La innovación "made in Asturias": desde drones que disparan semillas hasta una ajustadora de monturas de caballo

El programa de ayudas, llamado "cheque emprendedor" apoya tanto iniciativas de sectores a priori más innovadores, como otras más tradicionales

De izquieda a derecha, Sofía Suárez toma las medidas a un caballo para ajustar la montura; Vanesa Menéndez, en su floristería; Gonzalo García con su dron y Jacaranda Sanz, en plena faena costurera.

De izquieda a derecha, Sofía Suárez toma las medidas a un caballo para ajustar la montura; Vanesa Menéndez, en su floristería; Gonzalo García con su dron y Jacaranda Sanz, en plena faena costurera. / REP. LNE

Mónica G. Salas

Mónica G. Salas

Utilizar drones que disparan semillas para reforestar los montes asturianos. Este es uno de los 67 proyectos innovadores que acaba de financiar la Consejería de Ciencia con 670.000 euros (10.000 para cada uno) para apoyar a pequeñas empresas de reciente creación. Aunque siempre tuvo la idea en la cabeza, el ingeniero gijonés Gonzalo García Carro dio el salto de emprender a raíz de la oleada de incendios del año pasado. Su sistema, asegura, es pionero en España, en donde solo se utilizan drones para la agricultura o para tomar imágenes en el campo. El joven está en la fase final de desarrollo de una pequeña aeronave provista de un bidón de semillas para plantar árboles, sobre todo pensando en zonas remotas, en donde, dice, el trabajo manual "se complica" y "lleva mucho tiempo".

"El dron lleva una especie de pistola de paintball que dispara las semillas dentro de un área controlada. Cubre entre dos y cuatro hectáreas a la hora y lo normal es que vuele a 5 o 10 metros", explica. Gonzalo García, ingeniero de telecomunicaciones de 25 años, aspira a tenerlo todo listo "en verano" y ofrecer su tecnología tanto a servicios públicos y empresas de reforestación como a compañías interesadas en la explotación de datos gracias a la geolocalización. "Se podrá hacer un seguimiento de la reforestación y saber, por ejemplo, qué especies son las mejores para cada territorio", detalla. No obstante, las posibilidades que se abren son infinitas. "Hasta podría pensarse en el apadrinamiento de árboles y que su dueño supiese en todo momento dónde y cómo está su ejemplar", apunta.

La innovación también brota en una floristería

Vanesa Menéndez, en su floristería. / REP. LNE

Pero la innovación tiene cabida en todos los sectores. El programa de ayudas que impulsa la Consejería de Ciencia, llamado "cheque emprendedor" y que este año benefició a una treintena más de proyectos que en la pasada edición, apoya tanto iniciativas de sectores a priori más innovadores, como los drones, como otras que se enmarcan en actividades más tradicionales, como el comercio minorista, la artesanía o el turismo. Sofía Suárez Drews, ovetense de 30 años, dice que es como "un zapatero a domicilio", pero en vez de trabajar con zapatos, lo hace con sillas de caballo. Es ajustadora de monturas (más conocido por su nombre en inglés, saddle fitter), la primera que hay en Asturias y de las pocas que hay en España. "En todo el país somos tres", asegura.

¿Cómo dio con esta profesión? Por su caballo "Pizarro". "Siempre tenía problemas con la silla de montura. No llegaba a hacerle herida, pero le molestaba. Hace unos años me fui a Burgos a trabajar con caballos y comprobé que a muchos otros les pasaba lo mismo que a ‘Pizarro’. Y me dije: ‘Aquí algo falla’", cuenta. Fue así cómo se empezó a formar, teniendo que viajar para ello a Francia y a Estados Unidos. El problema estaba en la montura y en el desconocimiento que hay en España sobre esta estructura.

La innovación también brota en una floristería

Gonzalo García con su dron. / REP. LNE

"Compramos la silla que más nos gusta por catálogo sin saber lo que necesita nuestro caballo. Un corredor de maratón no va con chanclas o con las zapatillas de su hermano. Pues con los caballos pasa lo mismo", indica. Cuando se da con la montura adecuada, el animal gana en salud y en rendimiento. "En España hay una carencia tremenda del ajuste de la montura", insiste Sofía Suárez. A veces ese ajuste consiste, tras repasar la anatomía del caballo, en ponerle simplemente una especie de plantilla a la silla como haríamos con un zapato, mientras que otras, en buscar el calzado, es decir la montura, correcta. La joven, que es vecina de Siero y ha creado su propia empresa (SD Saddle Fitter), ofrece también formación para los jinetes.

La innovación también brota en una floristería

Jacaranda Sanz, en plena faena costurera. / REP. LNE

Vanesa Menéndez Ardura innova desde una floristería. La suya propia: Maslarala, en Navia. Su proyecto consiste en reducir al máximo el uso de la esponja floral y recurrir a métodos más sostenibles como la técnica del alambre de gallinero. "Ya que trabajamos con la naturaleza, los floristas debemos ser más respetuosos con el medio ambiente. La esponja floral, que es lo más utilizado en nuestro sector porque abarata el trabajo, tiene muchos componentes cancerígenos y, como residuo, es muy difícil de clasificar y, por tanto, de hacerlo desaparecer", advierte. No deja de ser un polímero termoplástico, es decir, un plástico.

Así que esta naveta de 41 años está empeñada en hacer del arte floral una profesión más sostenible. "Trabajo con flor de cercanía todo lo que puedo, aunque en Asturias tenemos poco floricultor, y flores ecológicas directamente no hay", lamenta. Como historiadora del arte que es, Vanesa Menéndez también trata de enfocar el trabajo floral desde un punto de vista artístico y concibe sus centros florales como si fuesen "esculturas".

Arriba, a la izquierda, Sofía Suárez toma las medidas a un caballo para ajustar la montura; a la derecha, Vanesa Menéndez, en su floristería; abajo, a la izquierda, Gonzalo García con su dron y, a la derecha, Jacaranda Sanz, en plena faena costurera.  |   REP. LNE

Sofía Suárez toma las medidas a un caballo para ajustar la montura. / REP. LNE

Jacaranda Sanz Blanco es "La Desheredada" en el mundo textil. "La desheredada social", apunta esta madrileña de 49 años, aunque afincada en Asturias desde hace 30, porque ella camina al margen de la moda, de lo que impone la industria. Lo que hace es confeccionar nuevas prendas a partir de otras usadas. "Mi proyecto está inspirado en los buenos tejidos que tenemos en el armario y en darles una segunda vida. Muchas veces desechamos telas muy buenas por otras nuevas de peor calidad. Tenemos auténticos tesoros en nuestros armarios", expresa.

Sanz transforma ese vestido o esa cazadora que ya no ponemos en una prenda completamente diferente. Lo mismo desarrolla proyectos personalizados como lanza su propia colección de ropa. De hecho, ahora trabaja en la de primavera-verano. "Siempre saco camisetas, vestidos y cazadoras con algún resto de stock. En casa tengo muchos tejidos porque mi madre tenía un taller de confección. También hago bolsos a partir de sacos antiguos e incluso collares con hebillas. Es un proceso laborioso, porque supone desmontar una prenda para crear un nuevo patrón y confeccionar otra distinta", apunta. La imaginación al poder. Jacaranda Sanz vende sus diseños a través de tiendas físicas en Luarca y Navia y online mediante sus redes sociales.