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El nuevo urbanismo que llega a Asturias: de las ciudades inteligentes a las ciudades amables

La suma de crisis, climática y sanitaria, obliga a diseñar urbes blandas, flexibles y sostenibles y a volver a potenciar lo colectivo

Ya nadie habla de “smart cities”. No, al menos, en los términos de entusiasmo tecnológico de hace más de una década. La tecnología del internet de las cosas claro que ha ido desarrollándose e incorporándose a la gestión de las ciudades para otptimizar algunos servicios. Pero la utopía de una tecnociudad regida por un gran cerebro digital que ayuda a que la vida de sus habitantes sea mejor y más fácil ha quedado en papel mojado tras el jarro de agua fría de la crisis real, energética y sanitaria, y la urgencia de modelos efectivos para la reconstrucción del nuevo espacio urbano. El urbanismo que viene después del covid, y que en realidad incorpora tendencias históricas que ya habían aflorado tras la crisis de 2008, parte de la ausencia de certezas y de la necesidad de aportar modelos blandos de ciudad, flexibles, urbes capaces de adaptarse a cambios de ciclo tan brutales como el vivido durante la emergencia del covid. Y verdes.

El sueño del ladrillo se ha convertido en el sueño de los árboles y los jardines. El ecologismo y la necesidad de disfrutar de espacios abiertos han enterrado, solo en parte, el modelo de los centros comerciales. Convive la tendencia de la huida al campo con la de meter el campo en la ciudad. Si el virus volvió resaltar los desequilibrios sociales y económicos entre los barrios, la tendencia de irse a una vivienda unifamiliar en el campo es otra brecha económica más. La forma de combatirla, desde un urbanismo inclusivo y solidario, pero también sostenible, como exige la lucha contra el cambio climático, es generar espacios verdes en la ciudad. No ya jardineras, no ya parques, verdaderos anillos vegetales, como los que se fueron generando en las últimas décadas en el perímetro de las ciudades llevados ahora a su corazón. El High Line de Nueva York (la recuperación verde de la vieja línea de tren) sigue siendo, una década después, un modelo a imitar y superar.

Junto al verde, el urbanismo también busca recuperar los espacios clásicos de vida en comunidad que el progresivo individualismo hipercapitalista barrió. Vuelven las corralas, el cohousing, zonas comunes con más ambición que un patio. En los edificios se ponen más terrazas, piscinas y hasta salas de cine comunitarias. La nueva ciudad, sin coches y con espacios amplios en los que pasear y relacionarse, necesita también aportar seguridad a cualquier vecino, diseñar espacios contra la violencia machista (sin callejones ni puntos ciegos) y tratar de potenciar las economías y producciones de proximidad en este momento tan esquizofrénico en que el reparto a domicilio y las compras online van por el otro lado: el de las tiendas fantasmas dedicadas a la logística (dark stores, gosht kitchen y bajos para almacenar o recoger cosas). Una ciudad, pues, obligada al imposible de conciliar los extremos y salir indemne.

Una vista aérea de la fábrica de La Vega, en Oviedo. Irma Collín

De las nuevas fábricas de ideas a la revolución de lo rural

La revisión del Plan General de la capital del Principado contiene el crecimiento, es verde y tendrá que atender al desarrollo de los polos del Cristo y de La Vega

Ch. N.

La revisión del Plan General de Ordenación de Oviedo, un trabajo que está llevando a cabo un equipo dirigido por los urbanistas Víctor García Oviedo y Ramón Fernández Rañada y el biólogo Emilio Rico, no es ajeno al cambio de paradigma en el urbanismo. De hecho, este documento, que ha tenido que adaptarse de un gobierno de izquierdas (empezaron con el trabajo con el tripartito de PSOE, Somos e IU) a las ideas neoliberales de la actual coalición de PP y Cs, intenta superar las tensiones ideológicas que afectan al diseño de las ciudades y plantea nuevas formas de encarar la ciudad futura. Hay unas líneas generales que, más allá de las siglas, se han respetado. El crecimiento ya no es lo que era y la idea de que no puede haber “casas sin gente y gente sin casas” ha calado. Esto quiere decir que si la última vez que Oviedo revisó su Plan General de Ordenación (hace 14 años) la previsión era de 60.000 viviendas más y hoy solo se han construido 24.000, no hay motivos para sacarse plantear más vivienda.

