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Dos divulgadores piden perdón a Otín por desacreditar su trabajo científico

Francisco R. Villatoro y Alfredo Maldonado admiten que se dejaron “arrastrar por la ola sin reflexionar sobre las consecuencias”

Carlos López-Otín, en su despacho. | Luisma Murias

Dos científicos, que a su vez ejercen como divulgadores acaban de expresar de manera pública sus disculpas al catedrático de Biología Molecular de la Universidad de Oviedo, Carlos López-Otín, por las críticas que le dedicaron en 2019, cuando una revista retiró varios artículos del investigador oscense afincado en Asturias. El físico, matemático e informático de la Universidad de Málaga, Francisco R. Villatoro, y el biólogo Alfredo Caro Maldonado, afincado en el País Vasco, son los autores de sendas declaraciones en las que reconocen que se dejaron “arrastrar por la ola sin reflexionar mucho sobre las consecuencias”.

Desde el entorno del investigador se destaca que estas dos manifestaciones, públicas y nítidas, se suman a las de otros críticos de entonces que han borrado sus mensajes acusadores. No se descarta que haya más manifestaciones en la misma línea. Mientras tanto, la Universidad de Oviedo tiene en marcha una investigación interna sobre lo sucedido en la que han sido interrogados varios profesores de la institución académica. López-Otín nunca ha querido dar nombres, pero si ha manifestado en diversas ocasiones su convicción de que el inicio de las hostilidades fue impulsado “al cien por ciento” por personas próximas.

Villatoro: “He tenido una conversación con Carlos y he comprendido la magnitud de mi craso error”

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Como es bien conocido, desde mediados de 2017, López-Otín (Sabiñánigo, Huesca, 1958) se vio envuelto en lo que ha descrito como una estrategia de “acoso personal y profesional” para desacreditar una carrera científica de prestigio mundial. En paralelo –y, según muchas voces, en relación con lo anterior–, unos 6.000 ratones de investigación, claves en el trabajo presente y futuro suyo y de sus colaboradores y discípulos, hubieron de ser sacrificados a causa de una sorprendente infección en el bioterio de la Universidad asturiana. De tal manera tocó fondo su estado anímico que llegó a acariciar la idea de quitarse la vida. Su salud psíquica se ha visto seriamente erosionada, si bien ha conseguido mantener a flote su actividad docente.

En este contexto, surgieron una multitud de expresiones de apoyo y solidaridad, muchas de ellas con firmas de científicos. Subrayaron que “los errores detectados [en los artículos del grupo de Otín] no afectan a ningún resultado esencial” y que “la retractación de estos artículos hace un flaco servicio a la ciencia, ya que desaparecen de la literatura resultados y reactivos que están validados y han sido útiles para el progreso de la investigación”.

Pero también aparecieron mensajes de descrédito, muchos de ellos amparados en el anonimato y otros con nombre, como los firmados por Francisco R. Villatoro y Alfredo Caro Maldonado. Ambos escriben desde blogs titulados, respectivamente, “La ciencia de la mula Francis” y “Ciencia mundana”. A continuación, ofrecemos un extracto de sus mensajes de disculpa:

Francisco R. Villatoro (“La ciencia de la mula Francis”)

“Mis más sinceras disculpas al prestigioso bioquímico español Carlos López-Otín por mi pieza ‘El caso López-Otín de fraude científico’ que se publicó en este blog el uno de mayo de 2019 (...). No estaba basada en sus artículos (aunque citaba los artículos retirados), sino en piezas de terceros en blogs y medios a los que di más credibilidad de la que en rigor debía (...). Hace unos días tuvimos una conversación en persona con Carlos, junto a dos expertos de confianza mutua. Gracias a ella he comprendido la magnitud de mi craso error (...)”.

Alfredo Caro Maldonado (“Ciencia mundana”)

“Me había dejado arrastrar por la ola sin reflexionar mucho sobre las consecuencias que podían tener mis palabras ni de su potencial viralidad. No contacté ni con López-Otín ni con su grupo con el que además tenía vía directa (...). No tuve en cuenta que mis palabras podrían tener consecuencias personales no sólo sobre el investigador implicado y sus allegados, sino sobre otras personas del grupo o colaboradoras, la comunidad científica y académica de la Universidad de Oviedo, o incluso sobre mí (...). Por todo ello pido sinceras disculpas al Dr. Carlos López-Otín y a todo su entorno por el daño causado. Creo que es sano que reconozcamos nuestros errores e incluso que lo hagamos público. Siento no haberlo hecho antes”.

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