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Jonás Fernández: “La ciudadanía debería exigir dar más responsabilidad a Europa”

El eurodiputado asturiano del PSOE analiza en un libro el papel de la socialdemocracia europea para sostener el paradigma de bienestar

Jonás Fernández | Thierry Roge

Jonás Fernández | Thierry Roge

El eurodiputado ovetense Jonás Fernández es un político diferente, se maneja más a gusto en el terreno del análisis y la reflexión que en el reproche y la pugna habitual con el contendiente de turno. Europeísta convencido solo regresó a la política, tras su paso por las Juventudes Socialistas, para optar a ser eurodiputado, primero en 2014 y luego en 2019. Pese a que no iba precisamente en puestos de salida, en ambas ocasiones logró escaño. En los últimos meses ha compatibiliza su trabajo en el Europarlamento con la elaboración de la ponencia económica al 40 Congreso Federal del PSOE, que se celebrará el próximo mes en Valencia, la rampa de lanzamiento, en clave interna, de Pedro Sánchez para las generales de, presumiblemente, 2023. Además, la pasada semana llegaba a las librerías su nuevo libro “Volver a las raíces”, en el que examina la situación de la socialdemocracia en los países de la Unión Europea y sus retos ante el embate de una situación tan inesperada como la mayor pandemia de los últimos cien años. Un libro que presentará el próximo día 16 en Madrid, el 17 en Barcelona y a la semana siguiente en Gijón y Bilbao y que luego, en noviembre, también tendrá edición en lengua inglesa.

Cambio de ciclo tras el fiasco de la izquierda en la Gran Recesión.

“Durante la Gran Recesión, especialmente cuando la crisis dejó de ser un shock estrictamente financiero global tras la caída de Lehman Brothers y pasó a ser una crisis de deuda soberana en la zona euro, Europa se enfrentó a una decisión transcendental: dejar caer a algún país y que saliera de la zona euro, o bien establecer mecanismos de apoyo mutuos. Se evitó el primer escenario, pero esos apoyos se sustanciaron en rescates sujetos a una condicionalidad dirigida a garantizar la devolución de esos créditos europeos. La experiencia evitó la ruptura de la zona euro, pero dejó tras de sí un coste social muy notable y una desconfianza creciente entre los socios comunitarios y entre la ciudadanía y la propia Unión”.

Las decisiones de la UE responden a las mayorías políticas, no a los burócratas.

“Salvar el euro con esos costes sociales fue una decisión que no emanó de tecnócratas o de una burocracia, sino que fue el resultado de las mayorías políticas de entonces, y sus consecuencias políticas en términos de fragmentación y división del electorado en toda Europa, al norte y al sur, llegan hasta hoy. Sin embargo, en esta ocasión, y con unas mayorías sensiblemente distintas, pero también con la experiencia de la crisis previa y la naturaleza sanitaria de la recesión, se ha viabilizado una tercera opción: la creación de un programa de inversión comunitaria financiado con deuda común. En un salto institucional sin precedentes que, por supuesto, está ayudando y mucho a surcar esta crisis con más instrumentos a disposición, financiado con ayuda comunitaria apoyos como los ERTEs o los avales y garantías a las empresas, y ahora, en el proceso de recuperación, con el respaldo directo de los 750.000 millones del Next Generation EU, que casi duplican el presupuesto ordinario de la Unión. La ciudadanía puede comparar una opción, la de entonces, con otra, la presente, y creo que ahora es consciente del papel que ha jugado la socialdemocracia europea y el gobierno de Pedro Sánchez en el diseño de toda estructura de apoyo”.

Debilidad de la izquierda en 2008 y respuestas diametralmente opuestas en la crisis de la pandemia.

“En aquel entonces, el centro-derecha gobernaba en casi dos tercios de los Estados miembros, entre ellos Francia, Italia y Alemania, éste último en coalición de la derecha de Merkel y los liberales, y contaba con una mayoría muy holgada en el gobierno de la Unión, la Comisión, y en el Parlamento. Con esas mayorías electorales a nivel europeo, fueron ellos los que diseñaron el marco de actuación para todos los Estados, y en aquellos países con gobierno socialista entonces, como España, se tuvo que trabajar en ese entorno. Las políticas de la mayoría conservadora en Europa de entonces penalizó a los gobiernos socialistas nacionales y en los Estados donde gobernaba la derecha, las decisiones europeas se alineaban más o menos con sus propios gobiernos. Esto ayuda a explicar la debilidad de la izquierda en aquellos años, pero también la fragmentación electoral consiguiente. Con el inicio de la recuperación, se fue ampliando el espacio de actuación para posibles gobiernos nacionales socialistas y en esta crisis nos hemos encontrado con una relación de fuerzas más cómoda. Por ejemplo, la presencia del SPD alemán en el actual gobierno de Merkel, al igual que en Italia, la sustitución de Sarkozy por Macron y el ejecutivo recién llegado al poder de Pedro Sánchez en España, así como un equilibrio en la Comisión y el Parlamento menos escorado a la derecha. Confío en que la ciudadanía pueda ver detrás de las nuevas políticas europeas el peso de la socialdemocracia”.