Las 36.000 que quedan por hacer son suficientes para seguir construyendo Oviedo. Es cierto que, frente a las ideas del anterior equipo que quería reducir esa cifra y volver a suelos no urbanizables los ámbitos que no iban a desarrollarse, en la nueva revisión se fía a los promotores qué hacer con esos ámbitos.

No hay marcha atrás, pero sí freno. Y, además, también se incorpora la idea de primera la rehabilitación sobre la construcción. Muy parecidas a las expuestas en el primer borrador son las ideas que se plantean en la zona rural, a la que se le da una importancia mucho mayor, pieza esencial de la ciudad, y no un apéndice incómodo.

La revisión del Plan General intenta aportar un valor extra a la zona rural de Oviedo y ganar población mejorando los servicios y las condiciones para construir. Se reduce de 1.500 a 1.000 metros cuadrados la parcela mínima de suelo urbanizable en las zonas centrales de núcleos rurales dispersos y se mantiene el mínimo de 1.500 para los extremos. Lo que se pretende, por tanto, es que esas zonas no se desparramen tanto, para que los servicios no resulten tan costosos y que los vecinos encuentren nuevos atractivos.

También se recomiendan nuevos modelos constructivos, con más altura y volumetría, para superar las viviendas unifamiliares y avanzar hacia un nuevo modelo de quintanas, capaces de alojar a pequeñas comunidades.

Lo verde está presente desde distintos puntos de vista en esta revisión. De un lado, se quiere aprovechar lo que Cinturón Verde dejó hecho con la conversión de la vía de tren hasta fuso en una senda peatonal. Ese tramo, con los otros ejecutados al Este, siguiendo en algunos tramos la orilla del Nora, se pueden conectar, plantea el documento, para dotar al municipio de un anillo verde que pueda articular la zona rural a través de sendas peatonales.

En ese nuevo cosido de la zona rural que plantea la revisión del Plan General de Oviedo entra en juego, como no podía ser de otra forma, el Naranco, en el que se quiere conjugar la accesibilidad, la seguridad en el patrimonio y la conexión efectiva de sendas y caminos forestales.

El otro gran verde sobre el papel forma parte de uno de los dos grandes desarrollos a los que esta revisión del Plan General tiene que mirar, la de los terrenos del viejo HUCA y la de la vieja fábrica de armas. A falta de que la negociación del Ayuntamiento con el ministerio de Defensa, actual propietario de los terrenos, se resuelva, el ámbito del Cristo cuenta ya con un plan que se está tramitando en estos momentos. Ese proyecto, el HUCAMP!, plantea, precisamente, la conversión de todo el complejo hospitalario en una especie de bosque urbano que en aloje, en su interior, vivienda con y sin protección, y un campus universitario.

Lo que se plantea para el otro extremo, en La Vega, un polo biotecnológico y algunos equipamientos culturales nuevos, señala otra tendencia del nuevo urbanismo a la que Oviedo no es indiferente. Superado el modelo de la gran industria e incluso el de la pequeña industria, las nuevas fábricas que aportan las ciudades son las fábricas de conocimiento. No son grandes centros de producción pero sí de concentración del talento y de puesta en común de ideas. Eso es lo que en torno al nuevo HUCA se pretende favorecer con la llamada “vega del conocimiento”, la conexión efectiva, y sobre el tejido urbano, de los investigadores vinculados al hospital, en la Finba, al semillero de empresas del sector en el Vivarium, y al nuevo conglomerado que se quiere empezar a diseñar ya para La Vega.

La revisión del Plan General trata de responder también a ese reto, no pensar ya en el urbanismo de cómo y dónde se vive, sino también de cómo se piensa, se produce y se siente: plasmar en el espacio real los espacios inmateriales de esas otras dimensiones de ciudad.

