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Ingresa en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Asturias Luis Jiménez Treviño Psiquiatra

“Durante la pandemia ha pesado más la cohesión social que las ideas suicidas”

“De niño iba con mi padre al Hospital General; me fascinaban el ambiente que se respiraba y el aspecto futurista de los hongos de las policlínicas”

Luis Jiménez Treviño. | Miki López

Luis Jiménez Treviño. | Miki López

Luis Jiménez Treviño (Oviedo, 1973) estudió Medicina en la Universidad de Oviedo. Se especializó como psiquiatra en el Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, donde se incorporó al equipo de investigación del suicidio liderado por los doctores Jerónimo Saiz y Enrique Baca, quienes además dirigieron su tesis doctoral sobre genética de las conductas suicidas. De vuelta a Asturias, se integró en el área de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo para continuar investigando en torno al suicidio bajo la batuta de Julio Bobes y Pilar Saiz, a quienes considera sus mentores en el ámbito académico y de investigación. Gracias a su labor científica se ha vinculado a varios grupos y entidades de investigación asturianos, nacionales e internacionales. El doctor Jiménez ha desarrollado su actividad asistencial en la sanidad pública, principalmente en centros de salud mental del área sanitaria de Oviedo. Además, colabora en acciones solidarias a través de la Legión 501, también vinculada al ámbito sanitario, con visitas a los hospitales caracterizados como personajes de la Guerra de las Galaxias. Pasado mañana, jueves, ingresará como miembro correspondiente en la Real Academia de Medicina y Cirugía del Principado de Asturias con el discurso titulado “Deconstruyendo las conductas suicidas”. La ceremonia se desarrollará en salón de actos del Colegio de Médicos de Asturias (plaza de América, número 10, de Oviedo) a partir de las 20.00 horas.

–¿Por qué ha elegido el suicidio como objeto de su discurso de ingreso?

–Las conductas suicidas han sido mi inquietud investigadora desde mi época de residente en el Hospital Ramón y Cajal. Su impacto en cuanto a mortalidad, y la herida psicológica que deja en los allegados de las víctimas, es de tal magnitud que deberíamos dedicar el máximo esfuerzo investigador para ayudar a resolver el enigma del suicidio, y poder así prevenirlo en mayor medida de lo que estamos consiguiendo en estos momentos.

–¿Dónde se forja el deseo de quitarse la vida?

–En la mente humana. No existe el suicidio en el mundo animal. Surge tras un proceso multicausal en el que están implicados factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales. El resultado es un cambio patológico de una gravedad suficiente como para atentar contra el principio natural de la autoconservación.

–¿Qué factores sociales inciden en la tendencia creciente a autolesionarse?

–Las autolesiones constituyen un problema diferente a las conductas suicidas, más propio de los adolescentes, quienes lo utilizan como método para aliviar ansiedad y malestar emocional, y en el que desempeña un papel importante la imitación de lo que ven en sus redes sociales.

–¿Por qué Asturias registra tasas de suicidio tan elevadas?

–Nuestra región tiene las tasas de suicidio más elevadas de España, pero no son cifras muy elevadas si las comparamos con otros países como los del norte de Europa o los países surgidos de la antigua Unión Soviética, donde cuadriplican las tasas de suicidio de nuestra región. Comparados con el resto de España, hay factores que nos penalizan como el consumo de alcohol, la edad media de la población, la situación socioeconómica, incluso la escasez de horas de sol anuales.

–¿Cómo puede entenderse que hayan bajado los suicidios precisamente en el año de la pandemia?

–En épocas de crisis como la que hemos vivido durante esta pandemia no sólo se suman factores de riesgo (confinamiento, cierre de colegios, pérdidas económicas y cierre de negocios) que podrían aumentar las tasas de suicidio, sino que también aparecen factores de protección como la cohesión social, el sentimiento de colectividad, las medidas de apoyo a las consecuencias económicas, o el aumento de comunicación a través de las redes sociales. Parece que han pesado más estos últimos, y de ahí la reducción, o al menos el no aumento del número de suicidios.

–¿Cómo puede influir la nueva Ley de Eutanasia en la evolución de los suicidios?

