La hostelería asturiana, desbordada por Navidad: "La tendencia es de lleno a diario desde que empezó el puente"

Las comidas y cenas de amigos y empresas abarrotan los locales, con mesas de hasta de 70 comensales

V. Delgado / S. García / S. Fernández / A. Velasco,

Mucho trajín hay estos días en las cocinas de los restaurantes y sidrerías asturianas. Para alegría de los hosteleros, todo hay que decirlo. La alta actividad habitual del puente de la Constitución y la Inmaculada –este año más largo y en el Principado con el añadido del tirón del AVE que ha traído más turistas– se ha solapado con la de las comidas y cenas prenavideñas de empresas, amigos... La coincidencia en fin de semana de la Nochebuena –suele ser antes de esta fecha las fiestas de empresa y amistades– ha reducido las jornadas en el calendario para marcar esas citas, que se han tenido que concentrar en menos días, explican en el sector. Así las cosas, estos días es un no parar en las cocinas, salas y también terrazas, pues las suaves temperaturas –y ausencia de lluvias para esta recta final del puente– animan a celebrar al aire libre.

En Oviedo es un claro ejemplo de que a los hosteleros se les ha juntado el impulso turístico del puente con las tradicionales comidas de empresa navideñas. Alberto Rodríguez, gerente de El Ferroviario en Gascona, señala que a partir de la semana que viene "no dan abasto" con esas citas. "Ya empiezan a llegar las empresas grandes, con encargos de más de 40 personas. Tuve que poner el límite en 60, porque si no, no entran", relata. Los menús de grupo y las espichas suelen ser los elegidos por las compañías, que también optan por locales de los barrios ante la congestión del centro de la ciudad. En el Mesón El Viso del barrio de Buenavista, atienden a muchos grupos grandes. "La tendencia es de lleno a diario, desde que empezó el puente está siendo una brutalidad", destaca su dueño Lorenzo Turrado.

En Gijón se cumplen, o incluso se superan, las expectativas. En la sidrería La Montera Picona el cartel de reservado se extiende por muchas mesas. "Hay días que estamos completos", asegura el responsable, Emilio Rubio. Este sábado tiene una cena con hasta 70 comensales de una academia de danza. En la Inmaculado aprovecharon el día festivo para congregarse tanto un grupo de cantantes como de amigos, reunidos en una informal espicha. Sobre el gasto, Rubio comenta que hay cierta contención. "Veo a la gente prudente, en verano había más desmadre", afirma el hostelero, que, eso sí, añade que "vienen con una idea de precios pero cuando ofreces un menú de calidad, no se achican. Este último trimestre está siendo espectacular", concluye Emilio Rubio.

"Lo estoy notando más animado que el año pasado, es una época bonita para reunirse con otra gente", subraya Rocío Barrio, propietaria de la sidrería Casa Carmen, en el barrio de La Arena, que el próximo fin de semana, el previo a Nochebuena, está repleto. Barrio apunta que hay variedad en cuanto al perfil de la clientela, pero remarca que "no tiran la casa por la ventana". "Nos adaptamos con los menús", valora la dueña. Respecto al tipo de comidas o cenas, por el negocio pasan indistintamente grupos de amigos, familias o empresas.

El chef David Moreno, responsable del restaurante Bobela de Mieres asegura, como todos, que las cenas y comidas navideñas se "están moviendo mucho". Aunque apunta a que más que grupos de empresas, lo que llegan a su restaurante, ubicado enfrente de la plaza de Requejo, son grupos de amigos. "Hemos tenido mesas de más de 10, 15 o 20 personas con cierta asiduidad desde noviembre, y ahora para este mes se nota mucho movimiento", apunta Moreno, que agrega: "Incluso para Navidad y Año Nuevo, que abrimos, ya tenemos reservas de comidas familiares que rozan o superan la veintena de comensales".

En su opinión, "se nota que la gente tiene ganas de salir y de comer con sus amigos y familiares. Muchos de esos grupos piden más a la carta que menús cerrados, algo que no suele ser habitual".

En el valle del Nalón, Javier Fernández, propietario de la sidrería La Pomar y miembro de la directiva de Otea, refrenda el incremento de actividad: "Se nota una subida, que hay una recuperación en el sector respecto al año pasado, y por supuesto, respecto a los de la pandemia". Sin embargo, el hostelero langreano señala que "aún no se ha llegado a los niveles de consumo de 2019, el último año que tenemos como referencia. Además, pone una nueva variante sobre la mesa, el gasto: "El tíquet medio por comensal ha bajado, la gente no tiene el mismo poder adquisitivo". Al igual que David Moreno, el responsable de La Pomar también ve que el incremento de clientes viene más por los grupos de amigos que por eventos de empresas en sí. "Es lo que parece que está haciendo que se mueva más la clientela, esos grupos de gente que se junta en estas fechas. De hecho, para estas últimas semanas está muy movido", cierra el hostelero langreano.

Con un mes de antelación y con una variada oferta de menús. Así han encarado en el restaurante avilesino de L’Alfarería la campaña. Manuel Tiscar es el propietario y distingue los menús según la edad de los clientes. "Los grupos de gente joven buscan platos innovadores y los más veteranos optan por propuestas más elaboradas. Tenemos perfiles muy variados", indica.

Al margen del cordero o el pavo propios de la Navidad, en L’Alfarería también se han encontrado con comensales que optan por una ración de callos para celebrar estas fechas. "También piden mucho bacalao al pil pil, rodaballo…", cuenta Tiscar, cuyos menús se mueven entre los 25 y los 45 euros y que gozan de una buena acogida entre los que los prueban.

En la céntrica vinoteca Sal de Vinos también están desde hace unos días a pleno rendimiento con las cenas navideñas. "La gente se adelanta bastante y ya hemos dado alguna, aunque el pico será la semana del 16. En esos días ya estamos llenos", dice Rafael Bonilla, dueño del restaurante. "Nuestro único objetivo es que la gente salga contenta y con ganas de volver".