y energía, y que dedicaba todo el día a la Universidad. Antes de eso, en 1937, había tratado de evitar el fusilamiento del rector Alas. Junto a los catedráticos Sela y Pepe Serrano enviaron cartas a Burgos y abogaron por él, pero en eso Franco no les hizo caso, porque si él decía que a ese señor no se le fusilaba se hubiera detenido todo. Nadie ordenó que no lo fusilaran. Años después, Sabino me contó muchas veces que Alas era un hombre de izquierdas, pero de lo más moderado, un social demócrata, aunque entonces no se denominaban así».


l Chaqueta blanca, pantalón azul. «Recuerdo también una anécdota de mi tío cuando Franco creó las Cortes y nombró los procuradores. Además de los nombrados, había otros que lo eran como consecuencia de los cargos del partido, de la Falange; también había militares y obispos, y aquellos que asistían a las Cortes por sus cargos institucionales: gobernadores civiles, presidentes de diputación, presidentes de audiencia, alcaldes de capitales de provincia, rectores de universidad?. En aquella Cortes primeras establecieron que los procuradores tenían que vestir un uniforme de chaqueta blanca con cinturón y un pantalón azul oscuro, pero mi tío acudió vestido de chaqué. Alguien le llamó la atención y él dijo que lo lamentaba mucho, pero no tenía intención de ponerse ese uniforme porque no era del partido y que si le obligaban a acudir como rector lo haría de chaqué. Hubo una serie de rectores y de presidentes de audiencia que se identificaron con él, así que la mayoría iba con el uniforme, pero otros se negaron y no se atrevieron a destituirlos».


l Retorno de Valentín Andrés Álvarez. «Estudié Derecho en la Universidad de Oviedo entre 1943 y 1948. Mi tío hizo esfuerzos para que Valentín Andrés Álvarez retornara al Universidad tras el expediente de depuración. Eran amigos y mi tío le consideraba de una ideología aproximada a la de Alas: hombre de izquierda moderado. Cuando se reincorporó a la cátedra me llegó a dar clases porque la asignatura la había comenzado a impartir Zaloña, que era profesor adjunto y sabía mucho de historia de la Economía, pero a mitad de curso llegó Valentín Andrés Álvarez. Era un hombre muy ilustrado que además de catedrático de Economía era licenciado en Derecho, en Filosofía y Letras, también era farmacéutico. Como he dicho estaba casado con una hija de Indalecio Corugedo, Carmina Corugedo, amiga íntima de mi madre. Con los años seguí siendo muy amigo de sus hijos, sobre todo de Juan, que fue delegado del Ministerio de Economía en Oviedo, en la Delegación de la calle Uría, al lado del pasaje. Cuando se jubiló se fue a vivir a Doriga, y su hermano Valentín fue consejero de Televisión Española en representación del PSOE».


l Bostezos en Derecho Romano. «En Derecho recuerdo al profesor Juan Iglesias, que en aquel momento era catedrático de Derecho Romano, el más joven de España, con 25 años. Recuerdo que un día en clase estábamos en el primer banco Amaro González de Mesa, el diplomático, y yo. La clase era a las ocho y media de la mañana y la noche anterior yo había salido a algún baile y me había acostado muy tarde. Empecé a bostezar y Juan Iglesias se volvió: "Como veo ciertos síntomas de cansancio entre los alumnos vamos a suspender la clase". Y se marchó. Era un hombre simpático, pero muy tímido. Después de Oviedo se marchó a Valladolid o Salamanca, y más tarde a Barcelona. Falleció hace unos cuatro años. También tuve de profesores a Pepe Serrano o a Silva Melero, pero el cuadro de catedráticos era muy pequeño. Al acabar Derecho fui a Madrid para preparar unas oposiciones que no aprobé. La verdad sea dicha, no estudié lo suficiente para aprobar y volví a Oviedo. Como no había hecho las milicias universitarias hice el servicio de armas en Burgos, en la auditoría de guerra y el archivo militar, haciendo las veces de un teniente. Yo era un sorche, un soldado novato, pero me autorizaron a entrar y salir de paisano. Después volví de nuevo a Oviedo y me hice cargo de la administración de la farmacia. Mi hermano Mauro había terminado la carrera de Farmacia, se había casado y había abierto la farmacia Gendín en Gijón, en la calle de Magnus Blikstad. Mi hermano había estudiado en Santiago de Compostela. Allí echó novia, pero viajó mucho porque se le habían atravesado una o dos asignaturas. Por comentarios de otros universitarios se sabía que en Granada esa asignatura era bastante facilona de llevar y se fue allí para aprobarla. Luego volvió a Santiago, siguió con su novia y se casó. Yo fui administrador de la farmacia hasta que empezó a hablarse que iban a retirar eso establecimientos a las viudas. Entonces fue cuando mi hermano se hizo cargo de ella hasta su jubilación. Cuando dejé la farmacia quedó libre en Oviedo la plaza de agente general para Asturias de la compañía de seguros La Equitativa Fundación Rosillo, de la familia Rosillo, emparentada con los Herrero. Estuve en ese puesto hasta mi jubilación y esa firma se incorporó después a Winterthur y más tarde a Axa».


