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Segunda entrega

El nuevo paradigma rural: diversificación y multifuncionalidad

Los diseños de la UE “desagrarizan” la economía de los pueblos y perfilan a los campesinos como “gestores del paisaje”

Paisaje de una zona boscosa de Cangas del Narcea. Ana Paz Paredes

El economista José Luis Marrón Jaquete continúa con el análisis de su concejo natal, Cangas del Narcea, como cabecera de la comarca suroccidental, tras haber efectuado un estudio en profundidad con encuestas a todas las explotaciones ganaderas del municipio. En la entrega de hoy aborda el nuevo paradigma rural que se deriva de las políticas de la UE, donde se tiende a “desagrarizar” la economía de la zonas rurales y a convertir a los campesinos en “gestores del paisaje”. Marrón entiende que esta política diversificadora, con la introducción de nuevas actividades como el turismo, “encuentra un difícil acomodo” en territorios como el de Cangas del Narcea, marcados por el aislamiento, el poblamiento disperso y el difícil acceso a una vía de cierta capacidad.

La crisis rural recorre, con sus diferencias y especificidades, todos los países de la Unión Europea (UE). Ya en una fecha temprana y como reacción a un estado de cosas alarmante, el Comisario de Agricultura de la UE Franz Fischler reivindicaba en 1998 la necesidad de actuar y señalaba que: “El mundo rural es más que un lugar físico en un mapa; representa un modelo económico y social europeo y por esa razón no podemos quedarnos de brazos cruzados y mirar, mientras observamos como el equilibrio social y medioambiental de nuestras áreas rurales se destruye”.

Una crítica implícita al “paradigma modernizador” y productivista prevalente en ese momento y una preocupación por el desarrollo rural se recoge en la Agenda 2000 de la Comisión Europea que posteriormente se formaliza en el influyente Informe de la OCDE: “El Nuevo Paradigma Rural: políticas y gobernanza”(2006), que pone el énfasis en el desarrollo endógeno, la diversidad de la economía rural y la importancia del papel de actores no agrarios. En su argumentario parte de dos consideraciones, una central y otra que se deriva de la anterior a fin de justificar la necesidad de un cambio en la orientación de la política rural.

La primera es que la agricultura es multifuncional, que no solo produce alimentos sino también paisaje rural sostenible, protección de la biodiversidad y que resulta ser generador de empleo, y que todo ello se realiza simultáneamente en el acto de la producción conjunta: los bienes públicos “no comerciales” de carácter medioambiental aparecen vinculados con la producción agraria debido a la existencia de una relación técnica natural entre la producción agraria y el medio ambiente, lo que contribuye a la viabilidad de las áreas rurales.

La segunda premisa y más comprometida se invoca para hacer depender la supervivencia de una gran cantidad de explotaciones agrarias marginales, muy vulnerables a la liberación de los mercados agrarios, de la necesaria continuidad de las políticas diseñadas para mantener económicamente las explotaciones marginales.

Refuerza esta inquietud la observación de que muchos de los patrones de tenencia de las tierras y sistemas agrarios de alto valor natural de los que depende la protección de la diversidad y el mantenimiento del paisaje son económicamente vulnerables o inherentemente marginales en términos económicos; presentan posibilidades limitadas para la diversificación y la pluriactividad y por lo tanto son muy dependientes del soporte agrario para su continuidad.

El corolario parece evidente: sin medidas de acompañamiento permanentes la liberalización de los mercados conducirá al abandono de la tierra, el declive de los patrones de gestión del campo y la consecuente pérdida de muchas de sus características especiales. En este escenario la producción agrícola primaria sería solamente un elemento entre las actividades de la actividad campesina y de su generación de renta.

La centralidad ganadera

Subyace, por tanto, en el nuevo paradigma la existencia de un proceso de “desagrarización”. El campesino, en nuestro caso el ganadero, pierde la centralidad que tiene en la organización social, territorial y política para la población rural. Los “intangibles económicos” toman el relevo en la “economía postproductiva”. Lo rural ya no es el monopolio de los campesinos.

