Nerea Rodelgo, guía en el Museo de la Minería y la Industria de Asturias: "Detrás de la maquinaria y los castilletes, hay muchas historias que contar y conocer"
"Es un orgullo ser parte de los guardianes de nuestra historia y poder aportar mi granito de arena para que la gente lo valore", afirma esta samense de 25 años, que es bisnieta, nieta y sobrina de mineros, y que muestra a miles de visitantes una parte esencial de la identidad asturiana
“El turismo industrial es una oportunidad real de desarrollo profesional. Forma parte del futuro que vendrá y de lo que puede ofrecer las Cuencas”, reivindica la joven

Pablo Solares
Cuando Nerea Rodelgo Sañudo era pequeña, el Museo de la Minería y de la Industria de Asturias (MUMI) le daba "pánico". Lloraba con solo pasar por delante. En su cabeza todo lo relacionado con la mina era sinónimo de oscuridad, de dureza, de aquella galería que le cayó encima a su abuelo... Nerea pasó de no querer entrar a "terminar aquí todos los días" del año: es una de sus guías. "Mis abuelos siempre me lo recuerdan: 'Mira todo lo que lloraste y dónde acabaste'. Las vueltas que da la vida...", cuenta.
Para esta samense de 25 años, es un "orgullo" trabajar en el MUMI, museo ubicado en L'Entregu/El Entrego (San Martín del Rey Aurelio) que recoge la memoria histórica minera e industrial y que recibe entre 35.000 y 45.000 visitas al año, muchas de ellas de escolares provenientes de toda Asturias, España e incluso de Francia. Bisnieta, nieta y sobrina de mineros, Nerea Rodelgo está feliz de poder continuar con la tradición familiar, pero de otra manera. "Como me dicen en casa, soy minera light. Para mí es un orgullo, ya no solo como persona con familia minera, sino como guía, ser parte de los guardianes de nuestra historia. Poder aportar nuestro granito de arena para que la gente lo valore y poder contar lo que fuimos y lo que somos todavía a día de hoy".
Por casualidad
Nerea llegó al Museo de la Minería por "casualidad". "Empecé a estudiar Agencia de Viajes y Organización de Eventos, pero me di cuenta que el trabajo de oficina no era para mí, que yo era más de hablar con la gente. Tuve la oportunidad de estudiar Guía, Información y Asistencias Turísticas y, tras trabajar en varios museos de la zona, entré en el MUMI", detalla.
La joven recomienda sin dudar esta profesión y anima a lanzarse a quienes están pensándoselo. "El turismo industrial es una oportunidad real de desarrollo profesional. El patrimonio industrial es más que maquinaria, castilletes y chimeneas, detrás de ello hay mucha historia que contar y conocer. Y esto forma parte del futuro que vendrá y de lo que hoy pueden ofrecer las Cuencas", reivindica.
Nerea creció con historias de la mina. La de sus abuelos Alberto y Juan, que fueron barrenistas, y a los que pide ayuda siempre que lo necesita. "Cuando tengo alguna duda o la gente me pregunta cosas muy técnicas, cojo el teléfono o el WhatsApp y tiro de mis abuelos o de mi tío".

Exterior del MUMI / Principado de Asturias
Cada vez llegan más turistas del extranjero
Hasta L'Entregu/El Entrego llegan visitantes de toda España y cada vez más turistas extranjeros. Sobre todo, de Francia, Alemania, Holanda y Latinoamérica. Muchas visitas conocen la historia de la minería por familiares, pero otras muchos no. Ahí es cuando el trabajo de las guías industriales se vuelve clave.
"Trasladar al público nuestra identidad cultural no siempre es fácil, pero cuando cuentas con unas instalaciones como las que tenemos aquí nos facilita mucho el trabajo. En la mina, por ejemplo, pueden ver de primera mano cómo era trabajar en su interior. No obstante, en el MUMI queremos que conozcan tanto el trabajo como a las personas que lo ejercían. Por eso, no solo explicamos la maquinaria, también contamos muchas anécdotas, algunas incluso de cosecha propia de nuestros familiares y eso es lo que más les llega", señala. Esa es su función. "Lo más importante es humanizar el trabajo. Eso siempre funciona, porque las vistas se ven reflejadas", recalca.
"No solo explicamos la maquinaria, también contamos muchas anécdotas, algunas incluso de cosecha propia de nuestros familiares y eso es lo que más llega a los visitantes"
Capacidad para adaptarse a quienes nos visitan
Lo que más valora Nerea Rodelgo de su trabajo es "la capacidad que hay que tener para adaptar el discurso al público". Al contrario de lo que se puede pensar desde fuera, ninguna visita es igual a otra. Son todas "diferentes". "El buen humor y la empatía son importantes, pero no solo sirve con echarle ganas. Es muy importante conocer el tipo de persona al que le vas a hacer la visita. No es lo mismo explicarles las cosas a niños de un colegio que a un grupo de adultos o a una familia francesa que apenas hablan el idioma. El truco está en leer el tipo de visitante que te toca y adaptarse a él", asegura.
"Es muy importante conocer el tipo de persona al que le vas a hacer la visita. No es lo mismo explicarles las cosas a niños de un colegio que a un grupo de adultos o a una familia francesa que apenas hablan el idioma"
"Muchísimos" escolares
Precisamente, llegan "muchísimos" estudiantes de distintos centros educativos al MUMI. Desde preescolar hasta la universidad. Todas las semanas hay colegios. De ahí que aconsejen siempre reservar por teléfono o por email. "Hay días que tenemos cuatro o cinco grupos de escolares. Vienen muchísimos de León, de Cantabria y de Galicia, pero también de Andalucía, Madrid y Cataluña. Incluso nos llegan colegios franceses".
A todos los visitantes les encanta bajar a la mina, pero, una vez en el museo, se quedan muy impresionados con la cantidad de bienes culturales que alberga la exposición. Son dos horas de visita como mínimo. "El hospitalillo minero les encanta. Es un hospital completo, con sala de curas, el quirófano, la sala del dentista... A los más pequeñajos les vuelve loco la zona de los minerales y fósiles", comenta.

La mina del MUMI / LNE
Un viaje al pasado
La recreación de una mina es sin duda el gran atractivo del MUMI. Nerea Rodelgo cuenta con detalle cómo es este viaje al pasado. "En el Museo seguimos mejorando la experiencia. Una de las últimas es la incorporación del sonido del turullu, la sirena que alertaba a la gente del pueblo que empezaban y terminaban los turnos como aviso para que nuestras visitas sepan que es el momento de bajar a la mina. También avisaba de los accidentes. Así que la bajada a la mina ya empieza de forma superrealista. Luego bajas en la jaula y caminas un kilómetro viendo los diferentes oficios. Hay un tren pequeñito que a la gente le suele gustar mucho... Esta visita suele extenderse durante unos 40-50 minutos que se suma a la hora que viene a representar recorrer la exposición permanente", detalla.
Lo que más les llama la atención a los visitantes de ese viaje a las entrañas de la tierra es la humedad, ya que se recrean "las mismas condiciones" de un yacimiento de carbón real. La oscuridad, sin embargo, no es total, porque hay una luz tenue y el recorrido está adaptado con acera y barandilla. "Cuando ven la rampa y esos huecos mínimos, y hablamos del tiempo que estaban ahí dentro los mineros, se quedan alucinados. Yo siempre les digo además que las galerías en la realidad estarían mucho más sucias, llenas de agua... La bajada en la jaula también les impresiona. '¿Pero dónde estamos bajando?', se preguntan muchos". Es lo más parecido a meterse en la piel de un minero.
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