09 de marzo de 2010
09.03.2010
Memorias / y 3
Juan Benito Argüelles
fundador de Tribuna Ciudadana 

«Siempre he querido acercar a los demás las cosas interesantes que iba conociendo»

«En los esperanzadores setenta había cierta tolerancia y fueron años culturales y conspirativos; tras la "ascensión" de Carrero se esperaba liberalización»

09.03.2010 | 01:00
Juan Benito Argüelles y su esposa, Lola Fernández Lucio, en su domicilio ovetense, durante la conversación con LA NUEVA ESPAÑA.

Juan Benito Argüelles (Oviedo, 1930), estudio Derecho y viajo largamente por Europa, principalmente por Francia, donde trató con exiliados españoles como José Maldonado, último presidente de la República en el exilio y compañero azañista de su padre, republicano y fusilado. A la vez que se empapaba de Europa, Juan Benito estudió la carrera de Letras, también en Oviedo. Un anuncio en el periódico le conducirá a un entrevista de trabajo por la que fue seleccionado como secretario de Camilo José Cela.

Oviedo, J. MORÁN

Juan Benito Argüelles, de 80 años, narra en esta última entrega de «Memorias» su larga etapa como impulsor de entidades tan relevantes como Tribuna Ciudadana o la Alianza Francesa.

- Cela en globo. «El trabajo como secretario de Cela era agradable y variado. Yo tenía el despacho en un altillo de la biblioteca; me asomaba y Cela estaba allá abajo, trabajando siempre con su bolígrafo y sus hojas holandesas. De vez en cuando me llamaba para buscar datos en libros. Era la época en la que escribió el Diccionario Secreto, y yo buscaba muchas palabras, por ejemplo, las que comenzaban por gili, como giliporcelana. Los enemigos de Cela decían que el diccionario lo había hecho yo, pero él era un trabajador a destajo. En 1987 le dieron el Príncipe de Asturias y hubo un incidente entre él y José María Laso que yo lamenté mucho. Laso le dijo que no se podía ir por la vida de genio y Cela le respondió aquello de convertirlo en revisor. Se fueron los dos como pumas. Cuando Cela marchó, quede preocupado y al cabo de unos meses me mando una nota de que iba a montar en globo en Gijón, desde el Museo Evaristo Valle, ya que la Sociedad Aerostática le había invitado. Fue la primera vez que vi a Marina Castaño, aunque no le di importancia. La gente me preguntaba por ella y yo decía que nada, porque la relación con Charo Conde era fuertes, a pesar de que entre ellos habían pasado cosas como lo de Pepe Caballero Bonald. Recordaba yo que una vez que Charo viajó a Bilbao, a ver a su familia, Cela y yo nos sentimos muy libres e hicimos nuestras escapadas; íbamos a la sauna, por ejemplo, y me hacía mucha gracia verle subido en aquellos tablones, sudando. Pero a los dos o tres días me dijo: "No puedo estar sin Charo, ella es mi grito de guerra". Al Príncipe de Asturias vino con Charo, en octubre, y luego, en enero, montó en globo con Marina. Fuimos después a comer a Las Delicias y quedé muy contento porque el desencuentro con Laso ya se había olvidado. Y en otra ocasión que vino a Oviedo coincidió con Laso y se dieron la mano. Era el punto final. De Cela diría el verso de Lope de Vega: "España, madrastra de sus mejores hijos"».

- Una partida de ajedrez. «En 1967 me llama Alarcos a la Universidad de Oviedo, para hacerme cargo de cátedra de Francés, pero luego hice oposiciones a cátedra de Instituto. Mantuve algunas clases en la Universidad, por el ambiente universitario y las tertulias. Tenía una tertulia en el Logos (que en aquella época se llamaba Albabusto), con Miguel Buylla, Manuel Cueto, Alarcos y Josefina Martínez, Álvaro Galmés, Meana, Eloy Benito Ruano? Y otra tertulia de política, en el Rialto, a la que yo iba con un gran amigo, Emilio Vigil, médico pediatra, tío de Juan Luis Rodríguez-Vigil. A esta venían Bousoño, cuando estaba en Oviedo, lo mismo que Ángel González. Mi relación con Ángel González comenzó en los años cuarenta, con una partida de ajedrez, en una institución que era Educación y Descanso. Él lo contaba diciendo que "cruzamos una mirada de inteligencia y como no teníamos otra cosa que hacer que ir a un clase de Derecho, que no nos apetecía, o jugar al ajedrez, pues jugamos". No recuerdo quien ganó aquella partida, pero comenzó una gran amistad. Cuando estaba preparando las oposiciones viví en su casa de Madrid. Él fue quien tuvo escondido varios días a Jorge Semprún, el escritor y futuro ministro de Cultura. Un día llegué al portal y Ángel estaba sobre el volante del coche, inclinado, y decía: "Esto no puede ser, esto no puede ser". Decidió aquella noche dejar España y marchar a México y EE UU».

