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El covid potencia la solidaridad telefónica

La Asociación Española Contra el Cáncer destaca el éxito del voluntariado a través de llamadas impulsado en Asturias al inicio de la pandemia: “Nos da un vínculo muy especial”

Compañía al otro lado del teléfono: así trabajan los voluntarios de la AECC- Asturias Amor Domínguez

–El teléfono nos está dando un vínculo muy especial. Es un canal directo entre dos personas, no hay interferencias, no hay público. El teléfono nos está acercando.

Ya se ve que no hay regla general que no tenga sus excepciones. El teléfono puede generar más cercanía que la presencia física. Lo testimonian personas afectadas por tumores. Con la llegada de la pandemia, los confinamientos y las dificultades para encontrarse, la delegación en Asturias de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) puso en marcha un programa de voluntariado mediante comunicación telefónica. El voluntario llama al paciente, le escucha, le comprende, le anima... Y todo ello, por norma habitual, desde el anonimato del voluntario, con el fin de no generar dependencias nocivas. Y pese todos estos condicionantes, surge la magia de la solidaridad.

–Al cabo de unos meses, esas personas son cercanas. Yo no encuentro una palabra que designe esa relación tan especial. No son familia, no son amigos, pero es algo muy especial.

Esta conexión tan singular ha sido repetidamente constatada y analizada por Mónica Díaz López, coordinadora de voluntariado de AECC-Asturias. Esta organización dispone de una red de unos 255 voluntarios en toda la región, a los que se suman numerosos colaboradores para eventos concretos. ¿Por qué el teléfono ofrece calidez y no frialdad? La respuesta requiere una aclaración previa. El programa nació como alternativa al acompañamiento en hospitales, opción que se vio clausurada desde el inicio de la crisis sanitaria:

–El contexto es muy distinto del que ofrece un hospital. En el hospital hay muchos ojos, impedimentos, resistencias. Quizá las personas no se sueltan tanto. En las habitaciones entran dos voluntarios juntos, hay personal sanitario...

Con el teléfono, todo es distinto, según la conclusión de Mónica Díaz.

El área de voluntariado de AECC consta de diversas modalidades. El formato más mandado es el hospitalario, que consiste en hacer acompañamiento a pacientes ingresados. Hay programas en marcha en el HUCA y el Monte Naranco (ambos en Oviedo), y en Cabueñes (Gijón). “Próximamente empezaremos en el San Agustín, de Avilés, y en Jove, de Gijón”, anuncia la coordinadora de la actividad.

Luego está el voluntariado a domicilio, que implica acompañar en la casa del paciente, ayudarle en gestiones administrativas, acudir con él a las citas médicas, a dar paseos, a cualquier otra actividad de ocio... Otros formatos son el voluntariado testimonial y el de obtención de recursos.

Desde la izquierda, Marta García Álvarez (voluntaria), Erundina Cayón González (paciente) y Mónica Díaz López (coordinadora de voluntariado), en la sede de Oviedo de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). | Juan Plaza

En marzo de 2020, con la llegada de la pandemia, aparece el voluntariado telefónico:

–Muchos voluntarios hospitalarios se reorientaron hacia este formato. Implica apoyo y acompañamiento, como hacíamos antes, pero a través de otros medios: el teléfono y las videollamadas –indica Mónica Díaz.

En el momento actual, 38 voluntarios están acompañando a 40 pacientes. Y la cifra va creciendo.

–El acompañamiento telefónico está resultando muy satisfactorio para los pacientes y para los voluntarios. Se determina una regularidad: una, dos y hasta tres conversaciones a la semana. Es un formato que va a quedarse con nosotros porque es complementario al resto de tipologías –pronostica la coordinadora de voluntarios.

“Los voluntarios siempre son bienvenidos, hay tarea para todos”, proclama Mónica Díaz. El llamamiento es explícito. Ahora bien: ¿Qué requisitos debe cumplir un voluntario que desee ayudar a enfermos de cáncer?

–Lo primero, eso mismo: ganas de ayudar. Eso implica una serie de características, como generosidad, empatía, solidaridad. Tener tiempo. Establecer un compromiso de ayuda. Y recibir formación: una inicial; otra específica, en función de la tarea que desarrolla; y, posteriormente, sesiones mensuales. Estamos pendientes del cuidado del voluntario, por ejemplo, de su propia autogestión emocional, y de potenciar las habilidades que tiene para que su ayuda sea más positiva.

Una cuestión complementaria: ¿Qué espera el paciente?

–Principalmente, una escucha activa. Tiempo para establecer una ventilación emocional. En muchas ocasiones, los pacientes no tienen familia para desahogarse o prefieren no hacerlo en su propio entorno. Se habla de la enfermedad y de muchas cosas del día a día. Hay muchas personas solas o en situaciones de máxima vulnerabilidad. Se establecen vínculos muy potentes de mucha confianza.

La coordinadora de voluntariado de AECC-Asturias subraya una aclaración esencial:

–El voluntario no hace una intervención. No es un psicólogo o un médico. Tenemos voluntarios con estos perfiles, pero les pedimos expresamente que aparten esos perfiles y se centren en su papel de voluntarios.

Una advertencia. No todo el monte es orégano. Hay riesgos:

–Hay que tener cuidado con la carga emocional que implica para el voluntario, porque en esta relación tan directa no hay filtro.

Mónica Díaz López atestigua que “se han dado casos de desahogos muy extremos, y entonces es clave cómo gestiona el voluntario esas situaciones. Nuestro protocolo recomienda derivar al paciente a los profesionales de AECC, incluso al teléfono de InfoCáncer, que presta todo tipo de atención las 24 horas del día y todos los días del año”.

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