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La pandemia aprieta a los vulnerables: así vivieron el covid los pacientes de cáncer

El coronavirus está retrasando el diagnóstico de tumores | La Asociación Española Contra el Cáncer redobla los esfuerzos en Asturias: “Ha crecido mucho la demanda de ayudas”

Así vivieron la pandemia los pacientes con cáncer: "Cuando llegó el confinamiento me vine abajo" Amor Domínguez/ Irma Collín

A Alexia González Álvarez, llanisca residente en Oviedo, la operaron de un cáncer de mama el 16 de enero de 2020. Justo después, llegaron la pandemia de covid–19 y las semanas de confinamiento.

–En esas semanas yo iba a recibir tratamiento al HUCA. Por los pasillos del hospital no había nadie. Yo pasaba auténtico miedo –refiere ahora.

Graciano García Toraño, de 53 años, es de la Hueria de Carrocera (San Martín del Rey Aurelio) y reside en El Entrego. Sufre un sarcoma sinovial de partes blandas que le ha originado metástasis en un pulmón:

–El confinamiento en casa fue asfixiante. Después tuvieron covid mi mujer y uno de mis dos hijos. Estaba agobiadísimo. Sabía que mis defensas estaban por los suelos. Fue cuando más vulnerable me sentí. Pero llega un momento en el que lo superas. Soy una persona precavida. Pero soy de las personas que cree que no se puede vivir con miedo toda la vida –relata.

Estos testimonios tienen como telón de fondo el Día Mundial Contra el Cáncer, que se celebra este próximo jueves, 4 de octubre. La edición de este año invita a realizar un balance de lo vivido en estos meses de pandemia por un colectivo tan sumamente vulnerable ante las infecciones como son las personas afectadas por tumores. Lo resume Margarita Fuente, presidenta en Asturias de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC):

–La pandemia ha tenido un gran impacto sobre la entidad. Para nuestra asociación ha supuesto un cambio absoluto. No hemos podido organizar eventos, hacer campañas, salir a la calle. Nuestros voluntarios no pudieron prestar atención presencial durante meses y ahora estamos retomándola, aunque seguimos con el voluntariado mediante recursos digitales –indica Margarita Fuente.

LA NUEVA ESPAÑA recaba estos testimonios en la nueva sede ovetense de AECC, en la calle Viaducto Marquina. El traslado desde Uría se llevó a cabo el pasado mes de noviembre. “El cambio de sede es una novedad motivadora. Ahora tenemos que dotarla de contenido”, señala la presidenta de AECC en el Principado.

Sin embargo, los desafíos derivado del coronavirus tienen gran calado: “Ha crecido mucho la demanda de ayudas. La gente está pasándolo mal”.

Y luego está la vertiente asistencial de esta situación tan anómala:

–Al principio, los pacientes tenían miedo de acudir al hospital. Según nuestra información, los pacientes que ya estaban en el circuito de pruebas y tratamientos han recibido una asistencia correcta. Lo peor ha sido con los nuevos diagnósticos. De hecho, a nivel nacional los diagnósticos han bajado un 21 por ciento, y eso significa que la gente llega ahora en estadíos más avanzados –asevera Margarita Fuente.

Martín Escandón, psicólogo de AECC–Asturias, quiere ver la parte positiva de todo lo sucedido:

–El balance de estos meses ha sido muy satisfactorio. En el confinamiento llegamos a más gente que nunca. Con atención más breve, pero fue muy positivo.

La atención telemática se ha impuesto:

–Llevábamos tiempo planeando potenciar las videollamadas, y la pandemia nos ha obligado a acelerar el proceso. Son una herramienta muy útil que ha venido para quedarse. Por ejemplo, para personas que viven lejos del centro de Asturias o que tienen una movilidad reducida.

Martín Escandón ha sido testigo directo de muchas situaciones complejas de enfermos de cáncer:

–Ha habido soledad, preocupación cuando se retrasaba el diagnóstico, miedo en personas que estaban con quimioterapia y tenían que ir al hospital a ponerse el tratamiento y sabían que podía ser un foco de contagio.

Y después está Marta García Álvarez, una joven de 20 años que luce una madurez asombrosa que la ha impulsado a ejercer como voluntaria de la Asociación Española Contra el Cáncer en Asturias:

–Es más difícil trabajar con una persona adulta, que es consciente de su enfermedad, que con un niño, que no sabe que está enfermo, y que es muy fácil hacerle reír. Llevo seis meses haciendo voluntariado telefónico. Consiste principalmente en que la otra persona se sienta escuchada, acompañada y comprendida. Es anónimo, llamamos con número oculto. Todos necesitamos que nos escuchen de vez en cuando. Recibimos muy buena formación. El voluntariado es dar, pero indirectamente recibes mucho.

Alexia González Álvarez tiene 47 años, tres hijos y está viuda desde hace una década. Está peleando con un cáncer de mama: “Soy una luchadora, pero te llega un cáncer y te preguntas por qué. La pandemia fue mucho peor que la operación. Me vine abajo. No tengo palabras para agradecer lo que me ha ayudado la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en todo, porque tuve que dejar mi trabajo y me ha quedado una paga muy pequeña”.

Alexia González Álvarez | Irma Collín

Graciano García Toraño trabajaba como soldador. Lleva desde 2012 bregando con un sarcoma sinovial de partes blandas que le ha saltado al pulmón: “El psicólogo de AECC me vino muy bien. Estuvo muy pendiente de mí, y eso te da un subidón de ánimo. Estamos en casa los cuatro, y a veces saltamos a la mínima. Pero mis dos hijos son una motivación para tirar hacia adelante. Y mi mujer es mi gran ayuda, mi compañera de viaje”.

Graciano García Toraño. | Irma Collín

Marta García Álvarez tiene 20 años y estudia auxiliar de enfermería. A los 16 o 17 años tuvo su primer contacto con el voluntariado: “Descubrí que tenía que dedicarme a esto. Que me encantaba ayudar a los demás, que era lo mío. Empecé a buscar asociaciones y en todas me decían que tenía que ser mayor de edad para ser voluntaria. Las personas de mi edad piensan que es difícil afrontar temas como la muerte. Lo fundamental es escuchar”.

Marta García Álvarez | Irma Collín

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