El paseo del Muro de San Lorenzo, en Gijón. Marcos León

Cirugía urbanística pensando en el peatón en espacios relevantes

Los planes especiales del Muro y Cimadevilla, el plan de vías, la reforma de Fomento o renaturalizar el Piles muestran la nueva filosofía de ciudad

M. Castro

“Una ciudad más verde, paseable, pensada para las personas y donde los coches no lo ocupen todo”. La alcaldesa de Gijón, Ana González, definía así el modelo de ciudad hacia el que se está encaminando Gijón. Fue en la inauguración en julio del año pasado de la reforma de la avenida de El Molinón, en la que el asfalto se ha sustituido por un paseo verde que se integra en el parque de Isabel la Católica, dándole continuidad hasta la ribera occidental del río Piles.

Un nuevo modelo de ciudad que incluye importantes cambios en otros espacios emblemáticos, algunos de los cuales se desarrollarán mediante planes especiales de reforma interior (PERI) previstos en el PGO de 2019, como los del paseo del Muro y Cimadevilla o mediante otros instrumentos, como el plan de vías.

Los cambios de filosofía son claros. Si en el plan especial del Muro de 2004 se planteaba el soterramiento del tráfico por debajo del mismo, ahora lo que se está haciendo es desviarlo hacia calles más al Sur, con la semipeatonalización provisional del paseo que se implantó para facilitar que los paseantes guarden las distancias, con motivo de la pandemia.

Una medida coyuntural, a la espera de una transformación definitiva en la que disminuirá en mayor o menor grado el tráfico rodado.

Ambos socios del equipo de gobierno de PSOE e IU han planteado dotar de una plataforma única al principal paseo marítimo gijonés o bien solo hasta la mediana del mismo o en su totalidad, y en la que está por ver si se mantiene solo un carril de circulación en dirección hacia el Piles o uno en cada sentido como reclama la oposición de centro derecha. La velocidad máxima de circulación para un vehículo en una plataforma única es de 20 kilómetros por hora. También se contempla eliminar los aparcamientos.

La ampliación de aceras e incluir instalaciones culturales, deportivas, de ocio o infantiles forman parte de las propuestas que se plantearon para el Muro en la tormenta de ideas entre los miembros de la comisión que se encargó de plantear propuestas, en las que el único punto de discrepancia era si se debía mantener uno o dos carriles para el tráfico rodado, discrepancias que también han dado lugar a tormentas políticas dentro del propio Ayuntamiento.

La plataforma única, en la que la calzada va al ras de la acera, ya se está instalando en calles de Cimadevilla y se va a extender por todo el barrio, siendo uno de los aspectos a incluir en el nuevo PERI que se va a elaborar para el casco histórico gijonés.

El Muro y Cimadevilla no son los únicos espacios emblemáticos de Gijón en los que se plantea cirugía urbanística para los próximos años. Al otro lado del cerro de Santa Catalina, en el paseo marítimo que va desde el rompeolas del puerto deportivo de Gijón hasta la playa de Poniente, se contempla también una transformación que tendrá como base el concurso de ideas ganado por un proyecto que prevé una grada en la cuesta del Cholo, ensanchar aceras en las calles Claudio Alvargonzález y Rodríguez San Pedro y dotar de espacios verdes al entorno de la playa de Poniente, con áreas para reunión y espacios para conciertos, actividades culturales y zonas infantiles.

Con esta zona de Poniente conectará el parque lineal que se plantea entre Moreda y el centro de Gijón dentro del proyecto del plan de vías, en el que además se han reducido las alturas de los edificios respecto a las grandes torres previstas en el proyecto ganador del concurso de ideas de 2006. Menos densidad edificatoria y zonas verdes que no son suficientes para el colectivo ciudadano que reclama que el Solarón se mantenga como parque, sin edificar.

El nuevo modelo de ciudad, con nuevos carriles bici incluso en algunas calles empinadas como las que llevan al barrio de El Coto, o con carriles bus para potenciar el transporte público, no se queda en las zonas costeras de mayor esparcimiento o en el centro.