–Es difícil de predecir. Con los datos de los que disponemos de países donde se practica la eutanasia, el perfil más habitual de la persona que demanda la eutanasia es diferente al del paciente suicida. En el caso del suicidio, existe un sustrato de patología mental en la gran mayoría de los casos, y no está tan asociado a la enfermedad terminal y al dolor físico como es el caso de la eutanasia.

–¿Es aplicable la Ley de Eutanasia a los enfermos mentales?

–Se trata de un tema controvertido y la Sociedad Española de Psiquiatría ya se ha posicionado públicamente. La aplicación de esta ley debido a un trastorno psiquiátrico es conflictiva en una serie de aspectos esenciales, como son la determinación de voluntariedad, el carácter incurable o crónico e invalidante, el sufrimiento incoercible o la evaluación de la competencia para prestar un consentimiento informado.

–¿Es usted partidario de que los medios de comunicación informen sobre suicidios?

–Los medios de comunicación tienen un impacto en el comportamiento suicida, pero ese impacto no tiene que ser necesariamente negativo, y un adecuado tratamiento de la información podría ayudar a la prevención. No obstante, existen numerosos casos en los que la noticia de un suicidio ha producido un efecto de imitación. El ejemplo más conocido fueron las autoinmolaciones en los años 70 tras la aparición en prensa de la foto de un monje tibetano prendiéndose fuego en las calles de Saigón como acto de protesta.

–¿Qué requisitos deberían cumplir esas informaciones para ser constructivas?

–Existen desde hace tiempo guías publicadas por la OMS, o el Ministerio de Sanidad, entre otras organizaciones, y la mayoría coinciden en señalar que deben resaltarse las alternativas al suicidio, acompañarse la noticia de información sobre recursos comunitarios y líneas de ayuda, sobre factores protectores, factores de riesgo y señales de alarma, y destacar la posible asociación entre la depresión y otros trastornos mentales y la conducta suicida, trastornos para los que hay tratamiento. Y, por supuesto, no tratar la noticia de forma sensacionalista, o recrearse en los detalles que rodearon al suicidio.

–¿Qué significa para usted el ingreso en la Academia?

–Un gran honor. Desde el punto de vista académico, supone el máximo reconocimiento. Son unos cuantos años dedicando horas, que deberían haber sido de ocio, a la investigación, de modo que reconforta ver que sí hay alguien que reconoce ese esfuerzo.

–Su padre fue, durante muchos años, jefe del servicio de Radiodiagnóstico el HUCA. En su casa se respiraba la medicina. ¿Cómo influyó su padre en su decisión de ser médico?

–De mi padre procede la vocación de ser médico. De niño, le acompañaba a su trabajo. Recuerdo cómo me fascinaba el ambiente que se respiraba en el antiguo Hospital General de Asturias, especialmente los hongos de policlínicas, que tenían un aspecto futurista, como una película de ciencia-ficción. Más adelante, me conquistó ver cómo siendo médico podías contribuir a mejorar la vida de las personas, aliviando su sufrimiento en el momento de la enfermedad.

–¿Qué le movió a ser psiquiatra?

–En realidad, yo iba para traumatólogo, pero en las prácticas de psiquiatría ya me empezó a picar el gusanillo de la salud mental. Un verano de intercambio en un hospital de México tuve ya un contacto directo con el intrigante mundo de la mente de una persona con esquizofrenia, lo que me hizo interesarme aún más. Esto, unido a que los traumatólogos utilizan métodos parecidos a los que usaba el personaje de Al Pacino en Scarface, aunque afortunadamente ellos usan anestesia...

–¿Cómo surgió su faceta de animador a enfermos y a otros colectivos caracterizándose como un guerrero de Star Wars?

–Yo creo que a todos los que crecimos con la Guerra de las Galaxias nos gustaría enfundarnos una armadura de soldado imperial. Con la excusa de acompañar a mi hija a una fiesta de Halloween decidí aprovecharme y cumplir ese sueño, así que me puse a buscar algún proveedor de armaduras (ya sabía que existían de mis tiempos frecuentando las tiendas de comics de Madrid) y me encontré con la Legión 501 y sus réplicas exactas a los trajes de las películas. En el momento en el que vi la faceta solidaria ya no había vuelta atrás, y me convertí en el primer miembro de la Legión 501 en Asturias.

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