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Las empresas buscan jóvenes empáticos y líderes que la Universidad no forma

La pedagoga Vanessa Argüelles encuestó a casi 300 compañías para su tesis: “No sirve solo con saber, hay que saber hacer y querer hacer”

Vanessa Argüelles, flanqueada por los profesores Emilio Álvarez y Alejandro Rodríguez, en la Facultad de Formación del Profesorado y Educación de la Universidad de Oviedo. | Miki López

“Las empresas contratan por aptitud y despiden por actitud”. La frase es de Vanessa Argüelles Rodríguez, pedagoga lavianesa de 42 años, y asegura que siempre que la pronuncia en público causa expectación. Pero es la pura verdad. Y así lo ha demostrado en una tesis doctoral que, por primera vez en el departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad de Oviedo, ha obtenido la mención de doctorado industrial, además de sobresaliente cum laude, la máxima calificación. Para el trabajo, Argüelles entrevistó a casi 300 directivos de empresas con sede en Asturias –267 para ser exactos–, que consideran que los jóvenes salen de la Universidad con conocimientos pero sin las competencias transversales que buscan a la hora de contratar: liderazgo, comunicación, gestión de conflictos, motivación... “Vienen a decir que hoy no sirve solo con saber, sino que es imprescindible saber hacer y querer hacer. Y eso es lo que se entiende por talento”, aclara.

Para el desarrollo de su tesis, Vanessa Argüelles, que es directora de formación y desarrollo de personas de PFS Grupo y acumula casi veinte años de experiencia laboral en áreas de recursos humanos y formación, partió de una pregunta: “¿Por qué los egresados buscan trabajo y las empresas necesitan personas en sus plantillas, y las cifras del paro siguen tan altas”. Y la respuesta que encontró es que la sociedad camina más rápido que la Universidad, que “la celeridad de los cambios va al mismo ritmo que la del pensamiento y el conocimiento”, y que actualmente se demanda algo más que el aprendizaje de contenidos. Ese algo más son, por orden de mayor a menor importancia, según indicaron las compañías asturianas: liderazgo y autoliderazgo; comunicación y escucha activa; actitud positiva, motivación, entusiasmo, ganas y predisposición; trabajo en equipo; compromiso; empatía e inteligencia emocional; iniciativa, creatividad y capacidad innovadora; planificación, estrategia y visión; toma de decisiones y resolución de problemas, y aprendizaje continuo.

Ante la carencia de estas habilidades por parte de los universitarios, Argüelles y sus directores de tesis, los profesores del departamento de Ciencias de la Educación Alejandro Rodríguez Martín y Emilio Álvarez Arregui, insisten en que quedarse parados “no es una opción”. “No podemos cambiar más despacio de lo que cambian las necesidades del mundo que viene. La capacidad de adquirir nuevos conocimientos será más valiosa que el propio conocimiento en el futuro, quizá porque es tiempo de desaprender lo aprendido para volver a aprender”, reflexiona la autora de la tesis, que tiene por título “La gestión del talento en la sociedad del conocimiento: formación y liderazgo en entornos laborales”.

Por eso, los expertos proponen un modelo universitario más acorde al nuevo escenario laboral. ¿Y cómo es ese modelo Pues uno que acerca más a la Universidad y a la empresa, que ya funciona en países como Suiza y que se denomina OTA. Este modelo conserva otro anterior llamado T (las personas adquieren conocimientos y habilidades de manera simultánea), pero le añade las patas “del pensamiento y la visión global, la actitud emprendedora, la actuación consciente, el hacer”. Todo esto en la práctica, y llevándolo a Asturias, implica darle una vuelta a los currículos académicos, potenciando el aprendizaje de las competencias que requieren los empleadores. “Tampoco se trata de crear una servidumbre para las empresas, pero sí que tenemos que acercarnos”, puntualiza Vanessa Argüelles, natural de Barredos (Laviana).

Lo que pide la empresa

  1. Liderazgo y autoliderazgo.
  2. Comunicación, escucha activa.
  3. Actitud positiva, motivación, entusiasmo, ganas, predisposición.
  4. Trabajo en equipo.
  5. Compromiso.
  6. Empatía, inteligencia emocional.
  7. Iniciativa, creatividad, capacidad innovadora.
  8. Planificación, estrategia, visión.
  9. Toma de decisiones y resolución de problemas.
  10. Aprendizaje continuo.

En realidad, reflexiona Emilio Álvarez, ciertas competencias como el trabajo en equipo ya figuran en el currículo, el problema es que no se evalúan. “Y lo que no se evalúa se devalúa”, opina. Álvarez es consciente de que el asunto es polémico; sin embargo, no duda en abrir la caja de los truenos: tal y como está planteada hoy la Universidad, “el objetivo no es aprender, sino aprobar”. El cambio del que hablan los investigadores de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación es un cambio “desde primero de carrera” y que requerirá “tiempo y liderazgo”. “Tienen que implicarse todos los ámbitos: el académico, el social, el político y el empresarial”, remarca Álvarez, que invita a reflexionar sobre hacia dónde debe caminar la Universidad española.

Algunas instituciones académicas ya han dado pasos hacia esa transformación, mediante la implantación de grados abiertos, una especie de titulación a la carta, que mezcla asignaturas de diferentes carreras. Sin embargo, Vanessa Argüelles, Alejandro Rodríguez y Emilio Álvarez piden más. Por ejemplo, poniendo en marcha la FP dual universitaria. “En Harvard, en la mayoría de las carreras, las materias específicas no comienzan hasta el segundo curso. En primero, los alumnos escogen asignaturas generalistas que les sitúan en el camino profesional y les permiten explorar intereses diversos. Entienden que los universitarios tienen que tener unas competencias básicas y que éstas son transversales a todas las áreas. Allí potencian sobre todo el diálogo.”, señala Argüelles. En España, agrega, “se da por hecho que los jóvenes, por ir a la Universidad, ya adquieren esas competencias, cuando no es así”.

Emilio Álvarez incide aún más en esta idea: “Los alumnos son bárbaros, pero tienen un problema de integración laboral claro porque no tienen las competencias que demandan las empresas. Lo que les pedimos lo cumplen: aprobar. El problema es que las habilidades de las que hablamos no se evalúan”. Y dice más: “Si las empresas ya están enseñando a las personas que contratan cómo trabajar, ¿entonces para qué necesitan a la Universidad”. De hecho, entidades bancarias ya han creado sus propias universidades. Por tanto, urge “reaccionar”, remarca. Y no solo a nivel de aprendizajes, sino también de infraestructuras. “En Suiza las universidades y las empresas están juntas, incluso arquitectónicamente forman una estrella donde el centro se invade de espacios comunes. ¿Por qué aquí tenemos los campus por un lado y los polígonos industriales por otro Fuera nos llevan años de ventaja”, lamenta Vanessa Argüelles.

La investigación, que consta de más de 400 páginas y que fue defendida el pasado 25 de febrero, se hizo conforme a los resultados obtenidos a través de cuestionarios, entrevistas personales y grupos de discusión a 268 directivos de empresa. Todos ellos ponen de manifiesto algo que se intuía pero que nunca antes se pudo confirmar o, al menos, no con una muestra tan representativa: que la formación que reciben los jóvenes en la Universidad es “insuficiente” para enfrentarse al mundo laboral.

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