Parricidios en Asturias: seis casos de hijos que asesinaron con saña a sus madres

De Eloy Requejo a Vicente F. G., los matricidas de la región repiten en su mayoría un patrón de enfermedad psiquiátrica y abuso de sustancias

Vista de los alrededores del lugar de la muerte de la mujer, en Castro Urdiales. En el círculo, Eloy Requejo.

Vista de los alrededores del lugar de la muerte de la mujer, en Castro Urdiales. En el círculo, Eloy Requejo. / EP / LNE

Luis Ángel Vega

Luis Ángel Vega

La figura legendaria de Orestes, que mató a su madre Clitemnestra para vengar el asesinato de su padre, Agamenón, sirvió al psicoanalista Fredric Wertham para describir lo que se cuece en la cabeza de los matricidas. En su libro "Leyenda negra. Un estudio sobre asesinato" (1941), Wertham habló del llamado "complejo de Orestes" y explicó cómo las relaciones enfermizas de dependencia entre madre e hijo, con su corolario de desorden emocional, inmadurez y sexualidad reprimida, son el fermento perfecto para un odio patológico hacia la mujer, personificada en la figura de la madre. Se trata por otro lado de un tipo de crimen harto infrecuente, y más aún si la mano homicida corresponde a un adolescente, como en el caso de Castro Urdiales, que tiene conmocionado al país.

En Asturias, el caso que guarda una mayor familiaridad con el de Castro Urdiales es el del joven de 17 años que mató a su tía e hirió a su abuela a puñaladas en una vivienda de la calle Félix Aramburu de Oviedo, en febrero de 2009. Los al menos seis matricidios consumados registrados en la región en las últimas tres décadas responden en su mayoría a un mismo patrón: fueron cometidos por hijos con un historial de enfermedades psiquiátricas y abuso de sustancias.

Este mes de agosto, concretamente el día 22, se cumplirán treinta años del matricidio más conocido de Asturias, el perpetrado por Eloy Requejo Fernández en la vivienda familiar de la calle Monticu del barrio de San Lázaro. El crimen fue impactante, no solo por el hecho de que un hijo matase a su madre –Georgina Fernández, de 62 años–, sino por la parafernalia que lo rodeó. Requejo, que discutía a menudo con su madre por cuestiones económicas, intentó estrangularla con un cinturón, aunque finalmente la degolló de dos tajos, dejando el cadáver sobre la cama, rodeada de cirios y estampitas. Que aquello fue un crimen económico lo demuestra el hecho de que Requejo escapase con tres millones y medio de pesetas. Protagonizó una rocambolesca huida de dos semanas, que acabó en Barcelona, cuando llamó a la Policía para informar a los agentes de que, si querían detenerle, estaría en el estadio de Sarriá viendo el Español-Oviedo. No le creyeron y se acabó entregando en la Comisaría de Zaragoza. Le condenaron a 27 años de cárcel. Su abogado, José Luis García, logró reducirle la pena a 22 años y una reforma le bajó la pena a 15 años.

Eloy Requejo, detenido. | LNE

Eloy Requejo, detenido. / LNE

Otro caso sonado fue el del ovetense Manuel Cadenas Riesgo, de 29 años, que el 1 de agosto de 2000 mató a puñaladas a su madre, Carmen Riego Marrón, de 51 años, a la puerta de su casa en Villablino. A continuación, y tras avisar a la Policía, condujo su coche hasta el puente de Las Palomas, junto a la carretera comarcal León-Caboalles, y se arrojó con el vehículo desde 80 metros de altura.

Voces en la cabeza

No se incluye en la lista de matricidas consumados al morciniego Juan Rodríguez Romero, de 37 años, que atacó a su madre con un cuchillo el 18 de diciembre de 2005, pensando que la mujer era un demonio al que tenía que matar por orden de unas voces que oía en la cabeza. Le asestó 17 cuchilladas, pero no logró acabar con su vida.

En la noche del 13 al 14 de enero de 2006, el lenense Ignacio Álvarez Tascón, gravemente intoxicado por las drogas, degolló a su madre. Hasta ese momento se había distinguido por cuidar de su madre enferma. Convivió con el cadáver un mes porque no se atrevía a contar a nadie lo sucedido. Se entregó a las autoridades por consejo de sus primos y amigos. Fue condenado a nueve años y medio de cárcel.

Un año después, el 23 de agosto de 2007, Olga Inés López, de 73 años y oriunda de San Román de Candamo, fue asesinada de cinco puñaladas –una de ellas en la cara– por su hija Rosa Pilar, de 45 años, en la céntrica calle La Vega de Mieres. La homicida sufría problemas psiquiátricos que le producían frecuentes accesos violentos.

Mientras dormía

El 29 de noviembre de 2016, un joven de 32 años, Iván González Fresno, asfixió con una almohada a su madre, María Milagros Fresno, "Marimí", mientras dormía en la vivienda familiar de la parroquia rural gijonesa de Monteana. El joven, con problemas psiquiátricos no diagnosticados, cometió los hechos arrebatado por un "delirio místico religioso", que le llevó a creer que tenía que salvar a la humanidad y para llevar a cabo esa función tenía que acabar con la vida de su madre, según aseguró su abogada, Yolanda Payo. La sección octava de la Audiencia le condenó a 14 años de internamiento en un centro psiquiátrico.

Finalmente, Vicente F. G., de 54 años, un toxicómano del bario de Vallobín, en Oviedo, mató a su madre de 86 años, con la que convivía, el 19 de diciembre de 2020. Estaba convencido de que su madre era culpable de todo lo malo que le pasaba. La anciana recibió dos puñaladas en el pecho, que le causaron heridas de treinta centímetros de profundidad, tal fue la violencia utilizada por su hijo. El asesino se entregó luego a la Policía, pero antes la emprendió también a puñaladas con el perro de la familia, mientras su madre agonizaba en el medio del salón. Aceptó diez años de cárcel.