El primer carril bus precisamente se ha puesto en el barrio de La Calzada y forma parte de los proyectos por 9,3 millones de euros para los que el Ayuntamiento ha solicitado fondos europeos, proyectos que incluyen aparcamientos disuasorios, un servicio municipal de bicicletas o crear nuevos espacios verdes en este barrio del oeste de Gijón.

A fondos europeos también opta el proyecto para renaturalizar el río Piles, convirtiendo también su ribera en una zona de esparcimiento, aunque con polémica por el rechazo de los clubes de piragüismo. A dineros de Europa también optarán los planes para Cimadevilla y el Muro, en este caso como zona de bajas emisiones.

Terrenos de la Isla de la Innovación que se destinarán a la ampliación del parque tecnológico. Luisma Murias

Avilés quiere ver emerger al fin su Isla de la Innovación junto a la ría

Con la revisión del Plan Urbano de 2006, que ya se fía al próximo mandato, se buscará un modelo de desarrollo eficiente y en línea con la Agenda 2030

A. P. Gión

El urbanismo del futuro de Avilés pasa por hacer emerger la Isla de la Innovación, el proyecto de desarrollo en torno a la ría del que se empezó a hablar hace ya veinte años y del que por ahora solo es visible su estandarte, el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer. El plan especial de la Isla de la Innovación, que poco tiene que ver con aquellos canales y lofts anunciados hace años, está estructurado en tres ámbitos: la ampliación del parque científico tecnológico, la nueva zona residencial de Divina Pastora y la recuperación de los terrenos que están en torno a las actuales estaciones de tren y autobús, también para uso residencial. El desarrollo de estos dos últimos, lo que se conoce como “la nueva centralidad”, están pendientes del desarrollo de la integración del ferrocarril, pero la primera fase está más cerca.

A lo largo de este 2022 se empezarán a asentar sus bases con el inicio de los proyectos de planeamiento que permitirán su desarrollo urbanístico. El objetivo es poner un espacio de 40.000 metros cuadrados a disposición de proyectos de carácter innovador intensivos en conocimiento y ligados a la investigación, la innovación, el impulso y la atracción de empresas de base tecnológica, la digitalización, la industria 4.0, el desarrollo sostenible y las energías renovables. En esos terrenos próximos al Niemeyer se pretende generar un espacio vivo, en el que las nuevas empresas convivan con espacios adecuados en los que puedan residir los investigadores. El reto es conseguir que estos terrenos estén disponibles para su uso a la vez que los que ocupan las antiguas baterías de coque de la siderúrgica, una gran bolsa de terreno (unos 400.000 metros cuadrados) que se quiere destinar a una industria moderna y que genere valor añadido.

El desarrollo de los ámbitos de mejora previstos en el Plan Especial de Mejora y Reforma Interior del Casco Histórico, para dar el impulso definitivo a la imagen de Avilés como ciudad medieval, es otro de los retos urbanísticos de la Villa del Adelantado. En marcha están ahora los trámites del plan especial que permitirá recuperar tramos de una muralla medieval que se creía totalmente arrasada y cuyos frutos se espera poder empezar a ver a partir de 2023.

En la hoja de ruta está también aplicar los criterios del nuevo modelo de desarrollo urbanístico eficiente, compacto, ecológico y viable de la Agenda 2030 y que difieren de los criterios aplicados en el momento de redacción del plan urbano ahora vigente, el de 2006, aprobado en plena época de desarrollismo en España, de especulación de la vivienda y poco antes del estallido de la crisis económica y financiera de 2008. Toca repensar la delimitación de los sectores de suelo urbanizable. Está previsto hacer una revisión del PGOU de Eduardo Leira durante el próximo mandato y desde otro prisma basado en la sostenibilidad ambiental, social, económica y cultural.

El Plan General preveía un crecimiento residencial de unas 15.000 viviendas con capacidad para albergar a más de 45.000 nuevos habitantes. Ninguno de los 16 sectores de suelo urbanizable residencial se ha desarrollado y ahora se aprecia un sobredimensionamiento de los crecimientos previstos entonces que toca corregir. Lo que se busca es “una ciudad más sostenible, con más espacios para las personas”, un objetivo en el que también se avanza con la extensión de las zonas peatonales y con un plan de movilidad hasta 2030 que está más cerca de aprobación en el Pleno.

