El equipo de electrochoque de la sanidad pública asturiana sigue sin estrenar cinco años después: esta es la razón

Las divergencias entre profesionales de la psiquiatría impiden utilizar la máquina, mientras los enfermos son derivados a una clínica privada

Derribo del Hospital Psiquiátrico de La Cadellada, en 2003.

Derribo del Hospital Psiquiátrico de La Cadellada, en 2003. / LNE

Pablo Álvarez

Pablo Álvarez

Cinco años han pasado desde que la sanidad pública asturiana adquiriera una máquina para administrar terapia electroconvulsiva (TEC), popularmente conocida como "electroshock" (o electrochoque), a pacientes con patología psiquiátrica grave. Además, a principios de 2019 varios profesionales de la región se desplazaron al Hospital Doce de Octubre, de Madrid, para adiestrarse en este procedimiento, que requiere la intervención de un psiquiatra, un anestesista y una enfermera, como mínimo. Sin embargo, a día de hoy ese equipo está sin estrenar debido a las divergencias entre profesionales sanitarios sobre su uso.

La controversia entre especialistas está servida: unos se muestran favorables a su aplicación en determinados cuadros mentales; otros, por el contrario, se declaran abiertamente en contra. De alguna manera, esta disputa viene a reeditar los enfrentamientos registrados en Asturias entre los años 70 y 90 del siglo pasado entre escuelas psiquiátricas. Polémica que remite a la trayectoria del Hospital Psiquiátrico Provincial que entró en servicio en 1934 en los terrenos ovetenses de La Cadellada que hoy ocupa el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA).

Consecuencia: el equipo adquirido a finales de 2018 para aplicar este tratamiento continúa aparcado en un local del Hospital Monte Naranco, de Oviedo, y los pacientes a los que se prescribe una terapia electroconvulsiva son derivados a la Clínica San Rafael, de Oviedo, un centro privado que tiene firmado un acuerdo de colaboración con el Servicio de Salud del Principado (Sespa). Asturias es de las pocas comunidades autónomas, si no la única, que no incluye esta prestación en la cartera de servicios de su red pública.

"No son tratamientos aislados, sino que cada año un buen grupo de pacientes son derivados para que se les administre esta terapia", indicaron a este periódico varios profesionales sanitarios que dispone de información directa. Recientemente, un grupo de enfermos ingresados en el HUCA fue llevado en un microbús a la clínica privada para someterse a una TEC.

Entre los cuadros que más habitualmente se someten a terapia electroconvulsiva figuran las depresiones severas o catatónicas que no responden a tratamientos convencionales o también algunos casos de esquizofrenia. "La idea general es que el servicio que presta la Clínica San Rafael es de calidad", señala otra fuente consultada por LA NUEVA ESPAÑA.

En una reunión relativamente reciente, la Sociedad Asturiana de Psiquiatría expuso al director general de Salud Pública y Atención a la Salud Mental, Ángel López Díaz, la conveniencia de que el sistema sanitario público efectuara la terapia electroconvulsiva con sus propios medios, entre otras razones porque permite a los psiquiatras disponer de determinados datos de registros de cada sesión que no están accesibles cuando se realiza en un centro ajeno. El Plan de Salud Mental vigente en la actualidad, que abarca el periodo 2023-2030, no menciona la TEC.

En febrero de 2019, el entonces consejero de Sanidad, Francisco del Busto, anunció en la Junta que la sanidad pública había adquirido el 20 de diciembre de 2018 un equipo de electrochoque por un importe de 34.000 euros. Puntualizó que comenzaría a utilizarse en el mes de marzo siguiente. En respuesta a una pregunta de Foro Asturias, Del Busto señaló que en aquel momento el Sespa estaba abonando a la Clínica San Rafael 215 euros por sesión. Agregó que en los siete años anteriores habían sido derivados un total aproximado de 100 pacientes, que habían recibido entre 6 y 12 sesiones.