Un fenómeno que ha arraigado en muchos países europeos. Varios programas de investigación realizados en países de la UE señalan que el 50-60% de las explotaciones rurales son pluriactivas y combinan diferentes actividades económicas y “no económicas” y obtienen diversidad de rentas.

Sin embargo, es obligado reseñar la delicada situación actual derivada del desacoplamiento de las ayudas de los factores productivos, que se puede calificar como de vacío regulatorio, propiciada por “una desconexión con criterios productivos, pero débilmente acoplada a criterios no productivos”. Es una filosofía que impregna el Plan de Desarrollo Rural (PDR), que en su programa para el periodo 2014-2020 se dirige fundamentalmente a sostener a los campesinos como gestores del paisaje pero que pone menos atención en promover las capacidades de emprendimiento rural para tratar de conseguir a largo plazo explotaciones sin subvenciones o que puedan limitar su volumen e importancia. Se trata de un problema de la Política Agraria Común (PAC) en su conjunto que se interpreta por algunos estudiosos como una forma encubierta de justificar la concesión de un “salario social” a los campesinos por generar externalidades positivas para la sociedad en su conjunto.

La diversificación o pluriactividad, entendida como la presencia de otras actividades como el agroturismo, la existencia de servicios “in situ “ para atender a las demandas medioambientales u otros, así como el trabajo a tiempo parcial fuera de la explotación, encuentran un difícil acomodo en la tipología del territorio de Cangas del Narcea descrito hasta aquí, lo que explica la insignificancia de los parámetros registrados en las explotaciones con más de 75 cabezas (ver cuadro) en relación con la importancia tanto de la diversificación productiva como de la existencia de ingresos complementarios en las explotaciones.

Hay que entender que estas situaciones contradictorias o disímiles se explican por la propia diversidad del mundo rural. Expresado esquemáticamente y de forma binaria, tienen poco que ver las áreas periurbanas vinculadas al mundo urbano, que por su cercanía comparten algunas de sus ventajas para la localización de ciertas actividades económicas, con las áreas rurales más profundas y de difícil accesibilidad en las que la actividad agraria es la relevante y en la mayoría de los casos como actividad monofuncional.

Poseedor de un maravilloso paisaje cuyo gozo y disfrute no exige la presencia de grandes monumentos naturales sino contemplar y caminar por la “naturaleza ordinaria”; sin disponer de una narrativa como la que convierte a Somiedo en un territorio de carácter mágico, los ejemplos más interesante de centros de pluriactividad de éxito como el de Moal, en el propio municipio de Cangas del Narcea, o el de Asiego (Cabrales), el primero como puerta de entrada al bosque de Muniellos y el segundo como balcón privilegiado de los Picos de Europa, expresan en su singularidad la dificultad, cuando no la imposibilidad, de replicar parecidas experiencias con éxito en otras áreas del territorio cangués o suroccidental.

La centralidad ganadera

Estas consideraciones y análisis nos llevan a concluir que la dupla desagrarización/diversificacion de actividades, tanto en el municipio de Cangas del Narcea como en gran parte del territorio suroccidental no se va a producir o será de muy baja intensidad dado que el poblamiento disperso, el aislamiento, la inexistencia de nodos intermedios de población de cierta entidad, la carencia de acceso cercano a una vía de comunicación de cierta capacidad y la decidida orientación cárnica lo dificultan o impiden, por lo que la actividad agraria (ganadera) mantendrá la centralidad dentro de la organización social, territorial y política dentro del mundo rural.

Cangas del Narcea y gran parte del suroccidente suponen un ejemplo palmario de que la multifuncionalidad y la diversificación no se pueden entender al margen de, entre otros factores, las latitudes y las específicas circunstancias territoriales: altitud, orografía, marginalidad y lejanía que configuran, no solamente sus opciones económicas, sino las decisiones trascendentes de los propios campesinos sobre el futuro de sus vidas.

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