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Asturias vio las orejas al oso

El Principado reacciona al zarpazo de Cangas del Narcea con un plan de radiomarcaje de ejemplares problemáticos tras años volcado en el turismo y no en la prevención

Un oso pardo. | Javier Martín

Un oso pardo. | Javier Martín

Asturias no reaccionó hasta que vio las orejas al oso. Asturias no se puso seria hasta que una mujer del valle de Cibea, en Cangas del Narcea, recibió un zarpazo en la cara. Asturias no se atrevió a radiomarcar ejemplares hasta que los vecinos de aquí y de allá estallaron contra la proximidad de la especie a los pueblos...

¿A qué se ha dedicado, entonces, Asturias hasta ahora? A explotar la imagen turística del oso –que está bien– y a sacar pecho sobre su exitosa recuperación –que también hay razones para ello–. Pero con una población, que según los expertos, ya supera los 300 plantígrados y una región con un pueblo a cada pocos kilómetros, la desgracia estaba al caer. El Principado, con el visto bueno del Ministerio y las comunidades de la Cordillera Cantábrica, aprobó esta semana un proyecto de radiomarcaje para osos habituados, veintitrés años después de la polémica muerte del macho “Cuervo” en Somiedo. Dicen quienes firman este programa que la idea lleva meses gestándose; sin embargo, está claro que el fatal accidente del valle de Cibea requería una inmediata respuesta del Gobierno de Asturias, que por fin ha llegado.

Expertos del CSIC con gran experiencia en la especie llevaban años pidiendo al Principado que les dejasen actuar, que les dejasen capturar, con todas las medidas de seguridad posibles, a ejemplares para sedarlos y colocarles un collar de seguimiento provisto con tecnología GPS. Porque lo que se estaba haciendo, decían, era una conservación “a ciegas”, sin conocer todavía muchas cosas de la vida privada de los osos. Pese a la insistencia, la Administración autonómica siempre dijo que “no”, al contrario que la Junta de Castilla y León, que aceptó. Hasta ahora... Que Asturias sí geolocalizará animales habituados pero con un programa propio y en colaboración con la Universidad de Oviedo, la Fundación Oso Pardo y la Fundación Oso Asturias.

El “negocio” del oso en la Cordillera: deja 20 millones de euros al año; las empresas de la región son las que más dependen de la especie

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¿Qué significa esto? Que la región actuará por fin con mayor dureza ante plantígrados –normalmente son machos jóvenes– que bajen con frecuencia a los pueblos. “Ya no se asustan”, es la frase, cargada de miedo, que se escucha en los concejos de la Cordillera, donde tambalea la convivencia pacífica entre osos y humanos. Desde 2019, el Principado ha aplicado en alguna ocasión el protocolo de intervención del Ministerio, pero en su versión más “light”: gritos, pirotecnia, bolas de goma... Acciones que en algunos casos han resultado efectivas y en otros no tanto. El ejemplo lo pone el oso “Serafín”, que se ha convertido en un vecino más en El Bao (Ibias), con los riesgos que eso entraña. Ante ejemplares reincidentes como “Serafín”, lo que propone el Principado, y antes de agotar la última vía, la de capturarlos para meterlos en cautividad, es ponerles collares GPS para saber cuándo se acercan a los pueblos y, en consecuencia, actuar más rápido y de forma más eficaz.

De alguna manera hay que mantener a raya al oso, porque no deja de ser un animal salvaje. Pero eso debería haberse hecho mucho antes, según creen algunos expertos, incluidos los propios guardas de la Consejería de Medio Rural y Cohesión Territorial. Los agentes del Medio Natural se han encontrado estos años atados de pies y manos, viendo cómo la crispación iba a más en los pueblos, a la par que el turismo que explota la imagen de la especie subía como la espuma. Así lo cuenta uno de ellos: “Son las administraciones responsables de su gestión las que, con valentía, debían haber adoptado medidas suficientes para mantener vigente una barrera psicológica entre ellos y nosotros, barrera esta que había y hay que construir todos los días. Lejos de mantenerla, se ha favorecido su deterioro. Las políticas en torno al oso se han reducido a la promoción turística y a la propaganda del éxito de gestión. No se han adoptado medidas serias y tampoco se desarrolló un marco normativo adaptado a las necesidades de conservación”. Se da la paradoja, por otro lado, de que Asturias ya no sabe ni cuántas osas con crías tiene, porque al aumentar exponencialmente sus números, los profesionales se han perdido con el conteo visual.

Eso sí, la promoción turística ha sido un éxito. Según un reciente estudio publicado por la Fundación Oso Pardo y elaborado por la Universidad de Oviedo y la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad de Mieres, la especie genera al año en los concejos de la Cordillera 20,5 millones de euros y ha contribuido a crear o sostener 350 empleos. El trabajo fue hecho en 2019 en 198 negocios –la mayoría pequeños comercios, restauración, turismo activo y alojamientos–, de los cuales 97 estaban ubicados en Asturias, y el resultado fue que el 40% percibe que su facturación y clientela depende de la presencia del oso. Además, un 18% se considera “altamente dependiente” de estos animales. Asturias es la comunidad donde existen más empresas con esta dependencia: un 53%. La mayoría de ellas están en Proaza, que vivió de “Paca” y “Tola” –ahora de “Paca” y “Molinera”–, y Somiedo.

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