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Cribado masivo en Asturias: 3.700 de los 115.000 jóvenes convocados solicitan una PCR en las últimas 24 horas

Oviedo y Gijón registran el mayor número de pruebas

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Jóvenes asturianos realizan una PCR en el HUCA Luisa Murias

Cortafuegos urgente a la expansión del covid-19 entre los jóvenes. La consejería de Salud adoptó ayer una decisión drástica: iniciar un cribado masivo entre todos los asturianos entre 15 y 30 años (nacidos entre 1991 y 2006) para detectar contagiadores asintomáticos y poner freno a la escalada de casos que se produce ya en toda España. El director general de Salud Pública, Rafael Cofiño, recalcó que “los jóvenes entre 15 y 30 años tienen ahora 12 veces más posibilidades de contagiarse”, carecen de protección gracias a las vacunas y “uno de cada cien infectados requiere de hospitalización”. Un total de 115.000 jóvenes están llamados a realizarse una PCR ante la menor sospecha de haber estado expuestos al virus. Se trata del mayor cribado realizado en Asturias en toda la pandemia. Hacerse la prueba no es obligatorio, aunque sí aconsejable, según Salud.

Por el momento, se ha confirmado que 3.700 jóvenes han solicitado participar en este cribado masivo. Se les empezó a citar por la mañana y esta tarde ya han hecho la PCR. Según los datos ofrecidos por la Consejería de Salud, entre el 2 y el 3 de julio se han realizado 4.013 pruebas. El mayor número se ha registrado en el Área IV, que corresponde a Oviedo, con 1.355 pruebas. Le sigue el área V (Gijón) con 1.105.

Cofiño llamó a la tranquilidad dado que “el ritmo de vacunación es muy alto” pero pidió “no banalizar” la situación. “La incidencia entre los jóvenes ya es mayor que en la tercera ola y parecida a la de la segunda”, aseguró y subrayó que el 70% de los casos son contactos estrechos que ya están en cuarentena.

El director general de Salud reconoció que este repunte “era algo esperable” ras la relajación de las restricciones e incluso llegó a afirmar que “el virus es tremendamente cabrón”. Según las autoridades sanitarias, hasta el 50 por ciento de las personas de entre 16 y 30 años pueden mantener síntomas a los seis meses de haber sufrido un cuadro agudo de coronavirus. Son frecuentes el cansancio, la fatiga, los trastornos de memoria y concentración o las alteraciones del gusto y el olfato.

La incidencia acumulada del covid-19 a 14 días sufrió ayer una nueva subida a causa de los contagios entre jóvenes, al pasar de los 98,45 casos por cada cien mil habitantes a 115,63 casos. No obstante, la presión hospitalaria sigue en su tónica descendente bajando del 1,4 por ciento de ocupación al 1,34 por ciento. Aun con datos provisionales, la consejería de Salud señaló que del jueves al viernes se detectaron 320 nuevos positivos, tres de cada cuatro entre menores de 30 años. Con todo, la vacunación sigue siendo el principal motivo de optimismo por el buen ritmo de avance que ha adquirido la campaña, el más alto de España en relación a la población.

La letalidad cae abruptamente entre los más jóvenes.

La evidencia de que esto es así queda clara cuando se analiza la letalidad del covid según las edades, esto es el porcentaje de pacientes que enferman y fallecen. Entre los mayores de 85 años, esa tasa es del 43,51 por ciento: es decir, prácticamente dos de cada cinco mayores de 85 años que enfermaron de covid-19 terminaron muriendo. Esa proporción desciende hasta el 22,22 por ciento entre los 75 y los 84 años (uno de cada cuatro enfermos) y se reduce al 8,44 por ciento (menos de uno de cada diez) en el caso de quienes se encuentran entre los 65 y los 74 años. Según los datos de Asturias, la letalidad entre quienes tienen entre 15 y 30 años (la población que ahora sufre una quinta ola de contagios) se encuentra en el 0,03 por ciento. Es decir, fallecerá por covid uno de cada tres mil infectados.

Entonces ¿por qué preocuparnos?

Resultaría irresponsable considerar que, dado que entre los jóvenes las consecuencias del covid son menos graves, no deben tomarse medidas para evitar los contagios. Primero, las posibilidades de hospitalización siguen existiendo: uno de cada cien jóvenes contagiados tendrá que ser atendido en un hospital. Segundo, si el virus se propaga ampliamente y se multiplican los contagios, existe la posibilidad de que afecte a otras edades, aunque tengan alguna dosis de vacunación. Las vacunas no impiden los contagios ni que las personas infectadas propaguen la enfermedad: únicamente dan más armas para combatir el virus y evitar sus consecuencias más graves. En tercer lugar, cuantos más contagios se produzcan más riesgo existe de que se produzcan mutaciones del virus, alguna de las cuales podría hacer ineficaces las vacunas. Y en cuarto lugar, quedan aún muchas incógnitas sobre las consecuencias futuras de haber pasado la enfermedad. Aumenta la literatura médica sobre el llamado “covid persistente”, los efectos de la enfermedad a largo plazo que se mantienen, como fatiga, dificultad para respirar, dolores musculares y dificultad para dormir. Se cree que pueden sufrirlo una de cada tres personas que han contraído la enfermedad. Un reciente estudio en el que han participado dos científicas españolas y publicado en “Nature” apunta además que las personas infectadas tienen un mayor riesgo de padecer en el futuro enfermedades neurodegenerativas. Por eso, evitar los contagios también entre los jóvenes es una prioridad sanitaria, no solo pensando en los hospitales de ahora, sino en la salud colectiva del futuro.

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