El coronavirus se ha desmadrado en Asturias, que sufre las cifras más altas de la pandemia con 323 contagios declarados tan solo en el día de ayer y 7 muertos, y por tanto toca tomar medidas "todo lo drásticas que sean para salvar vidas y contener los contagios". Son palabras del presidente del Principado, Adrián Barbón, quien ayer tarde compareció para anunciar una serie de decisiones que, dijo, no quisiera haber tenido que tomar. Pero no queda otra si no se quiere, avisó el dirigente regional, acabar en un nuevo confinamiento como en primavera.

"La segunda ola ya está aquí y con una fuerza inusitada, es más fuerte de lo esperado. Nuestro compromiso es trasladar la verdad, no ocultar datos, porque vienen semanas muy duras y difíciles. Debemos ser conscientes de lo que nos jugamos", advirtió el presidente, acompañado por el Consejero de Salud, Pablo Fernández, y el director de Salud Pública, Rafael Cofiño. Tras comparecer, Barbón firmó la solicitud al Gobierno central para que declare el estado de alarma en Asturias -algo que se esperaba que lo hiciera a la mañana Madrid de "motu proprio" pero no fue así-, un paso que es un "colchón" y sirve para dar "respuesta jurídica" a todas las decisiones que se tomen y afecten a derechos básicos de los ciudadanos con todas las "garantías institucionales".

Porque el jefe del ejecutivo asturiano, aunque respeta la decisión de otras comunidades que han tirado de largo y aplicado el toque de queda sin recurrir al estado de alarma, prefiere no anticiparse y tenerlo todo bien atado. "Yo creo que es mejor tener la percha jurídica, hay que tener mucho cuidado en aquellas cuestiones que afectan a derechos fundamentales".

Los asturianos se enfrentan de esta forma a quince días de restricciones; sobre todo, las grandes ciudades de Oviedo, Gijón y Avilés, con sus núcleos urbanos cerrados (no se podrá entrar ni salir salvo por motivos justificados) desde hoy hasta el próximo 7 de noviembre; y con el comercio y la hostelería con horario limitado en toda la región. El toque de queda (que se prevé aplicar desde la medianoche hasta las seis de la mañana) entrará en vigor en cuanto el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) se pronuncie y lo avale.

Cierre de actividades comerciales a las 22, control perimetral de Oviedo, Gijón y Avilés y toque de queda: estas son las restricciones en Asturias

El objetivo de Asturias es el mismo que el del resto de España y de Europa: doblegar la famosa curva de contagios. Su evolución no deja de asombrar a propios y extraños, tal y como reconoció el Consejero de Salud: "Del fin de semana pasado a este ha habido un cambio cualitativo, la curva se ha hecho más vertical. Algo está sucediendo". Hay pocas certezas sobre el comportamiento de un virus que trae de cabeza a la comunidad científica y a los dirigentes políticos. Pablo Fernández puso el ejemplo de Islandia: "¿Por qué sin tanta vida social como aquí aumentan también los contagios?".

La única certeza es que los casos positivos crecen cada día -hay que tener en cuenta que el Principado es de las comunidades que más PCR realiza al día, ayer mismo unas 3.500, apuntó Barbón- al igual que los ingresos hospitalarios. "Esto va para largo", señaló el Consejero.

La decisión de cerrar las ciudades de Oviedo, Gijón y Avilés -la gijonesa es, a día de hoy, la que más tasa de incidencia acumula- se debe a la numerosa población en ellas concentrada, lo que aumenta el riesgo de contacto, y la alta movilidad que generan.

Los controles para garantizar que los ciudadanos afectados cumplan la medida se dejan en manos de la Policía Nacional y Local, cuerpos que dependen de la Delegación de Gobierno y los ayuntamientos.

En cuanto a la actividad asistencial en los hospitales, de momento, la intención del Principado es mantenerla como hasta ahora para lo que se ha reforzado con personal hasta "agotar" la bolsa de empleo. "Han aumentado las hospitalizaciones, y también ha crecido la demanda en primaria y centros de salud. Afortunadamente no llevamos tanto tiempo sufriendo esta situación, pero no quita que vayamos camino de ello. Nos afectará y en un momento dado tendremos que tomar una decisión, pero vamos a intentar mantener la actividad por ahora", aseguró Pablo Fernández, quien tuvo palabras de agradecimiento y apoyo -al igual que Adrián Barbón y Rafael Cofiño- para todo el personal sanitario y todos los trabajadores de los departamentos implicados en la lucha contra el covid.

En varias ocasiones de su comparecencia el Presidente del Principado no tuvo problema en entonar cierto "mea culpa" por haber permitido que el coronavirus se haya desmadrado en Asturias, una región que hasta ahora podía presumir de bajos niveles de contagio. "Todos tenemos que reconocer, yo el primero, que pecamos de exceso confianza", admitió Barbón, quien lamentó haber vendido "de nuevo normalidad" cuando "no habrá normalidad hasta tener una vacuna o un tratamiento eficaz".

Con todo, no quiso dejar de apelar a la esperanza porque "si la primera vez fuimos capaces, ahora también". El Presidente llamó a la responsabilidad ciudadana y no olvidó al colectivo, hoy por hoy, más vulnerable y que hace de Asturias la comunidad más vulnerable al covid por ser mayoritario: los mayores: "Cuidemos muchísimo a los güelitos y güelitas".