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Una meningitis causó la muerte a una joven inmovilizada en Psiquiatría del HUCA

La autopsia concluye que un cuadro no detectado acabó con la vida de la paciente

Vista del HUCA.

Vista del HUCA. CAROLINA DÍAZ

La joven de 26 años fallecida en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) el 24 de abril del pasado año sufría una "meningitis linfocitaria", que acabó con su vida. Así lo revela la autopsia, a la que ha tenido acceso este periódico. Andreas F. G. había ingresado por el servicio de urgencias del complejo sanitario cuatro días antes, y esa misma jornada fue trasladada a la planta de Psiquiatría del centro, donde fue inmovilizada mecánicamente (atada a la cama) con la autorización de un juez. En esa situación falleció a causa de un proceso infeccioso no tratado.

La familia sostuvo desde el principio que se había producido una negligencia médica y acudió a los tribunales. El proceso judicial está en marcha. La muerte generó un movimiento de rechazo a las contenciones mecánicas de los pacientes hospitalizados con patologías psiquiátricas. Esta reivindicación se plasmó en concentraciones de protesta en la plaza de La Escandalera de Oviedo, los días 24 de cada mes.

Según fuentes consultadas por LA NUEVA ESPAÑA, Andreas F. G. no tenía antecedentes psiquiátricos conocidos, pero sí existían en su familia. Sin embargo, al encontrarse agitada, presumiblemente como causa de su dolencia, se tomó esta decisión. La autopsia no ha detectado la existencia de ningún pinchazo en la zona lumbar que pueda corresponderse con una punción, método que se utiliza para diagnosticar la meningitis linfocitaria mediante el análisis del líquido cefalorraquídeo.

Fuentes médicas apuntan que la paciente había acudido en varias ocasiones previas a Urgencias al encontrarse mal, aquejada de lo que parecía una faringitis.

La sintomatología de la meningitis linfocitaria incluye fiebre, cefalea, náuseas, vómitos, rigidez de nuca y sono-fotofobia, que pudieron ser causa del estado de agitación que mostraba. A pesar de estos indicios, la paciente permaneció atada a la cama y fue tratada con medicamentos antipsicóticos, antiinflamatorios y benzodiacepinas. Ante esta situación, una vez ingresada en Psiquiatría, el protocolo habitual de actuación suele dictar que habiendo síntomas de una enfermedad física debe pedirse una interconsulta a medicina El informe no especifica si se tomaron estas medidas, y el diagnóstico del internista falló, o si directamente nunca se produjo.

Durante los días que permaneció en contención, A. F. G. sufrió erosiones en los codos al intentar liberarse de las ataduras, según recoge la autopsia. Supuestamente, la infección de las meninges se extendió al corazón, causando una miocarditis (inflamación del miocardio) y finalmente el deceso tras una parada cardiaca.

A la luz de lo expuesto en la necropsia, cabe pensar que se produjo un fallo en la primera exploración, en la que no se identificaron los síntomas de la infección. Al encontrarse agitada, fue ingresada en el servicio de Psiquiatría. No consta en el informe si los facultativos responsables analizaron la opción de un diagnóstico alternativo al de enfermedad mental.

La posibilidad de una afección por patología cerebral o agente infeccioso, a la que no se habría dado la suficiente importancia, fue una de las teorías que se barajaban en su momento en ambientes hospitalarios, y que podrían explicar los trastornos en el comportamiento de la fallecida.

La familia de la joven consideraba por aquel entonces que se había otorgado una relevancia excesiva al estado de agitación de la paciente y a los antecedentes psiquiátricos familiares. Por eso interpuso una denuncia para esclarecer el caso y depurar responsabilidades. Este proceso vivió un cambio de abogado de la acusación por discrepancias en torno a la estrategia a seguir.

Andreas F. G. había estudiado Psicología en la Universidad de Oviedo. Asimismo, había cursado un máster en Políticas Sociales y Bienestar, que incluyó un estudio sobre los efectos de la crisis económica psicosocial de los trabajadores con ocupaciones precarias y de las personas en situación de desempleo. Se la consideraba una persona con inquietudes, feminista y de izquierdas.

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