Esa propuesta de movilidad hasta el año 2030 tiene como objetivo principal reducir el uso del coche y que el 80% de los desplazamientos por la ciudad sean a pie o mediante medios sostenibles en el cambio de década. Uno de sus pilares es la extensión de las peatonalizaciones del casco histórico que se iniciaron en la década de 1990 y que se ampliaron recientemente al entorno del parque del Muelle, uniendo os dos conjuntos históricos de Avilés: el de la villa y el de Sabugo. El 40% del centro urbano de Avilés es ahora peatonal. El reto es que en 2030 ese porcentaje se incremente hasta el 60%.

Rampa de acceso al falso túnel del soterramiento, con el puente atirantado de Sama al fondo. Miki López

Industrias o hacer ciudad: el Langreo que aflora tras el plan de vías y la térmica

Mieres pretende culminar sus peatonalizaciones, remodelar la plaza de abastos y consolidar el parque de la Mayacina como nuevo “pulmón verde” de la villa

M. Á. Gutiérrez

El principal acceso a Langreo desde el centro de la región, siguiendo el Corredor del Nalón, también introduce al visitante en una película de Mad Max. A medida que la carretera avanza, se va haciendo más grande la estampa posapocalíptica de las ruinas industriales del antiguo complejo químico de Nitrastur, junto al que, a escasos metros de distancia, emergen las chimeneas y el laberinto de tuberías de la central térmica de Lada, ya en proceso de desmantelamiento. Son los símbolos de un pasado sobre el que Langreo quiere edificar su futuro. Una bolsa de más de 600.000 metros cuadrados que, con el soterramiento de las vías de la antigua Feve, puede cambiar de forma radical la fisonomía del municipio en los próximos años.

A los terrenos de la térmica de Lada (264.000 metros) y del suelo de Nitrastur (200.000 metros) –todo ello propiedad de Iberdrola– se suman las parcelas en desuso de las primitivas Felguera Melt y Felguera Construcciones Mecánicas, 138.000 metros que tienen a Duro Felguera como dueña. Todo ello enclavado en la misma zona, en un punto de conexión estratégico entre los distritos de Lada, Barros y La Felguera.

Ahora, con el desmontaje de la térmica en marcha y la descontaminación de los terrenos de Nitrastur en fase de tramitación, surge la pregunta de qué hacer con los terrenos: captar empresas o “hacer ciudad”.

Los terrenos tienen una calificación industrial en el Plan Urbano. No obstante, en el caso de Nitrastur –un complejo con varios edificios catalogados y considerado uno de los mejores ejemplos en España del movimiento moderno– se llegó a plantear en 2007 por el Principado un complejo tecnológico y residencial que no llegó a cuajar. En lo referente a la térmica, Gobierno regional y Ayuntamiento abogaron desde un principio por darle un aprovechamiento industrial para reemplazar la actividad perdida. Sin embargo, algunos geógrafos y arquitectos entienden que el cierre de la planta supone una oportunidad histórica para planificar la regeneración de Langreo, dando usos urbanos a los terrenos y desplazando a otras áreas de concejo (actualmente hay dos polígonos vacíos) las alternativas industriales que se puedan generar.

Cualquier planificación debe contar, en todo caso, con el visto bueno de los propietarios del suelo: Iberdrola y Duro Felguera. El Ayuntamiento, gobernado por el PSOE, no oculta su interés por todo este suelo, aunque esgrime que no podría pujar por los terrenos frente a las ofertas de compradores privados. En el mandato anterior, el gobierno local, entonces de IU y Podemos, propuso crear un gran consorcio que implicase a las administraciones, Duro e Iberdrola para planificar la gestión del suelo, pero la idea no fructificó.