l Club Alpino Peñaubiña. «Mi dedicación a los deportes había comenzado yendo al monte, pero en 1956 empecé a ir a la nieve. En aquella época, la familia de Jesús Suárez Valgrande, "Chus Valgrande", que había sido campeón de España de esquí de fondo y había estado en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, restauró el hotel Valgrande, en el alto de Pajares. Hubo entonces una serie de personas, como Luis Pascual o Villamil, el otorrino, que habían pertenecido al Club Alpino Peñaubiña, un club de deportes de nieve que se había creado poco antes de la guerra. Con la contienda el club había quedado roto, pero ellos lo pusieron de nuevo en marcha. Nosotros teníamos alrededor de 20 años y nos incorporamos con ellos, que nos sacaban cinco o seis años. Empezamos a ir a la nieve y subíamos al puerto en unos autobuses de la Diputación que alquilábamos. Salíamos de la iglesia de San Juan o de lugares así y éramos uno o dos autobuses, pero cada vez más según se iba popularizando el esquí. Cuando la carretera estaba cerrada por la nieve, íbamos en tren hasta Busdongo y de allí caminábamos hasta el puerto. Pasábamos el fin de semana en el hotel Valgrande y utilizábamos las pistas de al lado, que eran pequeñas. La Cerra, donde después se hizo el primer telesquí, estaba pegada al hotel. Se fue nutriendo la cosa a medida que la carretera iba mejorando, pero no había Federación de Esquí en Asturias, sino una Federación del Norte en León».


l Los Galgos de Pajares. «Chus Valgrande empezó a mover la cosa porque era un entusiasta y el hecho es que a Pajares íbamos sobre todo esquiadores asturianos y apenas los había leoneses. A través de la Federación Nacional de Esquí y junto a un compañero mío que todavía vive, José Luis Boto, y a Luis Pascual se trajeron la Federación a Mieres. Al volver de Madrid, en 1952 me incorporé a esa Federación Norte de esquí, que después pasó a llamarse Federación Astur Leonesa, porque Santander había creado también la suya. El presidente era Chus y se hizo el primer telesquí en La Cerra. Era 1953 y se construyó mediante una suscripción de bonos entre los esquiadores, de 2.500 pesetas. La Diputación fue el socio mayoritario y por eso terminé quedándose después con ello. El abono daba derecho a tener preferencia en la cola del telesquí, de modo que por cada dos socios subía un no socio. Yo seguía en el Club Alpino Peñaubiña, cuyo presidente era José Cuesta, que también fue uno de los primeros presidentes de la Sociedad Ovetense de Festejos, hacia el año 1950. Pero Cuesta tenía ya más de 80 años y hubo en el Peñaubiña elecciones para un vicepresidente ejecutivo y yo salí elegido. En aquella época los campeonatos de España empezaron a celebrase, no por federaciones, sino por clubes, y en el año 1957 o 1958 se hicieron en La Molina, en el Pirineo catalán. El Peñaubiña representaba a la Federación y los Galgos de Pajares, corredores de fondo, quedaron campeones de España de todo, individuales y por equipos. Los Galgos eran todos chavales de Pajares, pero pertenecían al Peñaubiña, así que ese año fue el Club el que quedó campeón de España. Y en esquí alpino quedó campeón infantil Fernando Menéndez que todavía vive. En los dos o tres años siguientes los Galgos volvieron a ser campeones, aunque los campeonatos volvieron a celebrarse por federaciones».


l El Brañilín. «En el alto de Pajares Chus Valgrande había visto unos terrenos muy grandes que eran propiedad de una familia de Campomanes, los Fanjul. Pero los hermanos de esa familia estaban repartidos por toda España y la propiedad era un proindiviso. Aquel lugar es lo que ahora se llama el Brañilín, que era el Cuito Negro. Hubo que buscar a los 16 o 18 miembros de la familia y se compraron los terrenos por un millón de pesetas. Se fundó entonces la Sociedad Astur Leonesa del Pajares para tratar de promocionar más cantidad de telesquís. Antes de la compra, se había construido el telesquí de La Picarota, que está en la carreterina que va hacia el Brañilín. Era mayor que el de La Cerra y tenía una pendiente más pronunciada. Se hizo también mediante la suscripción de bonos y la Diputación entró con más dinero, más del 50 por ciento. Y también entró el Frente de Juventudes, para llevar a Pajares los campamentos de la OJE a practicar el esquí. Se colocaron también bonos en los diferentes clubes de montaña y de deportes de nieve. De la Sociedad Astur Leonesa del Pajares era presidente Chus Valgrande y en ella también estaba el fondista Jesús Vázquez. Yo era el tesorero».

Segunda entrega, mañana, lunes: Llamada de Riera a la SOF

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