- Tertulias, Alianza, «Tigre Juan». «En los esperanzadores setenta ya había una cierta tolerancia. Fueron años culturales y conspirativos, pensando siempre que después de la "ascensión" de Carrero, como decíamos, la cosa iba a ir liberándose. La Alianza Francesa y las "Cenas del Fontán" eran mi refugio. La Alianza nació en 1969, y salió de la tertulia del Rialto. Fue un éxito en una ciudad levítica como Oviedo. Había clases de francés, que eran la parte económica, la que nutria las otras actividades. Las "Cenas del Fontán" eran en el bar Aller, calle Magdalena. Las creamos Laso y yo y asistían profesores, Gustavo Bueno, Carlos Fernández Rozas? Y llevábamos siempre a algún invitado que pasara por Oviedo. Nos sentíamos observados y cuando volvía a casa temía que me pudieran detener. Conocí a Lola en el Instituto del Aramo. En aquella sala de profesores tan aburrida, en lugar de charlar de trienios y quinquenios, ella me hablaba de Bousoño, al que conocía mucho, y yo de Ángel González. Comenzamos a salir y nació la relación, de una manera muy natural. Era 1977, el año que estábamos poniendo en marcha el premio "Tigre Juan", en el pub del mismo nombre, de Belarmino Otero, y junto a Pipe Grossi o Jaime Herrero. Un día que íbamos Lola y yo por la calle le dije que había que crear algo tipo la tertulia Siglo XXI, de Madrid, pero con un carácter más progresista. El 4 de enero de 1980, en esta mima casa y en este mismo salón, invitamos a unos amigos y en una tormenta de ideas nace el nombre de Tribuna Ciudadana, por la revolución francesa y la tribuna de los "citoyens"».

- Los rojos de la «gauche divine». «Nos dimos cuenta de que teníamos que hacer un ejercicio de democracia e invitar a todo el mundo, lo mismo a Fraga que a Carrillo, a Guerra o a Herrero de Miñón. Ahora parece lo natural, pero en aquel momento no lo era. La prueba es que en una de las intervenciones de Fraga una persona dijo: "¿Y qué hace ese rojo de Juan Benito sentado al lado de Fraga?". Fuimos un poco nómadas y celebrábamos los actos en distintos lugares, primordialmente en la Caja de Ahorros, hasta que a principios de los noventas nos llamó José Manuel Vaquero y nos ofreció la sede del Club de Prensa de LA NUEVA ESPAÑA. Se sometió a la junta y se vio que era en parte nuestra salvación, con apoyo de la prensa y un local. En la vida de Tribuna Ciudadana, pasamos por algunos apuros, como el de Laso y Cela, o cuando nos desbordó la cantidad de asistentes al conferencia de Alberti. La Escandalera estaba llena de gente, y trasladamos sobre la marcha el acto desde la Caja a los locales de la parroquia de San Juan el Real. Torrente Ballester era el presentador y como todo iba con demora presentó así a Alberti: "Estamos ante el mejor poeta español vivo; un aplauso". Tribuna Ciudadana dio mucho sentido a la ciudad de Oviedo y las vidas de Lola y mía. Al principio la derecha nos señalaba de rojos, pero los rojos no decían que éramos la "gauche divine". Era un tira y afloja continuo».

- Un futuro colectivo. «Años después nació el Círculo Cultural de Valdediós. Lola y yo encontramos una casina en Puelles, a kilómetro y medio del Monasterio. Corría la voz era que iba a llegar el Cister y eso nos creó una expectación emocionante, y pensábamos en "El nombre de la rosa" y todo. El prior, Jorge Gibert, un hombre muy controvertido, fue maravilloso con nosotros. Lola y yo veíamos la carretera desde casa y que no bajaban coches. Te encontrabas japoneses y alemanes en el Monasterio, pero no asturianos. "Deberíamos hacer algo", pensamos, y ese fue el origen del Círculo. Soy un hombre inquieto, que apoya a un mundo socialista en la medida que puedo. La colaboración entre unos y otros es importante. Los individualismos conducen a la nada, y las tareas han de ser colectivas, mirando a un futuro mejor. Lola y yo siempre hemos querido acercar a los demás las cosas interesantes que íbamos conociendo».

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