En una entrevista publicada por LA NUEVA ESPAÑA hace hoy exactamente cinco años, Roberto Rodríguez-Jiménez, jefe del programa electroconvulsivo del Hospital Doce de Octubre, indicó para qué patologías está recomendada la TEC: "Para todas en las que se ha demostrado su eficacia, como son las depresiones mayores, tanto unipolar como bipolar. Cuanto más grave sea la depresión, mayor es el éxito de la terapia. También se aconseja para depresiones psicóticas, donde hay un porcentaje de curación de hasta el 90 por ciento de los casos. En trastornos de manía, en los episodios psicóticos de pacientes con esquizofrenia y sobre todo en las esquizofrenias resistentes".

Oposición y fin

Todos estos movimientos llevaron a un pronunciamiento conjunto, contrario al electrochoque, de ocho entidades: cuatro integradas por profesionales de los servicios psiquiátricos (Asociación Asturiana de Salud Mental-AEN, Foro Psicoanalítico de Asturias, Sociedad de Psicología Clínica de Asturias y Asociación de Enfermería de Salud Mental de Asturias) y cuatro de familiares y pacientes (Afesa Asturias, Hierbabuena, Asociación de Bipolares de Asturias (ABA) y Plataforma por la Salud y la Sanidad Pública de Asturias. Estas entidades manifestaron, hace casi cinco años, su oposición al retorno de la TEC a la sanidad pública asturiana, alegando que "promueve justamente lo opuesto a esta orientación de nuestro sistema de salud, al modelo de atención comunitaria y a los principios básicos del Plan de Salud Mental 2015-2020 inspirados en dicho modelo y va también en contra de la desmedicalización que se plantea como uno de los principales objetivos del Plan de Salud de la Consejería".

De golpe, se interrumpieron los planes de la Consejería de Salud de reimplantar la TEC. Y hasta hoy.

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Un apunte histórico. Al igual que en el resto de España, la terapia electroconvulsiva (TEC) dejó de emplearse en Asturias hace lustros. Durante largo tiempo fue un procedimiento muy denostado debido a que se utilizó, entre otras finalidades, para aplicar electroestimulaciones en los testículos a los homosexuales, considerando que ésta era una forma de «curación». También se administró en algunas cárceles y como medida de presión para que los criminales contasen la verdad. Sin embargo, andando el tiempo, desde determinados sectores de la psiquiatría volvió a propugnarse la necesidad de recuperar la electroestimulación en el sistema público.

Argumentos a favor. El psiquiatra de la sanidad pública y profesor de la Universidad de Oviedo Luis Jiménez Treviño destaca, en un artículo publicado en una revista especializada: «Si hay un tratamiento tan eficaz como controvertido en el ámbito de la Psiquiatría, ése es la terapia electro convulsiva (TEC)». Y añade: «Denostado por muchos como paradigma de una psiquiatría que debía formar parte del pasado, probablemente por un mal uso o abuso de su utilización, la TEC es un arma terapéutica sin rival cuando se aplica con rigor científico, en las condiciones adecuadas y en las patologÍas en las que su uso está indicado». Sobre su indicación, el doctor Jiménez precisa: «El Consenso Español sobre la Terapia Electroconvulsiva lo deja claro: puede ser el tratamiento de elección en cuadros psiquiátricos graves como la catatonía, la depresión, el trastorno bipolar y las psicosis».

Argumentos en contra. Los detractores en Asturias –colectivos de profesionales y de pacientes– sostienen que «no hay evidencia de que la TEC: 1) Sea efectiva en la esquizofrenia en general y por lo tanto no se recomienda su uso en esta población. 2) Sea efectiva a largo plazo en el tratamiento de los trastornos depresivos ni que sea más beneficiosa como tratamiento de mantenimiento de estos trastornos que las alternativas farmacológicas disponibles actualmente. 3) Sea más rentable en las indicaciones restringidas dada la ausencia de estudios económicos publicados». Y, por el contrario, «hay evidencia de que la TEC produce pérdida de memoria y deterioro cognitivo tras su administración y que esto puede causar una angustia considerable a los personas a quien se administra».