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Asturias recibe los primeros pasajeros internacionales previa PRC en el aeropuerto: la prueba, más cara que el billete

El aeropuerto recibe a los primeros pasajeros a los que se exige un negativo en covid para viajar: “Nos costó 180 euros y el vuelo 108”

Pablo Miranda Clemente se reencuentra con sus padres, Esther y Francisco, y sus perros “Rita” y “Maggie”. | Ricardo Solís

Pablo Miranda Clemente se reencuentra con sus padres, Esther y Francisco, y sus perros “Rita” y “Maggie”. | Ricardo Solís

Viajar en tiempos de covid sale caro, muy caro. El Aeropuerto de Asturias recibió ayer a los primeros pasajeros a los que se exige una prueba negativa para volar. “Nos salió más cara la PCR que el vuelo. El viaje, ida y vuelta, 108. La prueba, 180”, comentaba la polesa Victoria Martínez Vigón mientras aguardaba la llegada de su hijo, Carlos García, músico afincado en Londres. De la capital británica partieron los pasajeros del primer vuelo internacional que aterriza en Santiago del Monte desde que entró en vigor la exigencia, a los viajeros procedentes de países de riesgo por coronavirus, de una PCR negativa para poder entrar en España. Y el precio de la prueba en cuestión era ayer lo más comentado en la zona de llegadas.

“La PCR me costó 120 libras. La prueba en el servicio público es solo gratis si tienes síntomas”, explicó el ovetense Emilio Solís, molesto por “la desinformación sobre lo que hay que hacer o no para poder volar”. “Hasta última hora no conseguí aclarar si tenía que hacer la prueba 72 horas antes de la llegada a destino”, explicaba. En su mano, el móvil en el que guarda la evidencia de que no hay rastro de covid-19 en su organismo, el resultado de la prueba por la que tuvo que pagar algo más de 130 euros.

Los aeropuertos españoles comenzaron a recibir el pasado 23 de noviembre a los pasajeros procedentes de países de riesgo por coronavirus a los que se exige una prueba PCR negativa, realizada obligatoriamente 72 horas antes de su llegada, para poder entrar en España. El aeropuerto asturiano estuvo inoperativo dos días de la semana pasada por obras en la pista y no recibió hasta ayer a esos primeros viajeros internacionales.

Emilio Solís muestra en su móvil el resultado de su prueba PCR a su llegada, ayer, al aeropuerto de Asturias.

Esquivar la norma tiene su coste. Está previsto multar a quienes lleguen a los aeropuertos españoles sin el chequeo exigido. A falta de una, el poleso Carlos García se hizo dos PCR. “Me habían hecho una prueba en el hospital porque había manifestado síntomas compatibles con el covid-19. Tuve que hacer otra porque decían que esa podía no ser del todo precisa. Es decir, me dijeron que tenía que ir específicamente a una clínica privada a hacer otra PCR para poder volar”, se quejó. Por esa prueba, cuyo resultado guarda en el móvil, tuvo que pagar 180 euros.

De las versiones de los pocos viajeros que ayer aterrizaron en Santiago del Monte procedentes del aeropuerto de Londres-Gatwick, se deduce que los controles sobre el resultado de las PCR exigidas “son aleatorios”. “A mí no me han pedido nada. Solo tuve que enseñar el código QR, pero no la PCR”, señaló una viajera que pidió mantener el anonimato.

El Formulario de Control Sanitario que los pasajeros deben cumplimentar para entrar en España incluye una pregunta sobre si dispone de una PCR negativa realizada en las 72 horas previas a la llegada. En cualquier momento del viaje se puede pedir al pasajero la acreditación del resultado de la prueba, documento que se puede presentar en formato papel o electrónico.

“Es un poco raro llegar al aeropuerto (de Gatwick) y verlo vacío entero, sin las colas en los controles de seguridad. Por lo demás, viajar es normal, las medidas de seguridad en el avión son prácticamente como las de tierra. Creo que hace falta que se especifique más qué tipo de test se necesita concretamente para volar, hay muchos distintos”, comentó el allerano Pablo Miranda, estudiante de la Universidad de Bath. En su caso, el centro corrió con el coste de la prueba PCR.

El vuelo procedente de Londres-Gatwick aterrizó a las siete de la tarde con una ocupación mínima. “Encima eso: si no hay pasajeros, lo acabarán quitando”, advertía preocupada Victoria Martínez Vigón tras el reencuentro con su hijo, libre de covid.

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