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Me quedo en el pueblo

Belén, la quiromasajista de Cudillero que aprovechó el confinamiento para aprender su actual profesión

Las limitaciones de movilidad sirvieron a esta vecina de La Fenosa para formarse y ejercer hoy una actividad con la que ha iniciado una nueva etapa laboral en el medio rural

Belén Fernández, en la sala habilitada para impartir los masajes en la zona baja de una pequeña vivienda, junto a la suya principal, en La Fenosa.

Belén Fernández, en la sala habilitada para impartir los masajes en la zona baja de una pequeña vivienda, junto a la suya principal, en La Fenosa. Ana Paz Paredes

Belén Fernández López, vecina de La Fenosa, donde sólo viven siete personas, en la parroquia de Faedo (Cudillero), nunca pensó que el tiempo pasado del confinamiento le serviría para encontrar la profesión con la que, como quien dice, se acaba de estrenar después de mucha formación, estudio y prácticas. Necesitaba conciliar –está casada y es madre de una niña de 10 años, Deva–, sobre todo porque la intensidad del trabajo que dejó atrás, le tenía fuera de casa muchas horas.

Belén Fernández, junto a su perro y ante el espectacular paisaje que se asoma a su casa en La Fenosa. Ana Paz Paredes

“Durante cuatro años trabajé como dependienta en una tienda de moda y souvenirs en Cudillero, y me encantaba el trabajo, no tengo queja, pero había casi seis meses al año que no veía a la familia y a mi hija, salía a primera hora y casi llegaba por la noche”, recuerda esta emprendedora rural. Dice que llegó al quiromasaje por casualidad y afirma que, curiosamente y gracias al periodo de confinamiento, y además de arreglar el hórreo familiar, pues tiene conocimientos de albañilería que aprendió con su padre, profesional de este oficio, encontró por internet un curso de reflexología podal.

Detalles en la sala de quiromasaje de Belén Fernández. Ana Paz Paredes

“Más o menos sabía lo que era y me pareció interesante. Ante de meterme más de lleno con un curso amplio probé a seguir uno on-line y me encantó. Fue así como encontré mi profesión. Decidí seguir adelante y me inscribí en el Instituto de Medicinas Alternativas Iris, en Gijón, a quienes les estoy muy agradecida tanto por lo aprendido como por el apoyo moral y personal que me dieron siempre, y realicé otros cursos más: el de quiromasaje y el de drenaje linfático. Ya estoy titulada en siete cursos y tengo otros tres pendientes”, afirma esta mujer que ha habilitado una sala de masaje en la parte baja de la pequeña casa familiar pegada a su vivienda habitual, con unas vistas impresionantes al paisaje y una preciosa pomarada que en estos días luce con el fruto en flor y mejor que nunca.

Belén Fernández posa en otra zona del jardín familiar, en medio de un paisaje de gran belleza. Ana Paz Paredes

Se ha estrenado hace poco tiempo como profesional y ya se siente satisfecha con la clientela que, poco a poco, solicita su servicio. “Yo lo que hago es mi propia combinación de masaje con las técnicas que he aprendido. Es una especie de combinado de piedras calientes, bambuterapia y quiromasaje donde a veces añado también reflexología podal, depende de cada persona, de lo que necesite o las molestias que tenga", explica Belén que siente auténtica pasión por un trabajo donde, añade, está en permanente formación y reciclaje.

Otro detalle de la sala de masajes habilitada en el bajo de la vivienda de La Fenosa, en Cudillero. Ana Paz Paredes

Belén añade, a renglón seguido, que "es un masaje de una hora. Tanto lo doy aquí como me desplazo a domicilios en un ámbito de actuación que, además del concejo de Cudillero se extiende entre Cadavedo y Pravia. Son masajes de relajación o para quitar descarga muscular, así como circulatorios, anticelulíticos y drenantes, y todo manual, no hay aparatología de ningún tipo”, recuerda ella que se está dando a conocer hace tiempo en las redes sociales con el nombre de “Quiromasajista Belén Ferló” y que, también, oferta la posibilidad de acudir a casas rurales, hoteles o centros de belleza, que soliciten este tipo de masajes.

Belén Fernández disfruta también con el trbajo en la huerta, aquí recogiendo las primeras fabes de mayo. Ana Paz Paredes

Optimista y enamorada de una profesión a la que llegó sin imaginar nunca que sería la suya, cree que se puede emprender en el medio rural. “Los resultado están siendo buenos y la gente está contenta, no puedo pedir más, sólo crecer, seguir adelante, darme a conocer. Hay que ponerle ganas e imaginación y luchar porque funcione. Aquí, después del masaje, se invita a la gente a sentarse un rato al aire libre, tomando una infusión y disfrutando del paisaje. Es una experiencia distinta y en plena naturaleza”, matiza ella y a renglón seguido añade: “Mi vida cambió desde que me dedico a esto, siempre quise ser mi jefa, encontrar mi camino profesional, y lo he hecho. Ahora, a seguir adelante.”

Mesa en el jardín donde tomar una infusión tras el masaje y disfrutar del las vistas del entorno. Ana Paz Paredes

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