El Langreo del futuro también mira hacia el soterramiento de las vías de la antigua Feve, una obra que se inició a finales de 2009 y que, tras múltiples contratiempos técnicos y administrativos, parece encarar ahora su recta final. El traslado del tráfico ferroviario por una galería soterrada permitirá liberar para nuevos usos una franja de 1,6 kilómetros entre Sama y La Felguera, lo que conformará un nuevo eje entre los dos principales distritos de Langreo.

Las obras de urbanización supondrán la mejora de la conexión con el área empresarial de Valnalón y la creación de un paseo con mobiliario urbano y zonas de ocio, que podrán albergar juegos infantiles y gerontogimnasia, además de un carril bici. La retirada de la vía dará paso a un bulevar y otras áreas de paseo en un tramo en el que se construirán cuatro glorietas.

El proyecto incluye un plan especial de reforma interior del barrio de El Puente, el más castigado por los trabajos para enterrar las vías. Por último, a la parcela de titularidad que queda libre en Langreo Centro –frente al estadio de Ganzábal y que en los últimos años estuvo ocupada por las máquinas que trabajaban en la obra del soterramiento– se le dará un uso residencial, aunque no se descarta que también pueda alojar una zona verde junto a las viviendas.

En el concejo vecino de Mieres, gobernado por IU, la estrategia pasa por culminar el plan local de peatonalizaciones. Se actuará sobre las céntricas calles Escuela de Capataces y Doce de Octubre, eliminando las actuales calzadas y ampliando las aceras, dejando un carril de rodadura central para usuarios de cocheras y para carga y descarga. La propuesta municipal incluye también la reforma de la plaza de abastos. Estos trabajos se completarán con el parque de la Mayacina, el nuevo “pulmón verde” del ensanche urbano de Mieres.

Plaza de Abastos de Pola de Siero Miki López

Siero busca una nueva conexión interna

Compactar Lugones, unir con viviendas la Pola y El Berrón y conectar los núcleos en bici, estrategias del cuarto municipio

A. Illescas

Siero está viviendo en los últimos tiempos una notable transformación a nivel urbanístico, incrementando su parque de viviendas y cambiando la configuración de su principal núcleo, Lugones, compactándolo con nueva vivienda, a la par que evolucionan otros puntos clave del concejo, Pola de Siero, La Fresneda y El Berrón. Estos cambios se han adelantado a la aprobación de la modificación de su Plan General de Ordenación, que se encuentra en plena tramitación, próximo a la aprobación inicial. En la revisión se contempla la construcción de 16.100 nuevas viviendas en el conjunto del municipio, alcanzando las 3.852 en la Pola, 3.602 en Lugones y 434 en El Berrón.

El documento recoge, asimismo, la posibilidad de que Pola de Siero se expanda sobre todo hacia El Berrón. De hecho, ya hay un proyecto preparado para unir ambas localidades con una vía peatonal y un carril bici, además de construir una nueva rotonda de entrada a la capital por el barrio de La Isla y otra, que acaba de concluirse, a El Berrón desde la nacional 634. Muchas de estas ideas de lo que será el futuro Siero, ya están en marcha, en gran medida, gracias a la llegada de fondos europeos Feder y a la aparición de convocatorias para proyectos en el marco del fondo de rescate europeo Next Generation. Destaca el carril bici que se ha comenzado a implantar en Lugones. Catorce kilómetros que estarán completados a lo largo de este mismo año, conectando toda la localidad y algunos núcleos cercanos, como La Fresneda, Viella o Paredes.

Los tramos ciclables llegarán a la Pola en próximos meses y se prevé que se puedan extender hasta La Fresneda. La conectividad peatonal y en bicicleta entronca con la filosofía de compactar el concejo, muy amplio en extensión, pero con localidades muy separadas. Para conseguirlo, se ha proyectado una senda fluvial entre Lugones y la Pola y otra en forma de gran avenida, que conecte la Pola y El Berrón, facilitando que los terrenos en el margen de la nacional 634 puedan urbanizarse.

Los otros dos puntos importantes dentro del futuro urbanístico del municipio son la influencia de los polígonos (principalmente el de Bobes) y la modernización y crecimiento, hacia el interior de Lugones, y, hacia el exterior, de La Fresneda.

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