“Las decisiones de la UE no las toman burócratas, sino políticos que salen de unas elecciones”

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Los roles de Ángela Merkel y de la socialdemocracia ante la crisis del coronavirus.

“Alemania siempre es central en la toma de decisiones de la Unión. Como decía, en 2010, el gobierno en Alemania era una coalición entre la CDU-CSU de Merkel y los liberales del FDP, bastante menos europeístas que los democristianos. Merkel impulsó políticas para evitar una ruptura de la zona euro, pero evitó mancomunar deuda, como estamos haciendo ahora, lo que nos condujo a las estrategias de rescates y condicionalidad presupuestaria. En la actualidad, el SPD está en el gobierno alemán y el ministro de Finanzas es el socialista Olaf Scholz, esperemos próximo Canciller. No podemos pasar por alto la distribución del poder político. Las decisiones en la UE no las toman burócratas, sino políticos que salen de unas elecciones. Cuando hablo en mi libro de ‘Volver a las raíces’, me refiero a robustecer las políticas de redistribución de la renta y, para ello, en estos momentos de la historia, necesitamos una Unión más fuerte, porque los Estados han visto difuminar su poder de actuación, no por la expansión de la propia Unión, como defendieron en el Brexit, sino por la naturaleza de la evolución de los mercados globales. Para redistribuir renta, eliminar la pobreza y reducir la desigualdad necesitamos una institución pública con la capacidad efectiva para hacerlo, no sólo para proponérselo. Hoy en día esa institución es la Unión Europea, pero la ciudadanía tiene que ser consciente cómo la propia Unión funciona y cómo toma decisiones, para orientar nuestra acción política, y eso también se explica en el libro”.

El aliado de los socialistas ante el reto de preservar el Estado de Bienestar tras la crisis covid.

“El mejor aliado será una ciudadanía europea consciente y crítica de lo que se juega en los debates europeos. Ahora persiste una nebulosa sobre los métodos de trabajo y el sistema de toma de decisiones de la Unión que dificulta la percepción de la ciudadanía. Europa es única en el mundo por su modelo social de mercado y sus políticas redistributivas del Estado de Bienestar, y este paradigma sigue siendo muy mayoritario en el continente. Si aspiramos a mantenerlo en el futuro, necesitamos ir transfiriendo alguna responsabilidad más, de las que ahora permanecen en manos de los Estados aunque no puedan hacerlas cumplir, a la Unión y para ello la ciudadanía tiene que exigirlo. Pero la misma ciudadanía tiene que entender cómo funciona la UE para legitimar democráticamente la operación. El libro intenta esclarecer esa nebulosa y alimentar esa agenda de reformas. Más allá de esto, la socialdemocracia europea siempre ha buscado los apoyos, las coaliciones o los acuerdos de una manera pragmática para avanzar en ese camino, siendo consciente de que todo esto no se resuelve en un día”.

Respuestas al crecimiento de la inflación y la deuda para evitar un crack como el de 1929.

“La inflación está repuntando, primero, porque los precios el pasado año, en mitad de la pandemia, se habían estancado o reducido. Hay problemas también de suministro de algunos inputs como los microprocesadores y, además, las políticas económicas en occidente para reactivar la economía están funcionando, pero la pandemia no ha permitido aún restablecer plenamente todos los canales de distribución y las cadenas de producción. Asimismo, hay algunas bajadas de impuestos al consumo tomadas por algunos gobiernos, como Alemania, que comienzan a revertirse con un incremento puntual de los precios. El propio BCE considera estas subidas actuales como transitorias. En todo caso, además de la inflación hay que fijarse en el nivel de los mismos que siguen siendo muy contenidos. Las perspectivas para los próximos dos años, un horizonte razonable para realizar este tipo de valoraciones, son positivas, y así lo reflejan todas las instituciones públicas y privadas. Por otra parte, la deuda comunitaria que financia el Next Generation EU habrá que amortizarla con impuestos nuevos que eviten los actuales vericuetos de elusión fiscal (corporaciones digitales, grandes multinacionales, paraísos fiscales, etc.), lo que podría suavizar la carga tributaria de las personas o las pymes, y la deuda de los Estados se ha tomado a tipos muy reducidos o incluso negativos. Habrá que gestionar esta deuda durante un tiempo, pero Europa está saliendo más fuerte de esta crisis”.

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