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París era una boda... asturiana e internacional

El ovetense Pablo Sánchez Iglesias y Sibylle Wieille-Cessay, de Singapur, se casan en la capital gala ante invitados de quince países y con gaitas, sidra y vino de Cangas en el banquete

Sibylle Wieille-Cessay y Pablo Sánchez Iglesias, tras la ceremonia; a la derecha, "El Pravianu", quien animó con su gaita la salida de la iglesia de Saint Lambert.

Sibylle Wieille-Cessay y Pablo Sánchez Iglesias, tras la ceremonia; a la derecha, "El Pravianu", quien animó con su gaita la salida de la iglesia de Saint Lambert.

Pablo y Sibylle se dieron ayer el "sí, quiero" en París, en una boda singular en la que las raíces asturianas se expandieron por las calles de la capital del amor, y el sonido de la gaita llegó a la Torre Eiffel. Fue una boda multinacional, multicultural, regada con sidra, con vino de Cangas, con música asturiana y con el "Asturias patria querida" entonado con los acentos más diversos.

"No queríamos nada excéntrico, sólo que mi tierra estuviera presente. Es un homenaje a Asturias y el cariño a mis raíces", explicó un nervioso Pablo Sánchez Iglesias antes de la boda. Nacido en Oviedo, hijo de una familia minera, este abogado especializado en Derecho de la Unión Europea cursó su carrera con becas y ayudándose con empleos estacionales para sacarse un dinero extra. Al finalizar la carrera en la Universidad de Oviedo solicitó una beca al Ministerio del Interior para estudiar en la Escuela de Brujas. Acabó el máster en Derecho y se trasladó a Bruselas, para trabajar en el despacho estadounidense Cleary Gotlieb Steen&Hamilton, una firma con presencia mundial que en 2013 le fichó para su sede en Washington.

La novia, Sibylle Wieille-Cessay, nació en Singapur. Hija de franceses, el trabajo de su padre banquero hizo que su infancia y juventud se desarrollara en distintos países del mundo, fundamentalmente en Asia. Con 18 años regresó a Francia, se hizo abogada, especializada también en derecho de la Unión Europea, y se marchó a trabajar a California. El destino hizo que los dos regresaran al Viejo Continente coincidiendo en el tiempo y el lugar: Bruselas. Y ahí, en la capital europea, se conocieron "y hasta hoy", hasta su enlace en París. "Todo lo que tiene que ver con la boda lo hemos preparado nosotros, porque queremos que sea un reflejo de lo que queremos: que estén nuestras familias y nuestros amigos y conjugar el ambiente internacional manteniéndonos fieles a nuestras raíces", explicó Pablo Sánchez.

¿Cómo? Pues reunieron a más de 200 personas procedentes de unos 15 países de todo el mundo. La ceremonia religiosa, en la iglesia de Saint Lambert, la ofició un sacerdote colombiano en francés y en español. A la salida, les esperaba "El Pravianu" con su gaita, para poner las primeras notas asturianas al enlace.

"Por supuesto, no puede faltar la sidra, pues los invitados que vienen de Asturias trajeron las cajas en sus coches", relató divertido el novio. Y en la comida se sirvió vino blanco de Monasterio de Corias, de Cangas del Narcea. Y parte de la música fue española y asturiana.

"A Sibylle le encanta Asturias y ella también quería que estuviera presente en nuestra boda. Y le gusta muchísimo cómo hablamos. Ha aprendido a hablar español, pero como le enseño yo, utiliza el pasado simple y dice palabras como guaje, pero con acento francés", añade Pablo Sánchez.

Tras la boda, la pareja volverá a trasladarse, en esta ocasión para residir en Luxemburgo. No saben por cuánto tiempo, pero sí saben que se llevarán las raíces asturianas allá donde vayan.

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