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Un año de pandemia

La estética que salió del confinamiento

Las restricciones por el virus generan un repunte de ciertos tratamientos de belleza y cambios de “look” en peluquerías y barberías

Raquel García, en su clínica estética de Pola de Siero. | A. Illescas

Raquel García, en su clínica estética de Pola de Siero. | A. Illescas

Es viernes, mediados de marzo de 2020, no hay cita en la barbería o para hacerse las uñas y de repente. “¡Mecachis! Confinados”. El resultado ya es historia y ha cambiado, según reconocen los especialistas del sector de la estética y el cuidado del cabello, los hábitos de los asturianos. Antes de la pandemia “no se venía a la barbería con tanta frecuencia”, ni se optaba por “looks tan radicales”. La gente se hacía “menos tratamiento para le celulitis” y aplazaba “unas semanas más” el arreglo de uñas. Ese es el parte de peluqueros y esteticistas sobre el resultado que la pandemia mundial, cumpliendo ahora su primer año, ha tenido en los asturianos.

Alejandro Álvarez peina a un cliente en Gijón. | A. Illescas

En Pola de Siero, Manuel Fernández no para en su barbería Mayal. “Fue mucho peor al volver del confinamiento. Aquello fue una locura, no daba abasto. Tuve que ampliar días y horas”, recuerda, marcándole la raya, a navaja, a un cliente.

También tiene grabado en la memoria la situación del cabello de los que se acercaron a su establecimiento. Muchos se habían cortado el pelo en sus casas: “Ellos mismos o sus parejas, y la mayoría lo llevaban fatal”.

Tras el aluvión, para Fernández el número de clientes bajó de manera anormal: “Volvía a haber miedo”. Finalmente, pasadas unas semanas, todo se estabilizó, dejando un importante poso en forma de cambio de hábitos.

Manuel Fernández corta el pelo a Sabino Naredo en Siero. | A. Illescas

“Se da una situación muy curiosa. Algunos que venían muy asiduamente comenzaron a espaciar más sus visitas. Quizá se encontraban más cómodos después de meses sin poder cortarse el pelo. Por contra, otros que eran más descuidados, ahora están aquí de manera frecuente”, relata el barbero.

También aprecia Fernández una tendencia al cambio de “look”, algo que recomendó para intentar dejar atrás una situación agobiante como fue el confinamiento domiciliario: “Conseguí que gente que lo llevaba muy corto se lo dejara un poco más”.

Con la barba, en su experiencia, se dio un efecto similar. El uso obligatorio de la mascarilla tiene mucho que ver. “La gente ve que le tapa la barba de dos o tres días y ya no se afeitan con la frecuencia de antes”, concluye.

En el mismo sector, pero al lado del mar, en Gijón, Alejandro Álvarez, de la barbería Acebal, saca sus propias conclusiones, algunas similares a las de Fernández y otras incluso opuestas. Coincide en que “hubo mucho peluquero improvisado durante el confinamiento”. Los resultados, en su opinión, hicieron que se viera que “no es tan fácil” y ahora “se nos valora bastante más”. Álvarez también vivió el aluvión postencierro. En su establecimiento llegó a llenar la agenda “de diez en diez días”.

Sin embargo, no aprecia cambios en la periodicidad con la que acuden los clientes y entiende que, “más que un cambio de estilo, se está optando por la comodidad, dentro de las ganas de verse bien”. Por último, en lo referente a las barbas, observa más la tendencia a reducirlas que a ampliarlas: “Las barbas de hipster, muy grandes, se están dejando atrás. Con la mascarilla molestan”, concluye.

En los cuidados masculinos, parece claro que las cosas han cambiado. ¿Pero y en los femeninos? Responde Raquel García, de la clínica de estética “En buenas manos”, de Pola de Siero. Ella también trabajó “a tope” durante el verano respondiendo a “la sensación de incomodidad” que tenían sus clientes después de meses confinados. “La gente está un poco depresiva y se quiere ver guapa”, abunda García.

Los tratamientos de celulitis, por ejemplo, “aumentaron considerablemente con lo que se engordó al estar en casa”. También hubo más atrevimiento a la hora de pedir decoraciones de uñas llamativas y se incrementó la frecuencia con la que los asturianos acuden a estos centros: “Esto puede tener que ver con que, como no hay muchos sitios donde gastar dinero, se destina más a la belleza”.

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